juzgar a un escritorUn libro es algo concreto y definido. Por otro lado, la mente del escritor es la fuente infinita, la abstracción, el baile de ideas. Concretar todo eso en un libro a veces sale bien y a veces no. Por esto, juzgar a un escritor por uno de sus libros puede ser apresurado.

Un libro no agota a un escritor

Cuando surge una idea para una historia no lo hace de forma clara como un principio absoluto. De hecho, puede que no haya un principio.Tal vez no opines igual y me digas que sí, que hay un inicio claro para todo, o al menos para algunas cosas, como por ejemplo una historia. Pero antes del momento en el que la historia arranca hay un maremágnum de ideas cruzadas, superpuestas, que van dando vueltas unas sobre otras a la espera de la mejor cristalización posible que constituya el punto de partida.

Imagina un carrete de hilo. Hay un extremo de ese carrete, un lugar donde el hilo empieza. Pero a la hora de escribir algo nada empieza nunca. No es como ese hilo. Ese punto inicial donde te dices “aquí empieza esto” o “aquí hay algo” no es como ese inicio de un carrete de hilo. No exactamente.

Puede que tengas una idea para escribir una historia sobre un clan de magos que decide retirarse a un lugar solitario en las montañas para purificar su magia pero que los gobiernos de diferentes ciudades no quieren que se vayan, sino que quieren utilizar su magia a su favor en las luchas por conseguir el dominio del reino.

Posiblemente esa idea no surge así, tal cual. Hay otros hilos ahí entrelazados, hilos que se han ido uniendo y soltando. Tienes ideas sobre magos, sobre clanes de magos, pequeñas ideas que podrían conformar una historia o simplemente imágenes, destellos visuales. Por ejemplo, un mago en un templo en lo alto de la montaña mirando hacia las colinas y ciudades de abajo mientras piensa… algo. Hay varias ideas similares pululando por tu cabeza sobre gobiernos, luchas y el poder. Y lo que ocurre es que un día, quizás después de leer un anuncio sobre un retiro espiritual o tras oír una conversación casual en el autobús, se te ocurre unirlo todo. Quizás llevas tiempo escribiendo o pensando sobre cosas como qué sienten los magos cuando están solos, la disciplina y la magia, un posible código deontológico de magia… ideas que son “fijas” en tu mente, aunque se mueven, y agiten y vayan cambiando. Después de todo, un escritor es también más cosas y de todo eso que somos nos nutrimos para escribir.

Y entonces das forma a esas ideas, con principio y final, con personajes, con temas, con tramas. Algunas cosas se quedan dentro y otras se quedan fuera. Y escribes una historia en donde los magos deciden irse y alejarse del mundo para indagar en su propia magia. Es una idea concreta que recoge ese torbellino vivo de ideas, apreciaciones, emociones, etc., que giran y giran en tu cabeza.

Y así escribes una novela, un relato o un cuento. Y al hacerlo, lo abstracto se hace concreto. La red de temas e ideas se teje de forma más o menos lineal y tienes una historia.

Y a lo mejor resulta que no es tan buena como creías. A lo mejor quien la lee encuentra interesante la idea, pero no la novela. Mientras, el escritor sigue escribiendo (es el primero que siempre estará insatisfecho con lo que hace). Porque una vez escrito el libro, el tema del libro, las ideas, permanecen en la mente del escritor, no ha sido agotadas. Puedes volver a escribir sobre él y te das cuenta de que ese libro recién terminado no cubre todos los aspectos posibles.

Pero tal vez ya no leemos más de ese escritor o escritora. Porque no nos ha convencido.

¿Te ha pasado algo así? A mí sí. Y por eso vengo hoy a defender a los escritores diciendo que no debes juzgarles por su libro. Y de paso, me hago una pre-defensa a mí mismo de cara a futuras historias mías que leas.

Un libro es un mundo que forma parte de un universo mayor

Que un libro no te guste no es razón para no leer más de ese escritor. Tú me dirás que sí, y es cierto que yo lo he hecho. Deja que sea más específico.

Una cosa es que no te guste nada de un libro. Más que gustarte o no gustarte… que cuando al acabar lo cierres no haya ni un solo movimiento interior. El que sea. Si no lo hay… fin de la historia: la que has leído y la tuya con el escritor.

Pero…

No hay que juzgar a un autor por su libro.

Tal vez esto lo digo en parte por mí mismo, porque me adelanto a los acontecimientos y te digo “espera, ¿te has leído eso mío? Espera, hay más, mira, aquí hay otra cosa. Es que esa historia no termina de…”

Se supone que ese enganche ha de venir sólo de tu parte; vale que yo debo acercarme a ti y todo eso, pero si no te gusta lo que has leído… Pero pienso en eso, miro las historias que estoy creando, las ideas que tengo y por supuesto los temas se repiten, y sé que ningún libro por sí solo agota el tema ni lo expone en su totalidad.

Deja que te ponga un ejemplo para que entiendas mejor a qué me refiero.

Leí hace un tiempo La canción secreta del mundo, de Antonio Cotrina. Conocía el autor y las buenas referencias que tenía. Así que me decidí a leer algo suyo, y empecé con ese libro. Nada más empezarlo supe que había dado con algo bueno. Me recordaba los mundos creados por Clive Barker, Único Dios Verdadero. Esto de comparar y encontrar similitudes es algo muy normal para el cerebro: es el modo que tiene de dotar de sentido, establecer relaciones, conocer y aprender.

Que La canción secreta del mundo es una buena novela no solo te lo digo yo; también lo dicen, por ejemplo, todas estas personas en Goodreads.

Pues a pesar de su fabuloso inicio que me enganchó por completo, a pesar de los giros inesperados que tiene y que dices “esto-no-puede-estar-pasando”, estuve tentado de dejarlo varias veces. En algunos momentos, me ha costado mucho leer ese libro. ¿Por qué? Porque me resulta pesado que cada pocos párrafos, que en cada soliloquio del personaje se me recuerde una y otra vez su pasado, sus traumas, sus encrucijadas psicológicas que aunque son importantes me acaban cansando de leerlas demasiado seguido, demasiado frecuente.

¿Voy a leer algo más de Cotrina, entonces? ¡Por supuesto! ¿Cómo no iba a hacerlo?

Su mundo. La historia de La canción secreta del mundo es una maravilla. Sus giros, que son golpes que no te esperas y a duras penas puedes creer que de verdad esté pasando eso. Esos golpes maestros que da aquí y allá. Pero, ¿no estaba diciendo que me resultó un poco pesado de leer?

Bueno, sí, pero no importa. Tal vez incluso no fuese el libro sino yo, mi estado personal en el momento de leerlo. La verdad es que da igual: puede entrever gracias a ese libro que el modo de Cotrina de contar una historia, de ver el mundo y llevarlo a una novela, me gusta, me convence. Así que estoy deseando leer Las fuentes perdidas, y tengo en cas además el primer volumen de El ciclo de la luna roja.

Así que tengo un libro con varias cosas que no me han gustado, y tengo también un mundo -ese mismo libro- que me está diciendo algo de su autor, me muestra un poco de cómo ve el mundo, y entonces decido que a pesar de lo que no me ha gustado voy a seguir leyendo a ese autor. Que me pase igual con la siguiente obra suya que lea es algo que está por ver.

Porque estos juicios no dependen sólo de un libro, ni del primero.

Un mal libro lo tiene cualquiera

Algo similar ocurre cuando nos gusta todo lo que un escritor escribe, todo su universo personal y el modo que tiene de ver el mundo y reflejarlo en el papel, pero de pronto saca un libro que no nos gusta.

La hecatombe.

Algunos lectores pasan por toda una crisis. ¿Y ahora qué? ¿Me seguirá gustando lo que escriba? ¿He de leer los demás? ¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué este cambio? ¿Por qué no sigue escribiendo lo mismo que antes? Es decir, el mimo libro una y otra vez.

Te pongo otro ejemplo, esta vez con Clive Barker, Único Dios Verdadero, Alabado sea por Siempre. Su primer libro que leí fue Sortilegio. Muy poco después, Cabal. No fueron los primeros libros ni relatos que escribió. Se dio a conocer por sus relatos Libros de Sangre, relatos cortos de fantasía y horror. Su primera novela fue El juego de las maldiciones, que leí mucho después de haberme leído esos dos primeros que te he dicho, además de otros como El gran espectáculo secreto, ImajicaAbarat, Demonio de libro, Corazón condenado, El ladrón de días

Perdona, es que me pongo a hablar de Barker y no paro.

El juego de las maldiciones no me gustó mucho. A ver, me gustó porque me gusta Barker y me gusta el modo en que escribe. Me gustan los mundos que crea, cómo aborda y desarrolla la magia… todo. Pero si El juego de las maldiciones hubiera sido la primera novela de Barker… poco habría hecho a su favor para animarme a leer más. ¿Habría leído otros libros suyos? Es posible, pero quizás hubiese sido algo más reticente que si hubiese leído Sortilegio o Cabal en primer lugar.

Y esto es un poco algo distinto pero relacionado: digo que no debes juzgar a un autor por su libro, pero no me refiero al primer libro. Me refiero a cualquier libro.

En el caso de Barker, El juego de las maldiciones no me parece tan bueno como sortilegio, pero es de Barker. Como decía al principio, un libro no agota a un autor, y a veces cuando una historia está escrita y finalizada, nos damos cuenta de que no hemos puesto ahí todo lo que creíamos íbamos a poner, porque esa historia bebe de nuestra propia fuente al escribirlo, pero acaba desviándose para allá o para acá y cuando lo contemplamos decimos “no, falta algo”. Por tanto, cuando leemos el libro de alguien estamos asomándonos al mundo a través de sus ojos. Y estarás de acuerdo en que tu eres una persona compleja que no puede entenderse en una tarde ni en dos.

Pues un escritor igual. Un libro no te lo da a conocer por completo. Te muestra algo, a veces casi instintivo, y si conecta contigo entonces le sigues la pista, incluso aunque ese libro tenga algo que no te haya gustado.

A veces cuando un escritor saca un libro que se desvía un poco de los anteriores, o que es completamente distinto, nos sentimos defraudados, y tendemos a eliminar al autor de nuestra lista. Esta idea es algo que aceptamos con normalidad en el caso de pintores, escultores, incluso músicos (aunque con algo más de reticencia) Esa unión entre la evolución personal y las artes plásticas, la segunda como reflejo y expresión de la primera, o al contrario. Pero con los escritores, y un poco también con los cantantes o grupos, parece que tenemos una idea del escritor que se sienta y escribe siempre lo mismo y a nosotros nos va a gustar siempre lo que escriba. Pero esto no es así.

Libro que no has de leer, déjalo correr

Un escritor evoluciona, incluso aunque siga escribiendo sobre los mismos temas. Cada vez que crea algo nuevo (cuento, relato, novela) puede hacerlo con los mismos materiales de siempre o utilizar ideas y planteamientos totalmente nuevos. El resultado puede ser un libro que nos guste precisamente por ese cambio, o que nos decepcione por completo debido a ese cambio.

Como dice el budismo, el apego provoca sufrimiento. Nos apegamos a un autor porque nos gusta su obra y si la cambia sufrimos porque ya no tenemos aquello que nos hacía feliz. Al mismo tiempo, otros lectores puede que comiencen a interesarse en ese autor a raíz de ese libro que a ti no te ha gustado, y si les enseñas lo que ha escrito antes cabe la posibilidad de que no les guste, aunque a ti te parezcan muy buenos.

Un escritor, y escribir, es algo vivo, que cambia, crece y se transforma. En todo ese proceso podemos disfrutar con cada libro que un escritor escriba, pero también podemos escoger solo alguno de ellos. Sea lo que sea que hagamos, tengamos presente que al otro lado del libro hay una persona que se esfuerza en crear una historia finita, lineal, a partir de un movimiento infinito de ideas.

Y que haremos bien en no juzgarle solo a partir de uno de sus libros, en especial si hay algo en él que conecta con nosotros.

 

 


2 commentarios

Marian Ruiz · 27 abril, 2018 a las 07:18

¡Qué perdón difícil el que pides con tanto (bueno) como hay por leer! Me pasa con Murakami. ‘Kafka en la orilla’ me desesperó, quizá porque no hubo magia entre su estilo y lo que yo esperaba, pero no he vuelto a él. Los comentarios que he leído de su ‘De qué hablo cuando hablo de correr’ tampoco me han predispuesto a retomarlo. ¿Estaré siendo muy injusta? Ay… Alguien que haya disfrutado como un loco y de cuyo criterio me fíe tendría que convencerme. (Y todo puede ser y puede que entonces la magia…).

Un abrazo, Óscar.

    Óscar Iborra · 27 abril, 2018 a las 08:23

    ¡Hola, Marian!

    Si, es verdad que es un perdón un poco difícil. La primera impresión, la que dicen que es la que cuenta, sigue siendo por mi experiencia personal (dentro y fuera de los libros) digna de confianza. Una buena brújula. Luego están esas veces en las que estoy leyendo algo y lo lanzo a la otra punta de la habitación… pero me quedo un rato como los gatos: haciendo como que lo ignoro pero mirándolo de reojo. Pero también te digo que cuando vuelvo y lo intento de nuevo, o con otro libro del mismo autor, lo normal es que lo lance al otro extremo de la calle. Aún así predico sin el ejemplo porque cuando algo nos toca de un libro, aunque el libro no nos guste, quizás haya que arrimarse un poquito a ese autor. Pero que conste yo tengo autores a los que he dado segundas oportunidades… y ni una más se van a llevar. Y con otros no me ha hecho falta una segunda para tenerlo claro.
    ¡Ay, Murakami! Tengo su libro de relatos “El elefante desaparece”, porque tenía curiosidad por leer algo de este autor, no tanto por él mismo sino por su fama y su eco. Y me decidí por estos relatos porque me parecían de fantasía. Pero claro, ya sabemos que los autores serios no escriben fantasía 🙂
    Muchas gracias por comentar. Un honor y un placer que te pases por aquí.
    Un abrazo.

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