Obsesiones creativas – y charcos

obsesiones creativas

Tienes obsesiones, confiesa. ¿Qué haces con ellas? ¿Te ayudan a crear? ¿Las dejas desatendidas? Tus obsesiones, ¿son obsesiones creativas?

El otro día vi el documental “Someone to love”, sobre la vida y trabajo de la fotógrafa Cristina Núñez. Impresionante. Te recomiendo que lo veas.

Esta mujer creó su propio aprendizaje (proyecto, método; como quieras llamarlo) a partir de algo suyo: su propia experiencia con autorretratos y retratos a otras personas. Luego dio talleres, llevó ese aprendizaje personal, de vida, a otras personas.

Después de ver este documental hice algo que me encanta hacer: descuartizarme. No literalmente, claro. Pero sí de manera figurada, metafórica; intelectual y emocional. Volver los ojos hacia dentro y analizar mi propio trabajo a la luz del trabajo de esta mujer, a quien no conocía antes. Quizás no me guste nada más de ella, pero ya os digo que este documental me ha emocionado.

Y entonces comencé a preguntarme acerca de la creación de cualquier sistema personal. En realidad pensaba en un sistema propio de trabajo como psicólogo, donde combino psicología, movimiento, danza, meditación… Nada original, no te creas. Sé que cada vez que analizo este sistema de trabajo, o cualquier otro sistema o proceso de trabajo personal, hay que tratarse con mimo y cariño, que no indulgencia. Ya hay bastante capullo por ahí para darte malos ratos. Pero uno no puede descuartizarse y, a la vez, ser indulgente. O quizás sí.

Sí, creo que sí.

Pero no es el caso ahora.

Empecé a preguntarme de dónde venía todo este sistema. Cuándo empiezo a darle forma, y por qué. Para qué. Con qué motivo, con qué razón. Me pregunto qué subyace a mi creatividad, cuáles son mis materiales auténticos, mis motivaciones reales, mis preguntas, mis inquietudes, mis fronteras, mis miedos, mis obsesiones.

Bonita palabra: obsesiones.

Empieza por tus obsesiones

Empecemos por las obsesiones. Obsesiones creativas, aunque por el momento vamos a dejarlo solo en obsesiones a secas. ¿Qué cosas te obsesionan? ¿Qué cosas te han obsesionado?

Tal vez esas obsesiones aparezcan en los libros que te gusta leer, o en las historias que te gusta escribir. En la gente que prefieres frente a la que no. Los lugares a los que vas y los que evitas.

¿Cuál es la búsqueda que te obsesiona?

Ante esta pregunta, quizás no tengas respuesta. Yo me la acabo de hacer y aparece una especie de fondo de imágenes en mi cabeza, un caleidoscopio de colores, figuras y sensaciones. Tendría que pararme para desgranarlo todo.

O para descuartizarlo, si lo prefieres.

Te cuento las mías, algunas como escritor, otras como investigador y divulgador, y otras en general:

1) La magia. Siempre, siempre la magia. Desde que era pequeño. El poder. La invulnerabilidad del mago, y también su debilidad, porque los magos parecen débiles, cubiertos solo por su túnica, sin armadura, sin nada que les proteja en la lucha. Salvo su magia.

2) Perderme algo, en alguna parte: estar aquí y sufrir porque allí (en cualquier allí) haya algo igual o mejor que me pueda estar perdiendo. Con esto me resultó de ayuda el Eneagrama, un antiguo sistema sobre los tipos de personalidad que incluso algunos escritores utilizan para crear sus personajes.

3) Sabiduría. Conocerlo todo, saberlo todo. Esto lleva a algo que en ocasiones me define a la perfección: soy un aprendiz horrible. Y guarda relación –ahora lo veo– con el miedo a estar perdiéndome algo.

4) Misterio. Otra de las grandes. Siempre una pregunta por responder, una pista por seguir. Algo que falta, algo que no sé. También puede guardar alguna relación con el miedo a estar perdiéndome algo, aunque en este caso es evidente (no hay misterio si lo sabes todo).

5) La oscuridad, con minúscula, y la Oscuridad, con mayúscula.

6) El miedo.

Combinadas, y viéndolas ahora, creo que están presentes en casi todas las ideas que tengo para escribir. Algunas las puedo expresar mejor, otras son sólo una percepción difusa de algo. ¿Lo están también en otros proyectos o facetas creativas de mi vida? ¿Y en mi vida en general?

Revisa tu lista de obsesiones y hazte las mismas preguntas. Y las que se te ocurran. Porque ahora viene la segunda parte.

 ¿Cómo expresar las obsesiones? La expresión creativa

obsesiones creativas
Tener una obsesión. Expresar esa obsesión mediante algo creativo. Analizar el resultado y ver que no cubre toda la obsesión. Expresar de nuevo la obsesión…

¿Cómo expresas tus obsesiones? ¿Cuáles has expresado? ¿A quién? ¿Cuáles han sido las consecuencias? ¿Cuáles no expresas ni has expresado nunca? ¿Cómo ha sido el proceso creativo de expresar -crear- algo con esa obsesión?

Algunas quizás no las has expresado, pero se han ido filtrando durante años en uno o varios aspectos de tu vida, incluyendo lo que lees y lo que escribes: qué tipo de libros y de historias te gustan, y qué tipo de historias escribes. Cuando algo se filtra no controlas a dónde llega, por lo que puede acabar alcanzado un lugar más allá de lo que habías previsto inicialmente.

¿Te sirven estas obsesiones para crear algo? ¿Guían tu vida, en algún sentido? Ya sea claramente desde el pescante o escondidas junto a los caballos susurrando a sus oídos. ¿Están en la cabecera tirando del tren o las tienes en cola, arrastrándolas? ¿Te impulsan o te frenan? ¿Te dan aliento o tienes que estar continuamente sanándolas?

(Nota curiosa: el corrector me subraya en rojo “sanándolas” y me ofrece como alternativa “saneándolas”. No es lo mismo).

De hecho, esas preguntas no tratan sobre cuestiones diferentes sino que dibujan una especie de Ouroboros, una serpiente que se muerde la cola, donde no hay principio ni final. La vieja historia, sí, de sanarlas al crecer a través de ellas. Vieja, pero efectiva.

¿Lo estás haciendo así? Si no estás en ese círculo con tus propias obsesiones creativas, puede que tu proceso creativo no te refleje a ti, sino a otros. Obsesiones prestadas y, por tanto, proyectos prestados. Historias prestadas.

Y charcos. Charcos creativos

obsesiones creativas

Porque esto también va de charcos. Pensando en todo lo anterior vino a mi mente la idea de un espacio esperando para ser llenado. Mi cerebro lo convirtió en un charco, supongo que porque estaba lloviendo ese día.

Así que piensa en un charco. En realidad, piensa en un hueco en el suelo, antes de ser propiamente un charco.

Una vez el hueco se ha formado, el charco se llena con la primera agua que cae. Quizás te gustaría que se hubiese llenado con la segunda lluvia, que era agua más limpia, o con la cuarta, que era agua más sucia. Cada cual prefiere sus charcos. Pero el caso es que, salvo que pongas remedio, el charco se llena con la primera agua que cae.

¿Es esa el agua que quieres? ¿Puedes hacer algo para evitarlo?

¿Dejas que tus “huecos” (nos estamos moviendo en la metáfora ahora) se llenen con lo primero que cae en ellos? El primer libro, la primera idea, el primer relato. ¿Cuál es el primer modo en que actúas sobre tus obsesiones? ¿Dejas que se llenen, se calmen, se inunden, con lo primero que cae sobre ellas? ¿O pones la mano encima y las tapas, las proteges? Si se llenan de lo que no quieres, ¿te tomas la molestia de vaciar ese algo?

La idea de vigilar y cuidar las obsesiones te puede parecer estúpida. Normalmente pensamos en las obsesiones como cosas dañinas que nos arruinan la vida. La palabra tiene esa connotación. Pero somos expertos en dobles raseros, y la diferencia entre llamar a algo obsesión o dedicación a veces solo está en lo que rellena el charco: lamer bombillas o escribir, por ejemplo.

Porque las obsesiones pueden cuidarse. Una obsesión es el hueco en el suelo sin llenar: un vacío, un atractor. En torno a él se organizan varios aspectos de tu vida, de tu escritura, de tus intereses, y quizás debamos evitar que se llene con lo primero que llegue solo porque sea eso, lo primero. Y aún lleno, hemos de estar continuamente vaciándolo –y no esperar siempre a que se vacíe por su cuenta– y dejándolo listo para acoger agua nueva.

Protege tus obsesiones, a tus obsesiones creativas. Mira a ver qué hacen, qué buscan, qué están creando. Ponles un tejado si lo necesitan, y vacíalas si no te gusta lo que contienen o lo que crean.

Y si estás escribiendo y te gusta el charco que se está formando, pero no te convence del todo, pues déjalo que se llene, y luego ve y llena otro. Y otro, y otro. Una obsesión, una obsesión creativa, no se agota en el primer proyecto.

Cambia, crece, evoluciona.

(Actualización: 3 de julio de 2018) Esta entrada la escribí hace tres años. Por aquél entonces este blog era un caos, un batiburrillo que no sabía a dónde iba. No quiero decir que ahora sea menos caos, desde luego. Pero esta entrada siempre me gustó, y ahora la he editado un poco, quitando algunas frases y poco más. Creo que dí con algo interesante al escribir esto, y volveré sobre ello.

4 Comments

    1. De nada, Javier. El trabajo de Cristina Núñez me parece muy interesante: cómo surge de su propia vida y como lo revierte en ella; el aprendizaje y la transformación que le ofrece.
      De lo demás, cuando sepas qué pensar, estaré encantado de que lo compartas! Tampoco yo sé qué pensar muchas veces sobre lo que escribo… Gracias por comentar, y un abrazo!

  1. Qué artículo tan interesante, Óscar. Poner atención en los charcos, cuando lo normal es que se llenen de basura que compromete la vida y no ser capaces de tomar medidas, anestesiados por los propios hábitos. Cuánto material para escribir si nos ponemos a escudriñar ahí.

    He visto el documental: conmovedor. Pobre princesa destronada. Quienes hemos estado metidos en pozos podemos entender cómo es vivir la angustia de querer sacar la cabeza fuera del agua putrefacta y no poder. Cuántos de quienes traen hijos al mundo, si supieran hasta qué punto la falta de amor puede lastrarles la vida, se lo pensarían tres veces. Debe ser que la pulsión por tenerlos es más fuerte que el razonamiento de las condiciones (emocionales) en que los traen.

    De cualquier modo, es maravilloso lo que la creatividad puede hacer por nosotros y que es a donde apunta tu artículo. Pero ¿cómo evitar llenarse de mierda cuando uno ni siquiera sabe que está ocurriendo? Intervenir solo es posible ‘a posteriori’, cuando ya se está de vuelta del infierno, frente a obsesiones futuras. Esas sí se pueden conducir (antes es menester caer en la cuenta de por dónde acontecen).

    Gracias por tu artículo y por el reportaje. Un abrazo, compañero.

    1. Muchas gracias, Marian.

      Lo de los charcos vino solo. Literalmente, mientras escribía el artículo y tal y como lo cuento, la imagen se formó. A punto estuve de quitarlo, tanto en el momento en que lo escribí como en la revisión que he hecho ahora. Sin embargo, no podía: era como que todo lo anterior “me conducía” a la imagen y la metáfora del charco. También creo, como tú dices, que hay material para escribir si escarbamos un poquito en ese tema. O un muchito, eso estaría por ver.

      Sobre las obsesiones futuras tenemos la experiencia de lo que hemos hecho antes, con esas mismas obsesiones. Pero el primer charco… ese se llena solo. Vaciarlo es cosa nuestra, y de quién quiera hacerlo. El agua se va, el charco permanece.

      Gracias de nuevo por comentar (y por todo lo demás 😉 )

      Un abrazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *