Escribir es contar una historia. Y probablemente la historia que se cuente sea una vieja historia. Pero puede ser también una nueva historia, contada de un modo diferente, desde un punto de vista distinto.

O incluso si es la misma historia que ya ha sido contada, unos personajes nuevos, un entorno distinto, hacen de esa historia algo renovado aunque cuente cosas que no sean nuevas.

Toda esta reflexión no aporta nada nuevo a la escritura. No estoy diciendo nada que no se haya dicho antes. Estoy, en definitiva, contando una vieja historia. Lo que la hace nueva es, en mi caso y ahora, en qué momento ocurre y cómo todo se confabula para conducir a ella.

Y aunque nada empieza nunca, y podríamos rastrear el origen de esta vieja historia aquí o allá, sí ha habido una cosa que ha hecho que cristalice en esta entrada que estás leyendo.

Esa cosa ha sido leer del tirón Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas.

 

Las tres muertes de Fermín Salvochea

Esto no es una reseña de esta novela. Si quieres leer alguna aquí tienes dos, una de Javier Miró y otra de David Olier. A mí sólo me queda recomendarte esta novela sin lugar a dudas, por varias razones.

Fermín Salvochea

Uno aprende a escribir leyendo. Y esta novela me ha enseñado mucho.

Los personajes

Reales y creíbles, y de esos que desearías que salieran del libro para poder tocarlos, darles un abrazo o escuchar su voz.

La ambientación

La novela tiene lugar en Cádiz. El autor lo dice alto y claro cuando habla de este libro: Cádiz no tiene nada que envidiar a Nueva York u otra ciudad «grande» como escenario. La ambientación de Cádiz de 1873 y 1907 (los dos momentos en los que transcurre la acción) es fabulosa, titánica y muy cercana. Más cercana que un Londres victoriano, por más acostumbrados que estemos a verlo una y  otra vez. La reivindicación de sitios «nuestros», como podrían ser tu misma ciudad, es un enorme acierto.

El tema

No te voy a desvelar nada, tranquilo. ¿El tema es nuevo? No, habla de algo de lo que hablan otras muchas novelas. Hay fantasía, misterio y aventura. Habla de monstruos que ya conoces de otras historias, pero eso no importa. Habla de la adolescencia y el paso a la edad adulta. Habla de los adultos. Habla del miedo, de la esperanza o su ausencia, de la rutina, del sentido de la vida y de las cosas pequeñas en las que apoyarse y las cosas pequeñas con las que tropezar.

La trama

Insertar aplausos aquí. Capítulos cortos. Saltos de un momento temporal a otro. Planificación perfecta, con detalles que cuando se revelan ante ti no puedes hacer otra cosa que abrir los ojos y decir «qué tío». Nada suelto, nada sobra.

El estilo

El reflejo del habla de Cádiz, con palabras que se decían entonces y que aún muchas se siguen usando. Yo he oído muchas de ellas cuando vivía en Algeciras, y sigo usando algunas. Metáforas que se te cuelan sin querer y tocan algo dentro. Descripciones justas para ser perfectas. Nada de adornos.

Vaya… parece que sí estoy haciendo una reseña al final, ¿no? No es mi intención, pero tampoco puedo escribir esta entrada sin hace referencia a esta novela que ha precipitado que venga a contarte esta vieja historia.

 

¿Siempre se repite la misma historia?

La respuesta es sí y no. Me encanta esta respuesta, sea la que pregunta que sea.

vieja historia

Todos estos libros podrían hablar del miedo a la soledad, y cada uno puede contar una historia diferente.

Todo lo que aparece en esta última novela de Jesús Cañadas son elementos que alguien ya ha utilizado, temas sobre los que se ha escrito.

Se ha escrito sobre Cádiz, y supongo -tal vez me equivoque- alguien habrá escrito algo sobre las leyendas de Cádiz. Se ha escrito sobre los monstruos de la novela. Se ha escrito ya sobre la infancia, la amistad entre adolescentes, la dsesperación, el hastío, los secretos…

Todo son elementos de una vieja historia que se viene contando desde siempre. La historia de los seres humanos.

Pero Jesús Cañadas hace algo del todo nuevo con su novela. Habla de amistad, sí, pero la forma concreta en que lo hace no lo verás en otra. Habla sobre ciertos monstruos y seres malignos, pero todo lo que son en este libro no lo son en ninguna otra parte.

Habla de Cádiz y de leyendas, en el fondo de ciudades que pueden ser la tuya y leyendas que pueden ser las que has oído toda tu vida, pero aquí cobran vida de un modo particular y único.

La vieja historia de NO leer las sinopsis

A veces una sinopsis te da una expectativa que luego no se cumple, como un trailer de una película. Otras veces te da otra. Yo leí varias veces la sinopsis de Las tres muertes de Fermín Salvochea y nunca me convenció para leer el libro. se quedaba siempre ahí, en la sección de «tal vez». Ver tantas reseñas buenas sobre el libro, como las que he compartido arriba, incluso sin haber leído algunas antes de leer la novela, me animó.

Pero todos leemos las sinopsis. El rito de girar el libro y leer lo que tiene la contraportada tiene para contarnos. ¿Cómo si no vamos a saber de qué va la historia?

¿Y si es otra vez una vieja historia, una historia de lo mismo?

La sinopsis está hecha para ayudarnos, se supone. Pero a veces no lo hace. No se puede resumir el alma de una historia en una novela. Piensa en tu novela favorita o en una que te guste mucho y trata de contarle de qué va a alguien. ¿Puedes? ¿Eres capaz de recoger todo lo que esa novela conlleva?

Para hacerlo es muy probable que tengas que echar mano de ti mismo, esto es, de cómo ha influido esa novela en ti, de qué cosas resuenan contigo. Te conviertes en una «sinopsis viviente».

Todas las historias

No quiero que pienses que lo que trato de decir es que la novela de Jesús Cañadas es la misma historia de siempre.

Sí y no.

vieja historia

Parecen iguales, pero no lo son.

En realidad, no. Es algo nuevo, nuevo por completo. Como cualquier historia que aunque nos cuente lo mismo transluce el esfuerzo del autor para ahondar en lugares donde otras historias anteriores no lo han hecho.

Cualquier historia que hable de algo como el miedo o la alienación (y ya no me refiero a Las tres muertes de Fermín Salvochea) y que ofrezca un elemento nuevo, sea en su forma de contarlo, en los personajes, en la ambientación, el tono o incluso el género; que el autor elija ficción histórica, distopía o terror para contarnos algo sobre esos temas de siempre.

Esa elección es la que hace a la novela diferente. La que la convierte en una nueva historia a la vieja historia.

Cada escritor cuenta su historia a su modo. Elige qué limites va a tener esa historia en concreto, que quizás son diferentes a otra historia escrita antes o a otra que escribirá después.

Elige qué muestra y qué esconde. Cómo armar cada historia, cada novela en concreto, más allá de los personajes, la trama o el tema. Leerme Las tres muertes de Fermín Salvochea es por el momento la experiencia de aprendizaje más reciente que tengo como escritor.

La he leído como un lector, esto es, disfrutando. También con ojos de escritor, que son como los tuyos pero que miramos además entre líneas, sobre las líneas, calculamos y casi (y sin el casi, también) medimos y pesamos las frases, los capítulos.

Y midiendo lo inconmensurable. El pulso, el nervio, la pasión con la que está escrita. Aprendiendo y haciéndola tuya. ¿Imitando? Claro, es el primer paso del aprendizaje.

Porque aprender, he aprendido mucho. Sobre todo he recordado: cómo contar lo que quiero contar. Y buscar de forma activa el mejor modo de hacerlo. De cara al año próximo, en el que pretendo acabar al menos dos borradores y varios relatos, esto me ayuda a despejar el camino.

Solo que, si alguna vez yo escribiera una historia sobre Cádiz, leyendas, monstruos, aventuras, amistad… lo haría a mi manera.

Sería una nueva historia.

Entradas relacionadas