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fantasía, misterio y oscuridad literaria

Los viajes en las novelas de fantasía

Los viajes en las novelas de fantasía épica son un elemento muy frecuente. Pueden ser periplos que recorran una gran cantidad de terreno, de una punta del mapa a la otra, o pueden ser una sucesión de pequeños viajes encadenados que lleva a los personajes de un lugar a otro.

¿Qué tienen los viajes para ser tan atractivos?

Por qué gustan tanto los viajes

Seguro que en alguna ocasión cuando estabas harto de algo has dicho aquello de “yo cogía ahora el camino y me iba, a donde sea”.  Como si el mero hecho de andar, de caminar, fuera suficiente para que todo se solucione.

No se trata de caminar hacia el lugar donde está la solución; tampoco andar alejándote del problema, que sería otra opción. No, es algo en el hecho de comenzar a andar. De moverte, simplemente.

Los viajes son un elemento recurrente en las novelas de fantasía. Viajes intencionales que hay que recorrer para llegar a un sitio concreto por alguna razón concreta; viajes casuales que acaban ofreciendo una respuesta necesaria sin buscarla.

¿Qué tienen los viajes que gustan tanto? Hace diecinueve años hice el camino de Santiago, no por motivos religiosos sino celtas. Se crea una forma de ser y estar diferente: vives, literalmente, en el camino. Andando. Llegas a sitios, te vas de sitios. Conoces gente nueva y a la vez la vas dejando atrás. A veces te alegras y otras les echas de menos.

los viajes en las novelas de fantasía

En el camino poco puedes hacer salvo andar y andar. Tu atención se centra en potenciales peligros, en buscar lugares donde dormir, sitios donde encontrar agua… En definitiva, a lo inmediato. Pero la mayor parte de un viaje son horas y horas andando (o a caballo, o en carreta), sin hacer nada. Esas horas “muertas” se convierten en caldo de introspección y reflexión. Si eso es lo que se pretende, el viaje cobra importancia en la historia. Si no se busca nada de eso, el viaje es despachado en un par de párrafos.

Además, poseemos una especie de interiorización de que la solución a los problemas de aquí está allí, es decir, que hay que salir de donde uno está para buscar la solución. Que hay que moverse. Toda esa palabrería sobre la zona de confort.

El triunfo de los viajes en las novelas de fantasía

¿Por qué ese empeño en viajar? En mover a los personajes de un lugar a otro como si fueran peones en un tablero. Tal vez por eso mismo: porque los personajes y sus vidas son elementos para contar una historia, elaborar una trama. Y como las fichas de un juego de mesa, las movemos de un sitio a otro según avanza la partida.

Los arcos del personaje son planeados como líneas que van de un lugar de la libreta a otro. Esa idea de una flecha, un avance, puede hacer que a la hora de plasmarlo en papel echemos mano de ese mismo movimiento en forma de viaje. Los personajes deben empezar de una forma y acabar de otra: es la ley de cómo escribir una buena historia. Y aunque se trate de un cambio personal, de un viaje interior, la forma más eficiente, quizás por aquello del simbolismo, sea el viaje exterior.

Hay algo en la propia naturaleza del movimiento, del caminar, que influye sobre la mente (y sobre el cerebro) y ayuda a ver la vida de otro modo. Caminar es beneficioso. Tal vez por eso, el viaje es el escenario perfecto para que la psique de los personajes pueda sufrir los cambios necesarios para la historia. O los cambios que el autor busca.

Si no nos movemos (mejor dicho, si no se mueven los personajes) la historia de aventuras y fantasía torna en una historia intimista. Es otro tipo de viaje. Aunque al final, como dijo no sé quién, todos los viajes exteriores son en realidad viajes interiores.

Y recuerda que una regla básica para contar historias es que el protagonista lo pase mal. Que tenga que enfrentarse a varios problemas. Y que siempre esté desando algo. Con estas premisas, si ese “algo” que busca lo colocamos al otro lado del mapa, el viaje cae como elemento natural.

Razones para hacer un viaje en una novela de fantasía

1.  El autor puede mostrar todo los mundos que ha creado su imaginación, mundos en los que la heroína de la novela aprenderá habilidades, superará pruebas y todo lo demás necesario para el viaje del héroe.

2. Dar tiempo. La heroína puede ser una granjera que no haya manejado un arco en su vida, tiene que aprender. Si asociamos el aprendizaje del arco con un viaje, la mente se lo cree mejor “sí, ha estado trabajando duro todo el tiempo que ha durado el viaje” ¿Cuánto ha durado el viaje? Da igual, pero ha estado moviéndose, y eso “significa” que ha sido tiempo.

Dicho de otra forma: si el autor cuenta (¡uy, no! Contar no, mostrar) las clases de tiro con arco de lunes, miércoles y viernes por la tarde, tardamos poco en lanzar el libro como una flecha (qué bien traído, ¿verdad?) a la otra punta de la habitación.  Pero si la protagonista aprende arquería mientras viaje con un hombre bruto, otro guaperas y una elfa, pues lo aceptamos mejor.

Tal vez el protagonista es un buen mago, pero le falta todavía algo para poder manejar el Gran Hechizo (el que será clave al final de la historia). El viaje le dará la oportunidad de practicar, estudiar, conocerse o cualquier cosa que el autor considere vital para que aprenda el hechizo.

4.  Hacer tiempo. Sí, así, tal cual. Es distinto a lo anterior: esto es, simplemente, relleno. Si la historia solo tiene 40.000 palabras nos dará un patatús como autores y lectores de fantasía. Eso se traduce en un libro delgado, que no lastima las muñecas. ¡Por favor! Tiene que ser más ancho. ¿Cómo? Haciendo que la protagonista vaya de las Montañas Oscuras al Lago Inquieto, y del Lago Inquieto al Bosque Sombrío reuniendo por el camino fragmentos del Ojo del Dragón. Hala, ya tenemos 30.000 palabras más. Y alguna que otra trama secundaria relativamente interesante o necesaria entre las montañas, el lago y el bosque.

los viajes en las novelas de fantasía

5. Buscar a alguien. Recuerda: los personajes deben tener problemas siempre y deben desear algo siempre. Ir en busca de alguien ofrece una razón para la historia. Ese alguien podría estar a final de la calle, y a veces lo está. Pero es mucho mejor si está lejos.

6.  Viaje no intencionado pero que resulta siendo muy significativo. Esto es un buen ejemplo del Wu-Wei: “hacer no haciendo”. Hacer las cosas de una forma natural, sin forzarlas. En estos casos el viaje no surge como algo importante: no hay que aprender a usar el arco, ni recorrer tramas secundarias ni buscar a nadie.

El viaje surge como quien no quiere la cosa y no hay intención específica en él. Sólo hay que hacerlo. Es al final cuando el viaje revela todo lo que ha ofrecido: cómo ha cambiado a los personajes, cómo han conseguido lo que querían, incluso aunque no sabían qué era lo que querían, ni que lo estaban buscando.

 Muévete, y el camino aparecerá (proverbio zen)

Los viajes van a seguir triunfando. Una historia encadena hechos, emociones, diálogos y acción. Una trama es por definición la sucesión de hechos. Y una sucesión, sea en línea recta o en espiral, requiere tiempo para recorrerla.

Tiempo y recorrido nos conducen a un viaje.

Y así cuando los personajes de la novela que estamos leyendo se preparan para emprender un viaje, nosotros lo hacemos también desde nuestro lugar de lectura. Todas esas frases de que los libros te llevan lejos… no son sólo frases.

Pero no todos los viajes en las novelas de fantasía son iguales, desde luego. Tenemos nuestros favoritos al igual que viajes que nos hayan decepcionado. ¿Cuál ha sido tu mejor viaje en una novela de fantasía?

 

 

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4 Comentarios

  1. Sin duda, La historia interminable es el mío.

    • Óscar Iborra

      19 julio, 2019 at 11:29

      Hola, María.

      ¡Justo el viaje que voy a iniciar yo también! Y de todo el mundo que lo ha leído oigo comentarios maravillosos.
      Pues entonces lo mismo encuentro a alguien en el libro que recuerde tu paso. Si es así, te lo digo 🙂

      A mí me influyó mucho en su momento «El señor de los anillos» (creo que como a una gran mayoría). Y hace poco he comprado de segunda mano una novela que leí antes que «El señor de los anillos», mucho más corta y con un viaje más corto, pero muy intenso y que quería leer de nuevo (y con una buena parte de viaje interior): «El talismán del Adriático», de Joan Manuel Gisbert.

      Lo dicho, seguiré tu pasos en «La historia interminable»
      Un saludo!
      Óscar

  2. Leí lo que publicaste y juro que inmediatamente le armé un nuevo tour a mi protagonista, y lo voy a premiar con un camino erizado de peligros hasta en sus sueños(si es que duerme). Gracias,Oscar.

    • Óscar Iborra

      19 julio, 2019 at 19:13

      Vaya, veo que a tu protagonista le espera un viaje bastante intenso… ¡Espero que no lo pague luego conmigo!

      Una cosa que me ha venido a la mente al leer tu comentario es esto: al decir que le ibas a preparar un viaje lleno de peligros, por un momento he sentido un poco de compasión y he pensado «que tenga también algún momento de descanso». Y entonces me ha venido a la mente la imagen de un largo viaje en barco, siguiendo el curso de un río, durante el cual no pasa nada. Suena aburrido, ¿no? Pero si lo reconvertimos en una calma tensa, una tranquilidad a punto de estallar… la cosa cambia.

      Si ves que le estás dando mucha caña a tu protagonista, dale un descanso… un descanso inquieto. ¡Qué malvados somos! 🙂

      Gracias por comentar y ya me contarás cómo acaba ese viaje!
      Un saludo!

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