Lo masculino y femenino en fantasía

masculino y femenino en fantasía

Lo masculino y femenino en fantasía es uno de esos pares de opuestos que habrás encontrado más de una vez, como la luz y la oscuridad, la noche y el día, el bien y el mal, el héroe y el villano…

No son exclusivos de la fantasía. El juego de opuestos está presente en casi todas las historias, de un modo u otro, creando tensión en la narración.

Como psicólogo he investigado el tema de los opuestos y quiero contarte mi impresiones, en especial su uso a la hora de construir y narrar una historia. Se me ocurren varios opuestos que podemos repasar en varias entradas, y hoy vamos a comenzar con lo masculino y lo femenino en fantasía.

Los opuestos y el cerebro: amor a primera vista

Opuestos: nuestro cerebro los adora. Nuestra mente organiza el mundo a su alrededor de maravilla gracias a los opuestos, en especial cuando uno mismo es uno de esos polos: yo/tú; yo/no yo; yo/otros. Y también más específicos, como: yo/racistas; yo/avariciosos; yo/débiles; yo/agresivos, etc. Se ve el juego de los opuestos, ¿verdad? Por un lado yo, y por otro, lo que no soy yo.

¡Qué forma tan sencilla y efectiva de dar sentido al mundo! Están los buenos y los malos (y casi seguro estamos en el grupo de los buenos); están los egoístas y los generosos (y quizás estamos en el de los egoístas, porque la vida nos ha hecho así, o en el de los generosos, porque somos ángeles en la Tierra).

Pero siempre en un lado o en el otro. Al menos, cuando la situación se lleva a un extremo. Ya hablaba una vez que el gris es el color de la fantasía, en realidad: ni blancos ni negros.

Pero te aseguro que esta clasificación en polos opuestos -y excluyentes- es un “modo por defecto” de funcionamiento.

Mira esta imagen y dime: ¿cuál de las dos figuras es “kiki” y cuál es “bouba”?

opuestos kiki bouba

La inmensa mayoría de la población (un 90%) llama “kiki” a la figura con forma de estrella y “bouba” a la otra, a la que tiene forma de ameba. Esto es un efecto muy conocido en psicología y explicado en términos de sinestesia y/o ideaestesia. Sobre este tema, más ampliado, hice mi tesis.

A la que, por el respeto que te tengo, no te voy a poner un enlace.

Pero aunque no te voy a contar mi tesis, sí te puedo decir que este “fenómeno kiki/bouba” es, en mi opinión, un interesante reflejo del modo que tiene el cerebro de organizar la información mediante polos opuestos.

¿Eres tú mi príncipe azul que yo soñé…?

En todas las culturas hay determinadas expectativas sobre los hombres y las mujeres. Se basan casi por completo en factores como el sexo o la tradición, lo cual implica una exclusividad de lo binario: masculino y femenino, hombre y mujer. En nuestra sociedad, por desgracia, todavía sobreviven demasiados remanentes de esas “tradiciones”, como dar por supuesto que las mujeres tengan ciertos comportamientos y los hombres otros distintos. El azul y el rosa, ¿te suena, verdad?

Normalmente, lo femenino se asocia con lo receptivo, la tierra, lo fértil (elementos directamente relacionados con las cualidades reproductivas y de gestación), lo nutriente (funciones de la madre que da el pecho), la intuición, etc. Por contra (porque así funcionan los opuestos: contrarios siempre; si no, no sirven) lo masculino es la acción, el fuego, la dirección, lo duro e inflexible, lo rígido (de nuevo claras alusiones a lo sexual).

Un ejemplo donde se manifiesta lo masculino y femenino en fantasía es en los personajes del príncipe y la princesa.

Con todas estas tradiciones y asunciones, es normal que el cuento del príncipe rescatando a la princesa del castillo, vigilado casi siempre por un dragón o bicho similar, acabe cansando por ser una muestra y repetición de roles de género: “siempre se repite la misma historia”. Surgen entonces historias iguales pero inversas, donde las princesas rescatan a los caballeros, o donde las princesas no son rescatadas y el príncipe puede irse al cine si quiere, que aquí no pinta nada.

Cambia la forma, pero la esencia es la misma.

Detrás del príncipe (masculino) que rescata a la princesa (femenino) está el símbolo de la unión de dos opuestos, las cualidades “masculinas” y “femeninas”. Da igual por tanto si es la princesa la que rescata al príncipe, en términos de simbología. La historia aquí es que hay dos polos, dos cualidades psicológicas diferentes que se unen y complementan: acción/pereza; acción/reflexión; emoción/razón; rigidez/flexibilidad.

Y no importa si es el protagonista masculino el que es duro, cruel y decidido y la protagonista femenina la dulce y reservada, o si es al revés. Poco importa si es una princesa guerrera y un hombre más calmado. La cosa es que se habla de una polaridad. Y la historia busca complementar ambos elementos. Lo hace uniendo a dos personajes, muchas veces a lo largo de una tensión romántica/sexual, pero no necesariamente siempre de ese modo.

Princesa en su caballo, príncipe en su castillo… y como amigos

Puedes revertir los papeles y tener una princesa que acude en su brioso corcel (no se puede hablar de príncipes y princesas sin mencionar briosos corceles) a rescatar al príncipe que está en el castillo. Tampoco esto es ninguna novedad. Por ejemplo, los personajes de Vin y Elend de Nacidos de la Bruma, de Brandon Sanderson. Vin es “la masculina”: lucha, pelea, guerrera, poco interesada en faldas y cosas de la corte (que son “típicas cosas de mujeres”), y Elend, el noble que prefiere pasar su tiempo entre libros, dialogando, debatiendo, buscando soluciones mediante la palabra y la razón (actitudes “típicas” de mujeres en un contexto medieval o de fantasía con ambientación medieval)

Da igual el tipo de personaje. Da igual quién esté en el castillo y quién monte a caballo. Representan dos polos cuanto más opuestos mejor para que la cosa funcione. Y en torno a ellos  se mueve toda la historia.

Pero esos polos no deben acabar necesariamente, como decía antes, en boda o romance de algún tipo. De hecho, el romance no es condición indispensable. Nicola Alter habla en su blog sobre “Protagonistas platónicos: ¿pueden el héroe y la heroína ser solo amigos?“. Ilustra la entrada con una foto de Harry Potter y Hermione Granger, pero pone más ejemplos de situaciones similares.

Ánima y animus: Jung y los arquetipos

Para hablar de Jung hace falta mucho más tiempo; esto es solo un apunte. Sus ideas de arquetipos son muy útiles para hablar de los opuestos, y en general para hacer un análisis de los personajes de fantasía y de los personajes de ficción en general.

Jung diferenciaba entre un inconsciente personal y otro colectivo. El inconsciente colectivo estaría compuesto por todos los símbolos e ideas expresadas a lo largo de todo el mundo en las diferentes culturas, y los símbolos universales, por tanto, formarían parte de él. El inconsciente colectivo haría referencia a la parte de cada inconsciente personal que es común a todos los seres humanos.

Para Jung, los contenidos del inconsciente colectivo son los arquetipos: una tendencia innata (no aprendida) a experimentar las cosas de una determinada manera. Para comprender los arquetipos debemos hacerlo mediante los símbolos, no a través de una comprensión lógica e intelectual.

Dos de esos arquetipos nos interesan ahora para lo que estamos hablando: ánimaanimus.

El ánima sería el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres, y el animus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Formas habituales de representar o personificar el ánima serían: una chica joven, una bruja o la misma Madre Tierra. Sería una persona intuitiva y emotiva. Formas habituales para personificar el animus serían el viejo sabio o el guerrero. Personajes lógicos y dirigidos a la acción más que a la reflexión.

Pero que el ánima y el animus, como arquetipos, deban ser encarnados en personajes femeninos y masculinos respectivamente, no es una Ley Escrita, y por suerte nos la podemos saltar. Vuelvo con el ejemplo de Vin y Elend (Nacidos de la Bruma): ella es la actúa sin pensar, y él el reflexivo y emotivo.

Masculino y femenino: símbolos, no personas

Ya sea que la historia tenga su príncipe a caballo y su princesa en la torre, ya sea que haya solo una princesa guerrera, o una pastora que se harta de todo y coge la primera espada que pilla y se va a rebanar cabezas; ya sea que no haya princesas sino una mujer de mediana edad que parte en busca de una magia olvidada, o un anciano que decide buscar modos de reconstruir el reino tras una tragedia; ya sea un joven locuelo que zarpa en busca de dragones y una capitana de barco que persigue un secreto…

Lo masculino y lo femenino como símbolo, más allá de hombre y mujer, representa un juego de opuestos que pueden acabar complementándose, o no. Eso lo decide el autor.

Y esa unión de opuestos, en efecto, puede tener muchos modos de lograrse, sin necesidad de bodas, sexo, besos ni siquiera tensión sexual, erótica o romántica de ningún tipo.

Hay más opuestos y arquetipos que repasar y que aparecen en las historias de fantasía, pero eso será para futuras entradas. Por ahora, si tienes algún comentario que decir sobre lo masculino y femenino en fantasía, estaré encantado de leerlo.

 

 

 

 

2 Replies to “Lo masculino y femenino en fantasía”

  1. Una dinámica distinta que haga de la polarización algo nuevo, sí, por favor. Aunque el grado de condicionamiento que tenemos es brutal. Más allá de que una historia de amor potente nos hipnotiza (si está bien contada y no es un almíbar intragable), echo de menos historias potentes que indaguen en aspectos menos trillados de la condición humana. Aunque me temo que la extrema superficialidad y las urgencias con que vivimos terminen haciéndonos incompetentes del todo para menesteres así. En fin, pero nunca se sabe; no perdamos la esperanza…

    Nicola Alter se ha dejado a Mulder y Scully, por cierto. 😉

    Gracias por indagar y destilar. Un abrazo, Óscar.

    1. Hola, Marian.

      Lo que me gusta esa frase de “aspectos menos trillados de la condición humana”. Tomo nota.

      No recuerdo qué director del Hollywood de antes dijo algo como “las únicas buenas historias que merecen ser contadas son las de amor”. Claro que eran otros tiempos, y el almíbar rezumaba por cada juntura. No creo yo que las únicas historias que merezcan ser contadas sean esas. Aunque lo mismo al final todo gira en torno al amor, y lo que hace falta es estirar y replantearnos qué es ese “amor” en cada caso; no hablo de tríos, relaciones abiertas y demás cosas similares; amor por ejemplo como atracción de algo hacia algo, siendo esos algos a saber qué cosas. O como el deseo de tener, experimentar o destruir algo, quien sabe.

      Sí, es cierto: se ha dejado a Mulder y Scully, cuya tensión sexual sin consumar daba esa vidilla de fondo a la serie. Y acabo de acordarme de otra serie más antigua donde ocurría algo similar: Luz de Luna. En esas series, en esas historias, nos gusta ese juego de pares opuestos y en el fondo queremos que triunfe el amor y se besen aún sabiendo que ya no será nada igual; de hecho, probablemente peor. Pero aún así lo queremos. Qué cosas, ¿no?

      Y una propina 😉 Otra serie que acaba de venirme a la mente: Remington Steele (modernas todas, como puedes ver)

      Un abrazo!

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