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fantasía, misterio y oscuridad literaria

El miedo a la magia en las novelas de fantasía

La magia es un elemento imprescindible en una historia de fantasía mágica. A ti te gusta la magia, no lo dudo. Pero creo que también tienes miedo a la magia y tal vez no lo sepas. Te cuento tres razones por las que creo que puede ser así. Tal vez no tengas miedo tú, pero sí quien escribe historias con magia e incorpora alguna de ellas.

Las reglas de la magia

Abres tu novela de fantasía y magia y lo primero que encuentras, aparte del mapa (no tengo nada en contra de los mapas ni lo tendré nunca) es un esquema sobre el sistema de magia. O tal vez esté al final.

Quien dice un esquema dice una tesis doctoral. Un manual detallado de cómo se produce la magia exactamente: si muerdes un trozo de madera podrás comunicarte con los árboles, pero con cuidado de no masticarla demasiado tiempo no sea que eches raíces y ya no puedas moverte. O que te haga vulnerable al fuego.

Si cantas en Do sostenido puedes manejar el viento, pero eso hace que tu enemigo pueda cantar en La menor  (no tengo ni idea de música, que conste) lo cual puede hacer que, no sé, te duermas.

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Reglas (básicas) de la magia de cualquier novela de fantasía.

La magia tiene causas y consecuencias, pero eso no es lo mismo que tener reglas. O no debe serlo. No es lo mimo que el que uses la magia de las Piedras Rojas Antiguas requiera años de tu vida como precio (la magia la obtienes de las piedras y pagas un precio, perder años de vida) que tener que dar 57 golpes sobre un palo de madera de cerezo de tres pulgadas exactas de largo para obtener el poder del control mental de tus enemigos.

¿Qué obtienes con las reglas? Control.

Controlar la magia

Control sobre la magia, algo que de por sí trasciende el mundo natural. Pero si tomando determinados metales disueltos en agua o dando un determinado número de palmadas consigues poner esa magia a tu servicio, consigues obtener y manejar un poder, estás dominando la magia.

Y si la dominas, si la subyugas, ya no tienes por qué temerla.

Recuerda: en las reglas de la magia siempre se deja espacio para que algo falle y el protagonista descubra una regla de orden superior, o nueva regla. Es el modo de sortear lo que no puede ignorarse: la magia es una fuerza viva que da miedo y que queremos manejar con las riendas de las reglas.

La magia «no debe resolver nada»: deus ex magia

Esto es en realidad otra de las reglas. Y parece ser que una regla muy importante: la magia no debe solucionar nada; ha de hacerlo el protagonista.

No importa si el protagonista lo hace con magia: de algún modo, en mi opinión poco especificado, es el protagonista, y no la magia, quien debe resolver el conflicto.

Es una variación de deus ex machina; en este caso, deus ex magia. Es decir, nada de que las cosas se arreglen porque «lo hizo un mago», o explicar esto o aquello porque «lo hizo un mago».

A la magia se le permite causar problemas o incluso ser el problema en sí, pero no la solución.

Cuando el protagonista resuelve el conflicto, derrota al villano, etc., es su acción lo que importa, aunque haya hecho magia.  Las cosas no deben resolverse «por arte de magia».

Aunque por supuesto, hecha la regla, hecha la trampa. Dentro de las propias leyes de la magia existe un resquicio por el cual se puede «subir de nivel», es decir, se puede de pronto, en un total deus ex magia, alcanzar un nuevo nivel, poder o alcance de la magia reglada que llevamos leyendo todo el libro y que hace que el personaje pueda derrotar a su enemigo.

Este nueva magia trae su propia regla, claro. Si antes necesitabas llevar una bufanda morada para poder lanzar un ataque mágico a otro personaje (y una verde para sanarle), el protagonista descubre (deus ex magia) que si ata una bufanda morada y una verde de un modo determinado (cosa que descubre por casualidad o porque una las piezas sueltas diseminadas en los libros y leyendas antiguas que ha ido recopilando -esto es, deus ex magia-) entonces no sólo puede atacar a la persona sino además transmutar su energía. O lo que sea.

¡Que la magia no se desborde!

¿Por qué creo que esto es otro modo de tener miedo a la magia? Por un lado, me parece otro ejemplo de necesidad de control. La magia debe ser doblegada a cualquier precio, y ese precio es supeditarla a la acción del protagonista, aunque utilice magia para resolver un conflicto.

Por otro lado, creo que es miedo a lo irracional. No me refiero a la falta de coherencia interna, es decir, no me refiero al deus ex machina. El deus ex magia es negar que la magia puede ser algo que está más allá de nuestro control. Puede ser la causa del conflicto de la novela, puede ser parte de ese conflicto, pero también puede ser la solución. ¿Y qué ocurriría entonces?

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Imagina, tan sólo por un momento, que la magia estuviera fuera del control de todos los personajes…

Que los personajes transitarían un viaje del héroe extraño, viaje interruptus. Serían sólo «gente a la que les pasan cosas y deben llevarlo como puedan, hacer lo que puedan y tal vez o encontrarle sentido». A veces ocurren cosas sin sentido, sin más. Existe la incertidumbre. Repito: no confundir esto con la falta de coherencia en la historia o errores al narrar fantasía.

Es ser capaces de contemplar que el héroe, el protagonista puede verse arrollado por una resolución mágica, ser espectador de la magia en lugar de utilizarla; vivirla en lugar de manejarla. La idea renacentista del ser humano como medida de todas las cosas se filtra también en el uso que se hace de la magia en las novelas de fantasía: está a medida y servicio de lo humano.

La magia no es suficiente: varitas, bastones y demás utensilios

Creo que tanto este punto como el anterior merecen ser ampliados y tratados por separado, cada uno con una entrada propia. Por el momento me limito a esbozar ambos.

Esta idea de que la magia no es suficiente ya la he expuesto antes. En general, la idea es la de formas que veo que existen para coartar o castrar a la magia.

Nunca me ha gustado el uso de varitas para hacer magia. Sí, las varitas de Harry Potter son una maravilla (el fin de semana pasado en un mercadillo medieval hubiera comprado todas las que había). La razón por la que no me gusta es simple: porque sin ellas, el mago no puede hacer magia.

Fíjate la diferencia. Hacer en lugar de tener. Si un mago tiene magia, ¿por qué necesita una varita o bastón para hacer magia? SI no la tiene sino que la hace, entonces ¿cuál es el papel del la varita? Es más, ¿qué es de verdad lo que hace o tiene un mago? ¿Posee magia o sabe hacer magia… con un palito?

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Tengo una varita y sé usarla (me he leído todos los libros de arriba)

¿Qué hay de malo en que el mago sólo necesite su mente para hacer magia? Que sólo le baste con mover su manos, por ejemplo. La respuesta la sé: que si hay varita, o bastón, o hechizo que debe pronunciar, estamos limitando al magia, esto es, estamos aplicando un sistema de magia. Estamos usando reglas. Y así evitamos que el mago sea todopoderoso y que pueda resolverlo todo cómo y cuándo quiera. Evitamos el deus ex magia.

Escritor ex magia

Pero si construimos un mundo repleto de magia donde dejamos al menos un mínimo margen de incertidumbre a la magia, incluso el mago que no necesite varita, bastones, brazaletes, pociones, hechizos, cantos… puede ser vulnerable. Puede perder. Puede seguir descubriendo cosas de la magia. Y eso no es sacarse las cosas de la manga. No es un deus ex magia, sino un escritor ex magia; alguien que está detrás hilando con cuidado para que la historia funcione, a pesar de todo.

Varitas, conjuros, bastones, etc., son intermediarios en definitiva. Pueden verse como elementos que dificultan el acceso a la magia al personaje y así hace la historia más interesante. No estoy del todo de acuerdo. Sí lo comparto y reconozco su validez, pero creo que detrás hay mucho más. Hay miedo a no poder manejar una historia donde la magia se desborde.

Fíjate que «los malos», «el lado oscuro», siempre ofrece la promesa de una magia mayor, sin límites. Mayor que la magia que el personaje, en el lado de los buenos, tiene en ese momento. En esta dualidad entre el Bien y el Mal, se asocia el Bien con ese uso comedido de la magia, limitado, coartado. Magia hecha a la medida del ser humano y se nos hace hincapié en que esa es la opción correcta, la buena.

El Bien, en definitiva.

Pero «los malos» nos siguen tentando y atrayendo, por algo será. Quizás ese uso «oscuro» y «malvado» de la magia implique otro tipo de reglas o de normas, más internad, morales o psicológicas, no lo sé. Es otra idea a explorar en futuras entradas.

Por ahora, ¿qué opinas? ¿Crees que también son señales de miedo a la magia? O tal vez son cosas mías.

 

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2 Comentarios

  1. Buenas,

    Creo que más que miedo es fascinación lo que puede generar la magia. A mi me encanta también la magia en los libros de fantasía, pero no me da la sensación de miedo. Si es cierto que ha de ser algo que supere a los personajes y como las tormentas a campo abierto, crear un grado de inseguridad a los que viven en ese mundo y pueda marcar la diferencia frente a los que la manejan, pero miedo per se, no lo entiendo. Otra cuestión es la utilización por parte de los magos de esa magia, ahí si que puede haber miedo pero ya esa magia está teñida por las intenciones de los practicantes.

    • Óscar Iborra

      26 abril, 2019 at 10:43

      Hola, Sergio.
      Justo esta mañana estaba pensando en el título de la entrada y que tal vez sea un poco equívoco: en la entrada me refiero al miedo a la magia en el sentido de «miedo» a utilizarla como elemento en las historias por parte del autor. Las normas, el uso que se le da en la trama y lo de utilizar varitas serían tres ejemplos de un modo de hacer la magia «más manejable» en la historia, pero sobre todo para quien la escribe (y en parte también para quién la lee).

      Me gusta la palabra que usas, «fascinación». Y creo que esa palabra va más con la idea de la entrada. Cuando dices lo de «crear inseguridad a los que viven en ese mundo», eso es lo que quiero decir: que a veces parece que elementos como los sistemas de magia cumplen una función que es mantener la magia dentro de unos límites para que no se desborde de las manos del autor.

      Sí, creo que tal vez haya que arreglar algo en el título de la entrada o retomar el tema del temor y la fascinación hacia la magia por parte de los personajes. ¡Gracias por el apunte!

      Un saludo!

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