Las reglas de la magia se han convertido en una condición indispensable para una historia de fantasía y magia. ¿Existen reglas también para la magia en la fantasía oscura?

Érase una vez la magia

¿Recuerdas cuál fue tu primer contacto con la magia, con las historias con magia? En mi caso no puedo afirmarlo con seguridad, pero Dragones y Mazmorras es uno de los primero recuerdos que tengo. En las primeras novelas que leí (de Poe, Lovecraft, Collins o Agatha Christie) no había magia como tal, aunque sí elementos oscuros, misteriosos y sobre naturales.

Sí, incuso en la obra de Agatha Christie. Algunos de sus relatos cortos exploran el mundo de los mediums y el espiritismo.

Pero quizás estoy empezando la historia por la mitad. Hace falta una introducción que aclara a qué tipo de magia me refiero. Con la referencia a Dragones y Mazmorras puede que lo tengas claro, pero aún así seré claro y específico: rayos, poderes mágicos, pases con las manos que despiertan huracanes o provocan fuego, o que hacen levitar objetos.

Historias que pertenecen al género fantasía mágica, un género que no existe y que acabo de inventar (aunque seguro que alguien ya lo ha inventado antes): historias de fantasía donde la magia juega un papel fundamental.

¿Por qué no? Es sólo añadir un estante nuevo en las librerías.

Una de las novelas básicas para mí en aquella época adolescente (igual que para otras muchas personas) fue El señor de los anillos. En realidad me molestaba un poco que el mago, Gandalf, apenas hiciera magia. Y cuando la hacía, no era excesivamente vistosa.

Pero la magia había venido para quedarse y entre conjuros, hechizos y poderes, pasé mi adolescencia sin preocuparme mucho por el sistema de magia en que esa magia se sustentaba. Podía vivir con ello. No era el fin del mundo.

El mago elevaba el brazo, extendía los dedos… y listo. Un rayo, o una explosión o lo que fuera.

Magia.

Hay otras magias

Pero junto a esta magia exhuberante había otra más sutil, menos llamativa, que se filtraba en otras historias que leía y que ahora soy incapaz de recordar. También en películas, o series. Por ejemplo, una de esas series era Misterio para tres, en la que los protagonistas (que eran tres, claro) deben recuperar objetos con poderes diabólicos y devolverlos a la tienda de antigüedades donde trabajan, que han recibido en herencia.

Aquí están los tres de «Misterio para tres»

Aquello también era magia, y aunque como era adolescente y feliz me importaba poco clasificarlas, separarlas o diseccionarlas. Magia, magia por todas partes. Pero aún así había un «algo» que separaba a una magia, la de los magos de capa fantasía épica, de la magia de series como esta.

Ese «algo» puedo verlo ahora, en retrospectiva, como vemos la mayoría de las cosas. En aquel entonces, magia, misterio, sobrenatural y poderes bailaban juntos y felices, cogidos de las manos (o lo que tuvieran).

Y entonces llegó Sanderson: las reglas de la magia

Durante muchos años dejé de leer novelas, incluso de fantasía. Las razones fueron varias, pero de entre la niebla del recuerdo hay una que sobresale por encima del resto (dejando a un lado las razones personales, que fueron el auténtico motivo): creía que ya no iba a leer nada nuevo.

En especial después de leer El señor de los anillos.

Todo lo que veía me parecía «más de lo mismo»: elfos, enanos, orcos, magos… Da igual si fueran novelas o libros-juego como los de Dragonlance o cualquier otro, como los de Timun Mas, en donde podías elegir tu propia aventura y vivirla con la ayuda de uno o dos dados.

En ese erial de lectura que atravesé, a veces leía cosas donde había magia, pero era más cercana a esa otra magia, tenían ese «algo» que recordaba de las novelas que había leído en la adolescencia. En mi mente seguían catalogadas como novelas de misterio, y ea era una etiqueta muy amplia: desde misterios donde no había nada sobrenatural o anómalo hasta historias donde aparecían elementos paranormales.

Y llegó el día en que leí Elantris.

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Elantris: el renacer de la magia (para mí)

No sólo fue el renacer de la magia; lo fue también de la escritura.

Y además comprendí, por fin, que sí había más historias de magia distintas a El señor de los anillos y otras historias similares. Se ve que no había buscado lo suficiente.

No os quedéis en las portadas. Son engañosas.

Como la mayoría que ha leído a Sanderson (y en concreto, Elantris) quedé maravillado por completo con la obra y con el autor. Y leí más de él.

Y una vez que lees a Sanderson es inevitable encontrarte con sus leyes de la magia. Sus leyes se han convertido en pilares imprescindibles de un «buen» sistema de magia.

Parece que a partir de este autor se ha convertido en requisito imprescindible que toda la magia que aparezca en una novela de fantasía de corte épico/medieval/alta o baja/… tenga un buen sistema de magia y que quede bien claro cómo funciona, cuáles son sus costes, limitaciones, consecuencias, etc.

He escrito antes sobre las leyes de la magia de Sanderson y otras leyes, y sobre si la magia debe o no tener sentido.  Otros artículos que puedes leer en relación con este debate es este de Miriam Álvarez en su blog Luna Antigua sobre sistemas de magia, donde además de hablar de Sanderson -inevitable- nos cuenta otros sistemas de magia interesantes. También este de Guillermo Jiménez (Lecturonauta) donde se pregunta si importa que sepamos cómo funciona la magia.

Y es que si buscas en la web sobre «sistemas de magia», «reglas de la magia en fantasía» o similares, encontrarás decenas de páginas hablando del tema.

Y entonces hice una cosa: busqué «reglas de la magia en la fantasía oscura».

¿Y qué encontré?

Nada.

Fantasía oscura, magia y reglas

Quizás quieras saber por qué me dio por buscar lo de «reglas de la magia en la fantasía oscura». Quizás no. De todos modos, te lo cuento.

¿Recuerdas al principio del post cuando te contaba mis peripecias lectoras de adolescente? Me encantaba todo lo que tuviera algo de magia, aunque esa magia a veces era diferente -al menos, diferente para mí- en unas historias y en otras.

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No sabía cuál era la diferencia. Bueno, sí lo sabía, pero no sabía darle nombre. Ahora sí puedo hacerlo, aunque nombrar las cosas, a diferencia de en Historias de Terramar, no nos proporciona necesariamente un mayor conocimiento.

Esa otra magia era la que aparecía en historias de fantasía oscura.

Ya te digo que ponerle nombre a algo no significa que sepamos más de ese algo. Pasa con la fantasía oscura: podemos estar debatiendo sin fin qué es y qué no es. Pero la falta de una definición no es excusa para tener un diálogo. Y si necesitamos ilustrarnos sobre el tema, sólo tenemos que ir al estante de «fantasía oscura» de la librería y ver qué libros tienen.

Si es que tienen tal estante, cosa que dudo.

Así que vamos a mi estante y veamos qué hay.

Ese «algo» de la magia de la fantasía oscura

Entre los autores y novelas que yo voy a catalogar como fantasía oscura, para poder ceñirme sólo a obras que he leído, elijo los siguientes: Clive Barker (Sortilegio, Imajica, El corazón condenado), Neil Gaiman (NeverwhereAmerican Gods), José Carlos Somoza (La dama número trece), Susanna Clarke (Jonathan Strange y el Señor Norrell), Jose Antonio Cotrina (La canción secreta del mundo).

Si llevase la cuenta de los libros que leo, podría añadir más. Pero no lo hago (tengo mi perfil de Goodreads más abandonado que el pasillo del tofu en un supermercado) así que por ahora me bastarán con los que he citado para ilustrar mi planteamiento.

Puede que no estés de acuerdo con esa lista y quieras añadir (o quitar) alguno de los que he dicho. Para ello, tienes un espacio ilimitado (creo que es ilimitado, no estoy seguro) en comentarios.

No quiero entrar en un análisis profundo sobre este tema; mi intención es plantear una idea y, si resulta ser interesante, ya habrá tiempo de desarrollarla en un futuro.

Y esa idea es esta: la magia de la fantasía oscura no tiene reglas.

¿No hay reglas para la magia en la fantasía oscura?

No digo que no haya normas. Ni consecuencias. Ni limitaciones. Pero en las historias de fantasía oscura en las que hay magia, el sistema de magia no parece ser tan relevante para la propia historia.

Esto es sólo una apreciación personal, y puedo estar equivocado por completo. Pero en cada historia de fantasía oscura que he leído en donde la magia estaba presente, esta ocurría de un modo natural y coherente, pero su desarrollo es, por ejemplo, muy diferente al sistema de magia que encontramos en Nacidos de la Bruma (Sanderson).

Creo que esto no sólo es cuestión del sistema de magia o la presencia o ausencia de reglas: creo que hay algo más, algo respecto al lugar, físico y simbólico, que ocupa la magia en ambos tipos de fantasía. Claro que para que esta idea tenga siquiera un mínimo de sentido (no digo ya de futuro) es necesario establecer la diferencia entre fantasía oscura y fantasía épico-mágica.

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Las reglas de la magia en la fantasía oscura pueden ser las reglas de lo sobrenatural.

Tal vez esta diferencia entre magias, o mejor dicho, esta diferencia entre reglas de la magia en fantasía y fantasía oscura, sea un criterio que determine si la novela se adscribe mejor a un tipo de fantasía que a otro. La magia que encontramos en la fantasía oscura puede diluirse en la relación entre figura y fondo, entre personajes y magia «que hacen» o la magia «que ocurre».

Así, no se ha planteado nunca (que yo sepa o que haya encontrado) un sistema de reglas de la magia en la fantasía oscura porque la propia cualidad de las historias que se narran desde esta perspectiva no requieren ese detalle o «manual de instrucciones» para que la magia sea creíble o atractiva. Quizás juegue más con la incertidumbre, el miedo, lo inesperado.

No en vano, es frecuente que la magia en la fantasía oscura, cuando la hay, posea elementos ominosos y sobrenaturales. Este tipo de magia puede prestarse menos a que ideemos un sistema explícito de funcionamiento.

Pero incluso si la magia que aparece es magia realizada por personas (humanas o no, da igual), como en Neverwhere, por ejemplo, sabemos que es magia, sabemos quién la produce y nos pueden contar incluso cómo. Pero el sistema que la sustenta parece poder permitirse quedar en un segundo plano, entre bambalinas, sin ser visto.

¿Tiene sentido este planteamiento?

Eso me gustaría que me lo dijeras tú. Quisiera saber tu opinión. ¿Te da la impresión, como a mí, de que las reglas de la magia en la fantasía oscura no son tan importantes? O tal vez es que nadie se haya parado a establecer cuáles pueden ser.

¿Se te ocurre alguna?

 

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