Nada Empieza Nunca

Fantasía, misterio y oscuridad literaria

El viaje del héroe: sátira y símbolo (III) El rechazo de la llamada

El viaje del héroe, la mayor estafa jamás concebida, tiene un punto débil que podemos usar a nuestro favor: el rechazo de la llamada. Aunque parece ser que esta opción de rechazo es más bien un mero adorno.

Después de la primera etapa del viaje, El mundo ordinario,  y de la segunda, La llamada de la aventura, hay un pequeño resquicio para poder escaquearse de este embrollo. ¿Será suficiente con rechazar la llamada, sin más?

Negarse no es una opción.

Por suerte, el viaje del héroe tiene la capacidad de auto-corregirse por sí solo.

O la tendría, si lo dejaran tranquilo.

Nada más empezar, el viaje ofrece a la vez la solución a semejante despropósito, esto es, que un mindundi vaya a derrotar al malvado más malvado de todos los reinos y todos los tiempos.

En otras entradas hemos visto lo que nos contaban en Sinjania sobre el viaje del héroe. Hoy quiero traer aquí lo que nos cuenta sobre este mismo viaje Victor Sellés:

El héroe se muestra reticente, y en un primer momento rechaza la llamada de la aventura. Es normal, el héroe tiene miedo al cambio y a lo desconocido (…) Es necesario otro impulso, una afrenta mayor o la presencia de un mentor para que el héroe se decida finalmente. (Victor Sellés)

Si esta etapa, el rechazo de la llamada, funcionase como debiera, la situación sería algo así:

―Disculpa, joven hilandera que estás aquí tranquila a lo tuyo ―dijo el mago―, ¿quieres ir a matar al malvado ogro de la montaña oscura?

―No, gracias ―dijo la hilandera.

¿Ves qué fácil? Ya está, fin de la historia.

Pero no.

Novela grande, ande o no ande.

Porque, ¿qué ocurriría en ese caso? Que la novela tendría cuánto, ¿10.000 palabras? ¡Por favor! ¿Una novela de fantasía de MENOS de 150.000 palabras? ¿Pero qué disparate es ese?

El mago que llama a la hilandera también podría quedarse a echar un mano, que digo yo que esa sería otra bonita historia, un viaje del héroe más íntimo, más “hacia abajo”.

Pero eso no vende, damas y caballeros.

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“Los libros amarillos incluyen el viaje del héroe. Y los azules también, pero con más subtramas innecesarias”

Queremos tomos grandes, encuadernados en madera de roble con sobrecubierta de alfombra persa que nos destroce las muñecas y haga falta la rama de un fresno para mantener el libro abierto. Eso sí, lo arrastramos a todas partes: trabajo, autobús, etc., y quejándonos siempre: “me tiene las muñecas destrozadas”, “cuesta trabajo leerlo en la cama” y otras quejas del Manual del Lector de Fantasía.

Pero esa contradicción entre libro gordo y padecimiento de muñeca es intrínseca a todo lector del género.

Si te niegas, pierdes.

Joseph Campbell, en su libro El héroe de las mil caras, nos lo deja bien claro:

El individuo pierde el poder de la acción afirmativa y se convierte en víctima que debe ser salvada (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

O sea, que lo llevas claro. Si te niegas, no sólo eres víctima sino que te van a rescatar. ¿Qué clase de negativa es esta? Dices que no, pero no te hacen caso: o vas, o te llevan.

“Toda casa que construya será la casa de la muerte, un laberinto de paredes ciclópeas para esconder a su vista su propio Minotauro”

Vaya panorama más agradable. Niégate si quieres, pero mira lo que te espera…

Los mitos y cuentos populares de todo el mundo ponen en claro que la negativa es esencialmente una negativa a renunciar a lo que cada quien considera como su propio interés. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

Ese “propio interés” es justo lo que nos mantiene a salvo del cambio y lo desconocido. Esas frases bonitas de tazas de colores suaves (y demasiado grandes) que hablan de salir de tu zona de confort y todo eso… es un complot para que aceptes la llamada -cualquier llamada- aunque no tengas ningunas ganas.

Para dejarnos aún más claro lo “peligroso” que es rechazar la llamada, Campbell compara rechazar la llamada con el mito del rey Minos que retiene al Minotauro dentro del laberinto; laberinto que es una metáfora de tu propia psique. Campbell dice que no hay salida para el rey Minos: o se aguanta, o se doblega y se deja aniquilar.

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El mapa de tu psique: sencillo pero funcional. El sueño de todo psicólogo.

Así que estas son tus dos opciones: negarte a la llamada y convertir tu vida en un tormento, encerrado en ese lugar metafórico y mental sin salida, con el Minotauro en él;  o puedes hacer “lo correcto”. Y atención a la palabra que utiliza: doblegarse. El viaje del héroe no es una invitación a una aventura: es doblegarte a una aventura.

Huérfanos, ¡bienvenidos!

Otro ejemplo (lleno de positivismo y esperanza, sí…) que nos ofrece Campbell es el de Apolo y Dafne. Apolo persigue a Dafne mientras la tranquiliza con frases como “yo que te persigo no soy tu enemigo”  o “detente y pregunta quién te ama”.

Pero Dafne no se tranquiliza mucho que digamos, y sigue huyendo hasta que se refugia en su padre, el río Peneo, quien la transforma en un árbol de laurel.

Nota: si eres una Llamada de la Aventura (o cualquier llamada) y quieres alcanzar a alguien, mejor saluda primero; mejor que corretear a ese alguien gritándole “no soy tu enemigo”.

Percibimos la llamada como el enemigo. Llega arrollando hasta nosotros y espera que la recibamos con los brazos abiertos. Dafne se refugia en su padre. En un lugar conocido y seguro. Algo normal.

Pero que bajo el prisma del viaje del héroe se califica de “fijación desesperada”:

La literatura del psicoanálisis abunda en ejemplos de esas fijaciones desesperadas (…) Impotencia de prescindir del ego infantil. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

Quizás por eso abundan los personajes jóvenes, arrancados de su infancia, hechos adultos a la fuerza. ¿No podría la llamada esperarse? O buscar a algún adulto, ya independizado. ¿Tal vez es porque es más fácil llevarse, secuestrar o engañar a un niño pequeño, a un adolescente, que a un adulto?

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“Cariño, mete a los niños en casa. Por allí viene la llamada de la aventura y seguimos vivos… ¡por ahora!”

De todas formas ser adulto no te hace inmune a la llamada. Cuando llega a un adulto,  siempre lo hace tocando la fibra sensible de algún trauma pasado. La clave de todo este embrollo está en la infancia.

Los niños con infancias traumáticas dan buenos héroes. Niños con un ego no preparado, con una identidad sin formar que se tirarán toda la aventura preguntándose “quién soy” y creyendo así que esa aventura les va a dar la respuesta. Un círculo vicioso excelente.

El rechazo de la llamada es de fracasados

Hay un matiz de “fracaso” si rechazamos la llamada de la aventura. En palabras de Campbell:

(…) fracasa en su intento de atravesar la puerta y renacer en el mundo exterior”. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

Rechazar la llamada es un fracaso. Con esa presión, sin más opciones, ¿quién no acepta la “gloriosa” llamada de la aventura? No hay un plan C: está planteado como una dicotomía. O te vas o te quedas, y quedarse es el fracaso. Las dicotomías funcionan.

En su libro, Campbell nos habla del cuento de la Bella Durmiente, en el que todo permanece dormido: la princesa y el reino. El hechizo por el cual todos duermen tiene cierta connotación de castigo, sobre todo porque el siguiente ejemplo que Campbell utiliza es a la mujer de Lot, que se transforma en sal por no seguir adelante:

La mujer de Lot se convirtió en estatua de sal por haber vuelto la cabeza cuando había recibido la llamada de Yahvé. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

Hay una gran maldad implícita en ofrecer una etapa como es el rechazo de la aventura pero de tal modo que sea un rechazo falso, una pantomima que sólo sirve para realzar la figura del viaje como el único camino, la única decisión. La verdad. Si te quedas, eres un cobarde infantil y mereces sufrimiento y castigo. Si sigues la llamada (y lo harás porque la opción del rechazo no es una opción real) entonces serás un héroe.

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“Me niego a ir a ninguna parte. ¿Qué puede salir mal?”

Podemos pensar en el simbolismo del paso de la infancia a la adolescencia, pero el viaje del héroe es un paso cruel. Es un empujón, más bien. No parte del protagonista, no parte del personaje la decisión de iniciar esa travesía cuando esté preparado. Sí, es cierto que luego el vieja del héroe se encargará por arte de magia (y nunca mejor dicho) de que el protagonista tenga de todo y aprenda a usar ese todo de un día para otro (o de un capítulo para otro).

Pero no hay que perder de vista ese detalle importante: el viaje del héroe es cruel.

Entonces, ¿por qué sigue triunfando? Tal vez porque a pesar de su total falta de humanidad al empujarnos a hacer cosas que no queremos hacer realmente (crecer, madurar, enfrentarnos al dragón) sabe que si no nos empuja puede que no vayamos nunca. Y porque, una vez que nos lanza a la aventura, y para paliar un poco su dureza, enseguida recibiremos la ayuda sobrenatural.

¿Qué pasa si no vamos?

¿No podemos vacilar, entonces, a la hora de negarnos a seguir la llamada?

Dice Campbell: “No todos los que vacilan están perdidos. La psique tiene muchos secretos en reserva. Y no se descubren a menos que sea necesario. De manera que algunas veces el predicamento que sigue a una negativa obstinada a la llamada demuestra ser la ocasión de una revelación providencial de algún insospechado principio de liberación”.

¡Al fin un poco de esperanza! No irse, quedarse, parece que puede revelar algo de gran valor para el protagonista.

La introversión voluntaria, de hecho, es uno de los recursos clásicos del genio creador y puede emplearse como un recurso deliberado. Lleva las energías psíquicas a lo profundo y activa el continente perdido de las imágenes infantiles inconscientes y arquetípicas. El resultado puede ser una desintegración más o menos completa de la consciencia (neurosis, psicosis, la fuga de Dafne) pero por otra, si la personalidad es capaz de absorber e integrar las nuevas fuerzas se habrá experimentado un grado casi sobrehumano de consciencia y de control dominante. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

¿Captas la sutil trampa en todo esto? Puede que te niegues a ese gran viaje exterior que te llevará al otro lado del mapa que aparece en la primera página del libro. Pero aún así, aunque te quedes en tu Comarca, se iniciará un viaje interior, igual de peligroso… y transformador.

Viaje exterior, viaje interior.

Es más bien una negativa deliberada y aterradora a dar otra respuesta que no sea la más honda, la más alta y la más rica (…) una especie de golpe total, o rechazo a los términos que ofrece la vida, como resultado de lo cual una fuerza transformadora lleva el problema a un plano de nuevas magnitudes, donde repentina y finalmente se resuelve. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.)

Pues es el momento de elegir. ¿Te quedas o te vas?

Si te quedas, tu vida pacífica ya no será igual aunque siga siendo la misma. La llamada de la aventura ha aporreado tu puerta y recuerda lo del laberinto del minotauro: va a estar ahí continuamente golpeando.

Y es justo aquí, justo en este momento en el que estás a punto de darte la vuelta, entrar a tu casa y cerrar la puerta, que entra en juego la siguiente etapa del viaje: el encuentro con el mentor.

Para convencerte, para ayudarte.

¿Cuál era la palabra que usaba Campbell? ¡Ah, sí! Para doblegarte.

Pero hasta que el mentor aparezca, este instante de toma de decisión se eterniza y hay tiempo para preguntarnos ¿qué haríamos si la llamada de la aventura llegara a nuestra casa? ¿Qué pasaría si lo que ocurre en las páginas de un libro t estuviera esperando en tu misma puerta?

 

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2 Comentarios

  1. En “El hobbit”, Bilbo intenta persistentemente rechazar la llamada (con forma de Gandalf y un mogollón de enanos con más hambre que Carpanta) pero no le hacen ni caso,jaja. Y luego él tiene su breve momento de viaje interior en el que echa de menos la aventura que cree haber dejado pasar. Pero claro: la llamada no acepta un NO por respuesta y seguía esperándole impaciente.
    Sería curioso leer un cuento sobre lo que planteas: un mago que va en busca de una hilandera para embarcarla en un viaje épico y al final se queda en el pueblo despachando telas y devanándose los sesos sobre marketing textil mientras el mundo, a gran escala, se retuerce en la oscuridad del Ogro de la montaña. Ah, y que fuesen 10 mil palabras, encuadernado en pasta blanda y sin necesidad de muñequeras,jaja.

    • Óscar Iborra

      3 abril, 2019 at 10:24

      Cuando leí El Hobbit me pareció muy emocionante que Gandalf hiciera la marca en la puerta de Bilbo. Yo quería que un mago hiciera una marca en mi puerta; es más, yo quería que un mago viniera a mi puerta y me llevase de aventuras. Aunque a Bilbo no le hizo mucha gracia, al principio, e intenta resistirse todo lo que puede. En la entrada de Victor Sellés que comparto en la entrada sobre el viaje del héroe, Víctor utiliza El Hobbit como ejemplo del viaje del héroe, precisamente.

      La historia de un mago que deja sus cosas para ayudar a la hilandera tendría su punto, desde luego, aunque fuese una edición de bolsillo. El tamaño importa, en ambos sentidos. Para una historia épica uno espera cierta cantidad de palabras (y reza para que las subtramas no sean irrelevantes), pero para una historia profunda no hacen falta tantas, o no siempre, la menos. Para mí las historias de Terramar son un ejemplo de esto. Supongo que entre el relato de 10.000 palabras, intimista, del mago que se dedica a tejer y las cientos y cientos de páginas de los libros de Sanderson hay bastantes posibilidades.

      Un abrazo, y gracias por pasarte a comentar!

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