Estoy leyendo Mientras escribo, de Stephen King. El otro día lo dije por Twitter, para regocijo de mis 44 seguidores. ¡Que no se pierdan un detalle de mi día a día!

Pero lo que no les dije es que además de parecerme un libro muy bueno, mientras lo leía no podía evitar pensar: «ojalá lo hubiese leído hace años«.

Y luego he pensado que tal vez haya sido mejor leerlo ahora.

Una segunda oportunidad para Stephen King

Leí Salem’s Slot cuando era un adolescente esperando que hubiera vampiros por doquier, pero – si no recuerdo mal – no aparecen hasta la mitad del libro. Mientras, eso sí, te sabías al dedillo la vida de todos los personajes del pueblo. Pero yo quería vampiros, no la vida de la gente del pueblo. Quería que les chuparan la sangre, no saber nada sobre qué pensaban, cómo había sido su infancia mientras desayunaban aquellos cereales de la caja amarilla con el dibujo de un conejo que sonreía saludando con la mano mientras su madre fregaba los platos mirando por la ventana… en fin, Stephen King. No me gustaba mucho el libro, la verdad.

Pero su libro Mientras escribo es genial. Estoy absolutamente enganchado. Qué cosas, ¿no? Así que quizás tendré que volver a leer algo de King. También leí It, y el del coche, cuyo nombre no recuerdo… ¿Christine? Podría buscarlo en Google, pero prefiero mostrar una sana ignorancia que una falsa seguridad. Bueno, es mentira, pero queda bien. Tal y como empieza Mientras escribo:

“Lo mejor es ser sincero” (Proverbio).

“Los mentirosos medran” (Anónimo)

El mejor momento para este libro

Mientras escribo se publicó en el 2000. Ojalá lo hubiera leído en aquél momento, pero por desgracia mi experiencia previa con los libros de King me impedía acercarme a ningún otro libro suyo, y este en concreto ni lo conocía. Lo leo ahora y pienso qué diferente hubiera sido todo de haberlo leído en su momento. Pero, ¿cuál  se supone que es ese momento?

Yo había acabado Psicología en 1998, y estaba absolutamente desamparado en lo que a Psicología se refería  (y a más cosas). La facultad me había enseñado mucho, pero no todo me parecía interesante.

Andaba buscando por mi cuenta caminos de psicología transpersonal, meditación, espiritualidad, y por otro lado buscando y aprendiendo sobre parapsicología científica. No escribía, pero aún leía, aunque no recuerdo exactamente qué. Recuerdo haber leído El Ocho, de Katherine Neville, por esas fechas, en el último año de carrera. También recuerdo tomar un analgésico para el dolor de cabeza y poder seguir leyendo: lo leí en unos días, varias horas cada día.

Pero volvamos al tema. Debí leer Mientras Escribo en aquél momento. Me hubiera ayudado, seguro. Estaba lo bastante sensible como para aceptar cualquier mensaje con cierto significado para mí, razón por la cual estuve años vagando por el mundo de la pseudo-espiritualidad y la gilipollez más absoluta, confundiendo, sin saberlo, la basura con la calidad, perdido completamente y deseando ver la luz de cualquier faro, algo a lo que agarrarme, alguien que me dijera qué hacer.

Quizás por eso me fascinan los faros. Una película, por mala que sea, que tenga un faro, ya me engancha. Un libro donde salga un faro, igual. Me encantan: me imagino arriba en lo alto, solo, viendo el horizonte, con unas escaleras de caracol. ¿He dicho ya lo de estar solo, verdad?

Si hubiera leído ese libro entonces, quizás hubiese retomado la escritura en ese momento. Porque me gusta lo que dice King, y cómo lo dice. Pero también hay una trampa aquí: en este momento de mi vida resuena mucho lo que dice King, ¿Hubiese tenido el mismo efecto en mí en el año 2000? Mi situación era muy distinta. Quién sabe.

Hay mucho consejo suelto por ahí

Desde que he retomado la escritura leo muchos blogs de gente que escribe, da consejos, guías y ayuda para los escritores. He aprendido mucho de ellos, pero llega un momento – así lo siento yo – en que o sigues oyendo los consejos y vuelves al punto de inicio, es decir, no escribir porque estás “aprendiendo”, o te pones a escribir y pasas de tanto consejo, al menos por un tiempo.

Los consejos y sugerencias de unos y otros son a veces contradictorios. Eso no me importa. No me gustan las cosmogonías completas y perfectas donde todo esta explicado y encajado, ya sean consejos de escritura, modelos de psicología o series de televisión (me gustó mucho LOST, aunque no explicaran la mitad de las cosas; soy de los que puede vivir con ello) Prefiero diez mapas a uno solo, aunque sea mas difícil hallar el camino. Supongo que soy un explorador, no un viajero.

Los mapas están bien, pero al final tienes que hacerte el tuyo propio, porque si viajas con los mapas de otros llegas a donde ellos han llegado.

Una de las cosas que dicen esos blogs de los que he hablado antes es que hay que ser visible en Internet. Y aquí estoy yo con este blog y una cuenta de Twitter con 44 seguidores. No me malinterpretéis, doy gracias por todos esos consejos en la red. Pero tampoco puedes estar continuamente pendiente del mapa sin levantar la vista y ver el paisaje, sin fijarte en donde estás.

Acabo de recordar que también leí, de Stephen King, Cementerio de animales. Ese me gustó. Y seguro que he leído más de King, que ahora no recuerdo. Quien sabe, de haber seguido leyendo sus libros habría dado con Mientras escribo.

Pero es ahora cuando lo estoy leyendo, y quizás sea el mejor momento.

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