Una regla escrita cuando lees sobre escribir es la transformación del personaje. Sea quien sea el protagonista deberá acabar siendo alguien diferente al final de la novela. Y no sólo en novelas: también películas o series.

Se presupone (alguien, en alguna parte según parece, lo ha dicho así) que los lectores queremos que el personaje cambie a lo largo de la trama. Que haya una transformación.

¿De verdad es necesario?

En una novela pasan cosas

La trama de una novela son las cosas que pasan en la historia. Si toda la novela transcurre con la protagonista sentada en un banco del parque, qué menos que sus diatribas mentales sean lo bastante interesantes como para acabar el libro.

En una novela, en una historia, pasan cosas. Si no pasara nada, no sería un relato, claro. Como mucho, una descripción. Pero no sólo pasan cosas, sino que esas cosas que pasan deben cumplir una serie de normas:

  • Deben ser interesantes. Esto es obvio, aunque sean meros pensamientos como los de la mujer del parque de arriba, sus pensamientos girarán en torno a cuestiones que nos enganchen, no sobre la lista de la compra (que no, no es interesante nunca)
  • Deben ser imprevistos para el lector. Algo que no veamos venir, que nos sorprenda y nos anime a seguir leyendo. Giros argumentales de todo tipo, quiebros y requiebros. Aunque a base de tantos giros, y de ver los mismos giros una y otra vez, acabamos a veces por desarrollar un umbral de sorpresa demasiado alto.
  • Deben crear problemas al protagonista para que tenga lugar su aprendizaje y transformación. Esta es la condición estrella, de la que quiero hablar en esta entrada. Es compatible con las dos anteriores, y de hecho es mucho mejor (según dicen los consejos de escritura) si van juntas: pasan cosas: cosas interesantes, cosas inesperadas, cosas que provocan un cambio en el personaje.

Cosas que se lleva el viento

Hace casi un año, pensando sobre esto mismo, publiqué este tuit:

la-transformación-del-personaje

Después de haberme leído el libro, hace como veinticinco años, y haber visto la película (Lo que el viento se llevó) tantas veces que me sé diálogos enteros, puedo afirmar que Scarlett O’Hara no cambia a lo largo de las cientos de páginas de la novela.

Ni a lo largo de las cuatro horas de película.

Y mira que le pasan cosas. Cosas como las que decía antes: interesantes, imprevistas y que le causan problemas.

Si has leído el libro o visto la película es muy probable que no pienses igual que yo. La Scarlett de la segunda parte de la historia es diferente a la de la primera. Y sí, lo es. Pero en el fondo, el personaje se mantiene intacto, acabando como empezó, pensando que “después de todo, mañana será otro día”.

Lo que sí cambia es todo el Sur; de hecho, creo que el protagonista auténtico de la novela es el Sur y no Scarlett. Cambian las costumbres, las tradiciones, la forma de pensar y actuar, las ideas… Hay cambios sociales y económicos y la gente debe adaptarse a ellos o sucumbir.

Justo lo que se pretende en una novela. Que pasen cosas que transformen al personaje.

Pero, en mi opinión, Scarlett triunfa no porque cambie, sino porque, precisamente, no cambia: sigue siendo cabezota, egoísta y presuntuosa.

Sí, otra vez el viaje del héroe como la transformación del personaje

El arco del personaje, como nos cuentan en Literautas, es la transformación del punto de vista de ese personaje. El viaje del héroe es el Arco, con mayúsculas, por excelencia en las novelas de fantasía. La transformación del personaje a través de las doce etapas adaptadas a partir de la obra de Campbell. Veamos si podemos conceptualizarlo de un modo diferente.

Ponemos al personaje en el medio. Y ahora le lanzamos decenas de “cosas”: pruebas, peligros, dudas, enemigos… y también aliados, mentores, y si hace falta alguna ayuda por pura casualidad.

Como resultado de esto parece inevitable que el personaje, cundo llegue al final y todo acabe, haya sufrido la transformación que culmina la historia: el gran aprendizaje, la gran lección. La vuelta a casa gloriosa.

Pero igualmente válido es un viaje del héroe, o cualquier periplo aunque no siga esa estructura, en la que el personaje se mantenga firme en sus convicciones, en su posición. Que a pesar de lo que ocurra llegue a la última invicto.

Sin embargo, al escribir sobre esto, no puedo evitar sentir un “algo” abstracto, una extraña sensación como de que “algo no está completo”. ¿Por qué? ¿Soy el único o te ocurre a ti también?

¿Es posible que tengamos un sesgo a este respecto? Es decir, que consideremos una historia peor que otra si no vemos una clara transformación del personaje, o al menos si esa transformación no es exterior y evidente, sino interior y sutil.

Tal vez esta apreciación, en el caso de que sea acertada o útil (que son dos cosas distintas e independientes) sólo vale para las novelas de fantasía y, dentro de ellas, para las de fantasía épica o algún subgénero de los muchos que hay.

Se me ocurre una cosa: ¿puedes imaginar a Scarlett O’Hara como personaje de una historia de fantasía, viviendo un viaje del héroe? ¿Qué saldría de ahí?

Que todo cambie para que todo siga igual

Tenemos, por tanto, una “norma” que dicta la transformación del personaje. Pero al mismo tiempo a veces nos sentimos decepcionados si el cambio no es como nosotros queremos.

Porque queremos que les pasen cosas a los personajes y que los personajes reaccionen (y por tanto, cambien) pero el resultado final de esa transformación, además, tiene que gustarnos.

Y si no nos gusta, nos sentimos frustrados. Decepcionados. Tristes porque el escritor o los guionistas no han sabido “hacer evolucionar al personaje”.

Entonces la pregunta es: el protagonista, ¿debe cambiar? ¿O debe cambiar para que sea lo que yo quiero que sea?

Si es lo segundo, ¿el autor transforma al personaje para satisfacer mi necesidad o gusto? Es decir, para satisfacer al lector. Y si tenemos en cuenta que cada género tiene su tipo de lector objetivo (su público) entonces, ¿la transformación del personaje viene marcada ya por ti mismo, lector?

Esto es, se escribe lo que tú quieres leer para que estés contento al mismo tiempo que te quejas porque todos los arcos son iguales, todos los personajes son iguales. ¿Es posible que esto esté ocurriendo, de algún modo?

Por eso nos gusta un personaje diferente, uno que se sale del arco típico de cambio y transformación del personaje. Alguien que no aprende. Un mal aprendiz, o un mal maestro (dos temas sobre los que planeo escribir aquí en futuras entradas)

Y así estamos, creo. A caballo entre que todo cambie para ser diferentes al mismo tiempo que no queremos cualquier cambio, sino el que nos gusta a nosotros.

¿Tal vez por eso seguimos leyendo, una y otra vez?

 

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