Llevo tiempo con borradores a cuestas sobre una entrada acerca de la magia. Porque me gusta la magia. Cuando intento enmarca lo que escribo en algún género siempre acabo pensando “fantasía mágica”; la magia está presente, no puede faltar.

Si el cuerpo te pide magia, magia le tienes que dar.

Quise publicar en su momento una entrada sobre magia que tenía pensada hace tiempo, pero por esto y aquello al final acabé hablando de otra cosa. Pero ahora sí ha llegado el momento de hablar de algunas reflexiones personales sobre la magia, reflexiones subjetivas a partir de las historias, películas y juegos que he leído, visto y jugado, junto con ideas propias que me gustaría plasmar en las historias que estoy escribiendo.

No soy un experto en magia (¿existe tal cosa?) He leído libros con magia y libros sin magia (en todos los sentidos) No recuerdo el momento exacto cuando la magia llegó a mí o yo a ella. Recuerdo la serie de dibujos animadoDragones y mazmorras“tú el bárbaro, tú el arquero, acróbata, magos, y el caballero”. Años después, ya estudiando la carrera, jugué varias partidas a HeroQuest o a otro juego de rol parecido (lo sé, un desastre de documentación histórica)  En cualquier caso, como dice Clive Barker en Sortilegio: “en ese momento ―por falta de otro mejor― esta historia adquiere alas”.

Magia y debilidad física

Recuerdo dos cosas básicas de esas partidas. La primera, que me encantó el juego tanto si era personaje o era el master. Cuando me tocó crear a mí la partida, los jugadores tenían que rescatar a un personaje y salvarlo, y cuando por fin llegaban a la última sala de todo el tablero… allí tampoco estaba: estaba escondido en una cámara secreta tras una estantería, y tenían que luchar contra la estantería, o sea, derribarla. Por cada golpe que daban, según lo que saliera en el dado, la estantería soltaba astillas que podían causar +1 de daño a los personajes. Mis amigos alucinaron. Yo más.

Lo que me mosqueó y mucho fue el personaje del mago de ese juego, personaje al que me lancé de cabeza cuando tocó elegir. ¿Qué por qué me enfadé?

Porque el mago era un personaje físicamente débil. Porque mientras a los demás les podía morder un troll o recibir hostias de esqueletos, al mago como le diera una corriente de aire se moría. Y morí, varias veces. Era un nivel 1 de juego (algo así recuerdo; pido perdón a los jugadores de rol por lo mal que me estoy expresando), no podía hacer grandes hechizos, no podía usar casi armas porque tenía menos fuerza que un monigote de papel… pero eso sí, era la figurita más flipante de todas, con su mano alzada y su capa ondeando.

Pero mi papel se reducía a ir detrás, con cuidado, y con suerte hacía algo de magia, pero a distancia. Siempre a distancia. También he de decir que no era ni de lejos, ni de muy lejos, un buen jugador.

Me pregunté: ¿por qué la magia ha de ir asociada a la debilidad física? No digo que sea siempre así, pero he encontrado esa tendencia con bastante frecuencia desde entonces. Aunque hay también magos fuertes y acrobáticos, no lo dudo.

Por un lado la idea es atractiva: magia frente a fuerza física. Con el tiempo he ido leyendo novelas e historias, y jugando a videojuegos donde esta especie de dicotomía ha desaparecido: puedes ser un mago y estar cachas y dar tortas cuando se te acaba la magia. O aunque no se te haya acabado. O a la vez.

Separar la magia de la fuerza física puede ofrecer interesantes vías para contar historias sobre la magia. ¿Estás dispuesto a ese sacrificio? A tener magia pero no habilidad de lucha, por ejemplo. Pasar de un lado (cual sea) al otro. Imagina la historia de Ghanna, una hábil guerrera que decide – o se ve forzada – a pasarse de la lucha cuerpo a cuerpo a la magia y para ello debe desaprender lo que ha aprendido sobre combate, porque interfiere en el aprendizaje y ejecución de la magia.

Yo ya la estoy imaginando. De hecho, esa idea existe y está en una libreta en mi cajón.

Esa imagen del mago débil cada vez la veo menos, pero me sigue interesando y perturbando por igual, porque ¿es más interesante ser un mago poderoso a cambio de una fuerza física menor? En teoría, dedicas más tiempo a aprender magia y menos a manejar espadas o hachas, más tiempo a hacer hechizos y menos al combate físico. Aunque claro que puedes hacer las dos cosas.

Puedo estar equivocado de pleno, pero siempre me ha parecido que existía una especie de asociación implícita entre magia y debilidad, y aunque no sea real,  ¿puede dar juego para historias cautivadoras, para planteamientos novedosos sobre la magia?

¿O hacemos como en el videojuego Skyrim, donde puedes tener nivel de magia de destrucción 100, magia de sanación 100 y manejo de armas a dos manos 100? ¿Ganan los personajes, y la historia, si sacrificamos una parte en pro de la otra? ¿O todo mejora con la práctica, como en Skyrim, donde mejorar en un nivel no es impedimento para mejorar en otro?

Y hablando de Skyrim…

Aprende, practica y repite

En Skyrim tu personaje empieza con nivel 1 en las diferentes habilidades (herrería, alquimia, arquería, armadura ligera, sanación…), salvo en algunas que empiezan con un nivel algo más alto en función de la raza elegida. Esto es común a otros muchos juegos similares.

Tiene su lógica. Vas aprendiendo. Hacia arriba. Practicas y subes de nivel. Fuera del mundo de los juegos, en las novelas e historias encontramos al típico aprendiz. Da igual que sea un elegido (otro elegido más; a este paso todos seremos el elegido algún día) como que sea un no-elegido, la cuestión es que el proceso de adquirir y manejar magia va siempre hacia arriba, ascendente. Suele incluir ese momento en el que el mago tiene un enfrentamiento o desafío que hace su magia crezca repentinamente o alcance un nivel superior de golpe, un momento transformador, que en ocasiones acaba con el aprendiz superando al maestro. Este arco de magia creciente es típico. Y suele acabar en lo previsible.

¿Podemos variar esto?

Una de las historias que tengo en el cajón ―en algún cajón― es sobre magia, sobre magos, pero no sobre magos que empiezan desde cero. Aprender magia está sobrevalorado. ¿Qué tal desaprender? ¿Qué tal no poder aprenderla, y aguantarse con que sea algo impredecible, una fuerza que no podemos controlar ni manejar? No me extiendo más aquí porque esta idea la voy a desarrollar más en la entrada de la próxima semana. Aquí basta con señalar esto: la magia va de abajo arriba, con un mentor que te guía y una bruja mala a la que derrotar y…

Espera, que esa es otra.

Los magos van de azul, las magas de rosa

Ya he hablado en otras ocasiones del blog de Nicola Alter. Tiene una entrada titulada ¿Dónde están todas las mentoras mágicas femeninas? En ella comenta que le cuesta trabajo encontrar historias donde el mentor de ese mago aprendiz no sea ni hombre ni anciano.

No claves las uñas en la silla ni te enerves mientras una vocecita clama en tu cabeza diciendo “¡pero es que son arquetipos!”. Sí, pero nada dura para siempre; todo cambia, así que una sacudida de arquetipos tampoco es tan descabellado. Pero esta idea la dejo para otro día, que si no me lío y me extiendo mucho.

Nicola Alter dice que ha leído muchos libros con protagonistas femeninas y que esperaba encontrar en algunos de ellos alguna bruja, hechicera o maga con el papel o la responsabilidad de ser mentora. En su artículo hace una lista de algunos tipos de personajes que podrían encajar en ese rol, aunque ninguna de ellas le satisface por completo: hay videntes (pero normalmente son figuras de consulta puntual), brujas malvadas (fáciles de encontrar en las historias de fantasía pero que acaban siendo casi siempre antagonistas del protagonista más que mentoras; y aunque menciona algunas excepciones, en su opinión no son lo que ella busca: una mentora femenina), profesoras(pero que no llegan a ser el mentor más prominente de la historia) y la madre tierra(una especie de fuerza o diosa, más que una mentora en sí)

“encontrar una mentora mágica para rivalizar con Gandalf o Dumbledore, es decir, una importante, positiva, inspiradora y real guía de impresionante poder mágico, fue mucho más difícil de lo que había anticipado.” (Nicola Alter)

Sin embargo nombra algunas excepciones que puedes consultar en su entrada: El prisma negro, de Brent Week, y Pequeños hombres libres, de Terry Prachett.”

Seguro que hay libros donde aparecen mentoras femeninas. Si conoces alguno, dímelo en comentarios, o díselo a la propia Nicola. El simbolismo asociado a lo masculino y femenino sigue vigente. Los magos masculinos son los mentores, el arquetipo del hombre sabio, la fuerza que promueve a la acción; las magas son las fuerzas de videncia, de secretos ocultos, de quietud y reposo, de lo oculto, de lo oscuro. Si echas un vistazo a las cartas del tarot de Marsella encontrarás imágenes que repiten estas mismas ideas, por ejemplo.

Y aprovechando que Nicola menciona a Gandalf…

Gandalf: cuando eres mago pero casi ni se nota

Gandalf es un mago. Evoluciona, de gris a blanco, tras el incidente en… bueno, si has leído El señor de los anillos  sabes a qué me refiero, y si no, ya te he hecho bastante spoiler. De nuevo tenemos la magia como camino ascendente vertical.

Cuando leí El señor de los anillos me encantó Gandalf, por supuesto. Magos, siempre magos. Además me gustaba cómo desaparecía de la historia a hacer sus cosas secretas y luego volvía, aunque lo pasaba mal cada vez que se iba y estaba deseando que volviera. En definitiva, deseaba que la historia hablara sobre él, sobre el mago, sobre la magia.

Y recuerdo otra cosa: deseaba página tras página que Gandalf hiciera brotar rayos de su bastón, o que volara, o no sé… algo. Magia. ¿Cuántas veces hace magia Gandalf en El señor de los anillos?

Pues como no estaba seguro, lo busqué en Google. Así tal cual, esa pregunta.

El séptimo resultado, un foro de Meristation, decía esto:  ¿Es Gandalf un mago de mierda? Las respuestas en el foro son tremendas: “por fin alguien lo dice”“no es un mago, es un brujo”; otra persona añade que “sabe pegar muy bien con el bastón”; otro dice que no es un mago que vaya por ahí “lanzando conjuritos”, que “no es un mago de rol”.

Y eso del bastón y los bastonazos me sirve para hablar de otra impresión que tengo con frecuencia: que la magia por sí sola no es suficiente.

Cuando la magia no es suficiente

Esta es una de las cosas que más me perturba.

No sé por qué digo “perturba”; en realidad me irrita. Pero supongo que también me perturba un poco.

A veces tengo la sensación de que parece que la magia por sí sola no es suficiente. En realidad es más que una sensación. Por ejemplo, en Skyrim, el videojuego del que hablaba antes, yo soy mago, pero llevo al menos una daga por si acaso. ¿Por si acaso, qué? Por si acaso la magia no es suficiente.

Pero no es suficiente ¿en qué sentido?

En el juego está claro: se refiere a la batalla, a llevar una daga “por si acaso”. Pero a lo que yo quiero apuntar es a la sensación, totalmente personal y subjetiva, de que parece que la magia, por ella misma, no es suficiente para una trama, una novela.

No estoy diciendo que yo lo piense, que no lo pienso en absoluto: estoy convencido de que la magia es tema por sí sola más que suficiente para una historia; estoy diciendo que es una impresión vaga y abstracta que recibo al leer sobre fantasía y magia. La impresión de que si hay magia, debe haber “algo” más. No sé si ese “más” son las armas, no sé si son otros elementos en la trama… pero como que la magia no llega nunca a superar el papel de un accesorio. Brillante, sí, pero accesorio. Da igual el worldbuilding, da igual el sistema de magia. No hablo de eso, ni de reglas de magia… aunque de eso hablaré en la siguiente entrada.

Una frase mía es nunca hay suficiente magia. Creo que se me ocurrió justo por eso mismo, por esa sensación de que la magia se ve limitada en las historias.  Como si no le bastara a ella sola para ser el tema principal. Como si fuera un eterno personaje secundario o un coprotagonista… junto con una espada, por ejemplo.

¡Chantatachán!

Final de truco, final de la entrada. Ahora es cuando te hago alguna pregunta para que te animes a comentar y todo eso. Y además es que de verdad me interesa: ¿qué crees que queda por explorar en la magia respecto a las novelas? ¿Hay cosas que no terminen de gustarte? ¿Qué impresiones tienes tú al respecto?

Una pregunta que han sido tres. ¡Magia!

 

Categorías: Fantasía

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