Nada Empieza Nunca

Fantasía, misterio y oscuridad literaria

La pureza del héroe: la renovación que buscamos

El héroe o heroína es la espina dorsal de las historias de fantasía, en especial fantasía épica.  Y un elemento que encuentro con frecuencia en ese tipo de historias es algo que voy a denominar la pureza del héroe.

No me refiero a que el personaje sea de un linaje sagrado o un hijo de magos: no es una pureza de raza o estirpe. Es más una especie de tabula rasa

Si has leído algo del blog habrás visto que llevo un par de entradas dedicadas al viaje del héroe. En el momento de escribir esto ya he hablado de dos etapas: la primera, el mundo ordinario, y la segunda, la llamada de la aventura.

Al revisar esas dos es cuando ha surgido la idea de la pureza del héroe. ¿Y qué es esa pureza? Pues se me ocurre que existen al menos dos tipos o dos modos de alcanzarla. O quizás dos momentos en la narración.

Pero antes de hablarte de ellos intentaré explicar mejor a qué quiero referirme con lo de la pureza del héroe.

La pureza del héroe: una tabula rasa esperando la impronta

Seguro que conoces el término tabula rasa (tabla rasa). Hace referencia a algo sobre lo que no hay ninguna impresión, ninguna impronta: una superficie carente de marcas, en su sentido literal. A nivel simbólico, representaría un alma, una mente o una persona que no ha sufrido contacto ni experiencia con el mundo ni sus semejantes.

Vale que esa segunda definición es de mi cosecha, pero para mi propósito es mucho más poética y funciona mejor que la imagen de una tablilla de barro sobre la que nadie ha dibujado nada con un palito.

Borrón y héroe nuevo

Tabula rasa tiene también otro significado, relacionado con el anterior. Es el que se le da en frases como “hacer tabula rasa”, es decir, olvidar lo que ha pasado hasta entonces respecto a algún hecho (una relación, un conflicto, una historia) y aceptar que todo empieza, como si fuera un nuevo inicio, en ese instante.

Esa idea de un nuevo comienzo, un punto de inicio o restauración “limpio” se materializa al menos en dos opciones durante la historia, que además no son excluyentes. El héroe puede partir con una pureza al inicio de la aventura o bien puede alcanzarla, como una especie de recompensa buscada o no, al final.

Pureza de inicio y pureza de final

Si tomamos la idea de la pureza del héroe como un punto de partida o de final, tenemos una historia que se mueve en círculos. Como todas las historias, quizás. ¿Qué pasa cuando acaba a novela y los personajes contemplan desde la torre de su castillo el paisaje, con todos los problemas acabados? ¿Qué pasa al día siguiente? Pues una nueva aventura.

Solo que casi nunca se cuenta lo que pasa al día siguiente. O bien es una historia que parte, precisamente, a partir del día después.

Así, con esta especie de avance en espiral, este Ouroboros que se muerde la cola, el personaje puede iniciar su aventura -y nosotros la novela- desde una posición “pura” al inicio, o pueden pasar cientos de páginas hasta que alcanza esa pureza, o transformación.

En ambos casos, son un punto de inicio.

Harry Potter y el Trauma Generacional

Un ejemplo de pureza inicial es el personaje huérfano, abandonado, noble y altruista. No importa lo mal que le haya tratado la vida en los pocos años que lleva en ella, si se trata de un niño: hay algo noble y puro en él. Algo que no puede mancharse, que resiste incólume a todo lo malo que le pasa.

Ese lugar sagrado se utiliza como último bastión psicológico durante la historia. En la dualidad héroe y villano, hay un momento en el que el malo de la historia parece que gana la batalla: es justo cuando logra “ensuciar” esa pureza interior del héroe. Cuando utiliza un secreto contra el protagonista para despojarle de toda motivación o ganas de luchar.

Cuando, sin usar armas ni hechizos, planta la semilla de la destrucción dentro del personaje.

Harry Potter representa ese tipo de pureza. Al principio de la saga vemos cómo vive y cómo es tratado, y sin embargo es capaz de mantener su pureza intacta. Es noble, soporta lo que le sucede. Ese escenario es perfecto para que nos inunde la rabia y queramos que pase algo para que la situación cambie.

¿Por qué?

Nuestro niño interior

Es lógico que nos enfademos ante la situación que Harry vive en casa de sus tíos. Pero esa conexión con el personaje va más allá de una reacción normal ante algo injusto. Harry es también el símbolo de alguien que no está donde le corresponde, que no pertenece al lugar en el que está. Alguien que tiene “algo más”. Abandono, soledad, no ser entendido…

Emociones e ideas propias de casi todos los niños (y adolescentes), incluso aquellos que no se han criado viviendo en el hueco de la escalera.

Esa conexión emocional con nuestro yo infantil o adolescente nos transporta de inmediato a un punto de partida limpio, a un momento en el tiempo (o fuera de él) en el que nuestra alma sigue siendo noble. Por eso es tan importante que leamos novelas juveniles siendo adultos. Necesitamos reconectar con ese punto de partida, con esa pureza.

En las novelas de fantasía adultas, el personaje parte también de esa pureza cuando inicia el viaje del héroe. Un entorno pastoril, una ignorancia sobre lo que queda por venir, un rechazo a todo lo malvado del mundo (reyes, nobles, guerras…) son la marca de la pureza inicial.

Pero no todos los personajes poseen ese aura de “buenismo” y de inocencia al principio. O si la tienen, no es tan obvia. No importa: puede alcanzarse esa pureza más adelante en la historia.

Redención, divino tesoro

En el viaje del héroe existe un momento en el que el personaje alcanza la meta buscada y también la que no buscaba. Se hace con el tesoro y mata al malo, pero también se produce una renovación interior que no estaba detallada en el contrato.

A veces esa renovación interior es paralela a la exterior: la protagonista acaba con la bruja malvada y se convierte en la nueva reina. “Quítate tú que me pongo yo”.

Esa semilla que te decía antes, la que el villano logra sembrar en el interior más puro del héroe, suele ser el desencadenante de esta transformación. No es necesario que sea el villano quien la plante ahí: vale con las propias acciones de la narración, la suma de los encuentros e interacciones con otros personajes, los secretos desvelados en el último momento.

Cualquiera de esos elementos o todos juntos hacen que se inicie un proceso de cambio que transporta al héroe desde una posición moral y psicológica a otra distinta; de hecho, puede que hasta opuesta.

“Yo soy tu padre”

Es la muerte simbólica que devuelve al personaje renacido, purificado.

Algunos héroes buscan esa renovación por voluntad propia, pero lo hacen movidos por un deseo de redimirse de algo que han hecho, o que ha hecho su familia. Sin embargo, la transformación que alcanzan es más de lo que andaban buscando, y no tiene nada que ver con devolver al honor a la familia, por ejemplo.

Buscando una meta, alcanzan otra diferente. Trascienden el propósito original que hizo que comenzaran la aventura.

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En otras ocasiones, los héroes no buscaban ningún tipo de cambio, trascendencia o transformación, y simplemente se encuentran con ello. Un acontecimiento que los hace avanzar en la espiral narrativa hasta un nuevo punto de partida. O mejor dicho, que convierte el lugar en el que están en un nuevo punto de partida.

Sea al inicio, en medio o al final, existe una tendencia a conducirnos hacia esa pureza del héroe, que en definitiva es la nuestra propia. Si no la que tenemos, o sentimos que tenemos, sí la que queremos alcanzar, la que sabemos que está ahí, agazapada en alguna parte de nuestra psique.

Tal vez en el hueco de la escalera.

Pureza oscura

Pero…

¿Esto es siempre así? Tal vez no.

No puedo evitar pensar en las historias de fantasía más oscuras o en las novelas grimdark. O en cualquier otra donde esta pureza pueda presentarse de un modo diferente.

la-pureza-del-heroe

Sin embargo no puedo desarrollar mucho esta idea en este tipo de historias, porque no he leído lo suficiente de grimdark como para hacerme una idea al respecto. Para esta parte, necesito explorar más este género. O pedirte tu opinión si tú las conoces.

La pureza del héroe de la que hablo no tiene por qué ser un elemento obligatorio. De hecho, tal vez ni sea real, y sea solo una idea. Mantenerse caminando entre las sombras, interiores y exteriores, es tan real como todo lo demás. E igual de atractivo (por no decir más atractivo).

En este contexto, ¿podríamos seguir hablando de pureza? ¿Tal vez de otro tipo de pureza?

Una pureza oscura.

¿Qué opinas?

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4 Comentarios

  1. “Crujen los nudillos”. Tos seca, tos seca.
    Bueno, lo primero es lo primero. Me encantan estas reflexiones. Desde luego hay que reconocerte el currazo que te pegas con estos artículos.
    Lo de la pureza del héroe es casi un cliché del género, aunque más bien creo que se trata de un “tropo”. Es algo habitual, el protagonista comienza, igual que el lector, en un desconocimiento absoluta. Esa tabula rasa es lo que lo hace que el lector no sienta que el escritor juega con ventaja. Yo, por ejemplo, en Blackwood le hice trampa al lector, lo dejo en mitad de una situación complicada, con un personaje que lleva mucho “equipaje” y el lector no sabe exactamente qué ha pasado. Eso me permite mostrar un personaje que, al contrario no es puro.
    Este tipo de historias, de alguna forma, son la contrapartida a los dramas griegos. Estos personajes se definen a sí mismos mediante sus acciones, empiezan puros y siguen un camino recto; una especie de mejora personal. Los personajes clásicos no son capaces de liberarse del destino, son víctimas de sí mismos en la mayoría de los casos. Ahí tenemos al pobre Edipo Rey. Él también empieza siendo un personaje puro, pero cada decisión que toma lo acerca más y más a ese final terrible e inevitable, hasta que asesina a su padre… El viaje del héroe moderno y su pureza son la contrapartida de estas tragedias clásicas.
    Supongo que no hace falta que te lo diga, pero yo prefiero un millón de veces lo nuestro. Me encantan las tragedias, me encantan los héroes clásicos. Como ejemplo, Aquiles a quién su madre le implora que no vaya a la guerra, que solo ve “sombras”, pero él está decidido a que la historia lo recuerde y, orgulloso como es por ser invencible, acompaña al ejercito a Troya y allí muere.
    Y no hace falta irnos tan lejos. El bardo inmortal también tergiversa este viaje. Hamlet o McBeth son ejemplos de esto. Ambos son personajes puros que tuercen el camino por las decisiones que van tomando. En el caso de McBeth son terribles, engañado por su mujer. Hamlet sella su propio destino. Es cierto que estas obras están algo exageradas y en ellas “moría hasta el apuntador”, pero creo que son un buen ejemplo del viaje del héroe hacia la impureza o hacia el destino trágico.
    En fin, no te mareo más con mis idas de olla. Aunque te dejo un reto (jeje), ¿qué te parece un artículo sobre estas tragedias clásicas? Ahí tienes dónde rascar y tampoco estaría mal recuperar algo que culturalmente nos pertenece más que los enanos y los elfos 😛

    • “pongo los ojos en blanco cuando crujes los nudillos, porque me da repelús”

      Aquí tus idas de olla son más que bienvenidas, y lo sabes. Encantado de que comentes porque con cada comentario aprendo mucho. Algún día recopilaré tus comentarios y los publicaré como una entrada; por supuesto, sin citarte ni hacer mención alguna a tu nombre. Como mucho usaré aquello de “una vez me dijo un amigo..”, que queda muy bohemio.

      El reto de las tragedias clásicas suena genial; pero no sé yo si estaré a la altura… Cuando estudiaba psicología leí varias novelas de Hamlet: Macbeth, Otelo, Como gustéis, Coriolano, El rey Liar… (las cosas que leía yo entre los 18 y los 23 años) Ese camino cuesta abajo hacia la tragedia final era a veces exasperante, porque ves (como en los dramas griegos que mencionas) como la historia va tomando un rumbo hacia un final trágico y horrendo, pero que se podría evitar si los personajes se pararan un momento a pensar. Al menos, esa es mi impresión: que caminan por inercia, que cada paso que dan hacia el truculento final lo hacen sin reflexionar. Y lo que empieza bien (puro) y que podría haber acabado bien, pues se va por otro sendero.

      Y luego hay otra cosa que me fascina: la redención. No sé si viene de la tradición judeocristiana del arrepentimiento y el perdón. Y es que el cristianismo nos ha dado grandes cosas: el sentimiento de culpa que machaca la vida de tanta gente, una iconoclastia que da mucho juego, a Madonna… 🙂 Esa historia en la que hay un villano, un malvado que quieres que sufra grandes tormentos y muera, pero que como nos muestre el escritor esa parte “humana” que hay en él… estamos perdidos, porque ya pasamos a una metaposición en al que lo “entendemos” y más aún, nos encanta. Y si no pasa eso, y no recibe su castigo sino que se redime, pues se nos queda el cuerpo raro porque nos falta algo. Sí, la redención es algo curioso. Puede que de para una entrada y todo 🙂

      Gracias por comentar, y repito que aquí tus idas de olla son aceptada sin traba alguna.

      Un abrazo!

  2. Excelente ensayo como siempre, Óscar. Si quieres seguir ahondando en el tema de los héroes y de cómo esa psicología de la pureza o de lo heroico sigue calando hasta nuestros días -incluso en el Grimdark- puedes leer un libro de Karl Kerenyi que se llama “Los héroes de los griegos”. Creo que la traducción es de Jaime López Sans, por si la consigues por allí. También puedes hacerte con “Diálogos con Leucó” de Roberto Calasso.

    Un abrazo, mi estimado.

    • Óscar Iborra

      6 marzo, 2019 at 17:57

      Hola, Miguel!

      Pues sí, creo que merece la pena ahondar en lo de la pureza, y en especial en el Grimdark ya que no he leído mucho (por no decir nada) de ese género. Sólo leí “Medio Rey”, de Abercrombie, y no me gustó nada, aunque por lo que he ido leyendo luego acerca de su obra, creo que elegí algo “poco Grimdark”.

      Gracias por la recomendación de libros. A este paso la lista de referencias aumenta y aumenta, y que conste que no me quejo. No sé si dará tiempo a leerlo todo, pero es bueno saber dónde ir a mirar.

      Un abrazo!

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