Me llamo Óscar Iborra y vivo en Granada.

Cuando era pequeño tenía muy claro dos cosas. Una era que quería ser escritor. La otra era mi interés por el misterio y lo sobrenatural.

Respecto a la primera, escribía muchas historias; en realidad las empezaba y las dejaba al poco para saltar a otra, y sigo con esa manía. Escribía historias de fantasía y misterio. Adoraba las máquinas de escribir como si fueran objetos mágicos y cuando por fin conseguí una me sentí un escritor completo. Me inspiraba en Poe, Lovecraft, Agatha Christie…

Pero la Gran Fuente fue, y sigue siendo, Clive Barker. Su novela Sortilegio es mi favorita. Si sólo pudiera salvar uno de los cientos de libros que tengo, sería ese. Empieza con la frase que da título a este blog: “Nada empieza nunca“. Recuerdo estar semanas intentando entender qué significaba esa frase; me la repetía una y otra vez. Todavía hoy lo sigo haciendo.

Hasta aquí todo muy bien, pero cuando tenía 15 años, más o menos, dejé de escribir. Entre ser yo mismo o adaptarme al medio opté por lo segundo y no volví a escribir más. Y con el tiempo dejé de leer novelas. Leer me recordaba escribir, y no parecía que aquello fuese a volver nunca más. Pero volvió.

Porque nada empieza nunca.

La otra cosa que me ha interesado desde pequeño me llevó a estudiar psicología, y luego llegar a ser doctor en psicología. Actualmente doy clase en un máster de arteterapia mientras sigo buscando alguna plaza por ahí, sigo haciendo investigación, escribo artículos científicos y doy alguna conferencia de vez en cuadno. En 2007 abrí mi primer blog, Psique, sobre investigación científica en parapsicología y ahora voy a retomarlo con una nueva dirección. La última entrada de ese blog fue en febrero de 2015, y en junio del mismo año comencé este blog de escritor donde estás ahora. No fue un cambio intencional, simplemente pasó.

Porque nada empieza nunca.

En 2012 comenzó una mala racha personal y empecé a escribir un diario donde  anotaba también mis sueños. Soñaba con frecuencia con un sótano o un ático, escondido y apartado que me daba miedo. Y un día soñando con ese sótano abrí un agujero en una de las paredes:  detrás había una habitación oculta, con estanterías llenas de objetos acumulando polvo. Entre ellos, había una máquina de escribir. Allí estaba, esperándome. Y aquí estoy, escribiendo.

Porque nada empieza nunca.

Ni siquiera esta historia, ni mi deseo de ser escritor, ni mi interés por esto o aquello. Como escritor, me interesa justo lo que queda en el borde. El sendero junto al camino principal, la única puerta cerrada cuando las demás están abiertas, aquellas ruinas perdidas. La oscuridad literaria. Ese otro mundo que está justo aquí al lado. Escribo historias de fantasía y misterio.

Porque nada empieza nunca.

¿Me acompañas?