Gris: ¿el color de la fantasía?

fantasía grisLas historias de fantasía nos hablan de fuerzas opuestas, de polos encontrados. El bien contra el mal, la luz contra la oscuridad. Ambos extremos crean un mundo de grises en donde conviven atributos de los diferentes polos que nos recuerdan que el gris es el color de la realidad… y de la fantasía.

Caótico neutral bueno de la casa Slythenclaw

El otro día estaba hablando con una persona sobre las casas de Hogwarts. La conversación salió porque yo llevaba mi gorro de Slytherin, regalo de navidades, y él decía que no “me veía” Slytherin, que me veía más bien Ravenclaw, o Hufflepuff… o algo “entre medias”.

Por si no conoces el universo de Harry Potter (novelas o películas) te cuento que es un niño mago que estudia en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, en donde los alumnos pertenecen a una de cuatro casas diferentes, cada cual correspondiente a un mago fundador del colegio. El modo en que un alumno es adjudicado a cada casa depende de la decisión del Sombrero Seleccionador, un artilugio mágico que según las cualidades de cada alumno lo asigna a una de las casas, aquella con la que tenga más afinidad o donde pueda desarrollar mejor sus cualidades.

Las cuatro casas y sus atributos relacionados son:

Slytherin: gente que utiliza cualquier medio para lograr sus fines, inventiva, determinación, ambición, astucia.

Gryffindor: coraje, valor, honor, osadía, caballerosidad, no se dan por vencidos, les encantan los retos, ven en cada obstáculo una forma de demostrar lo que son realmente.

Hufflepuff: justos, leales, trabajadores, pacientes, tolerantes, honrados.

Ravenclaw: inteligencia, curiosidad, sabiduría, individualismo creatividad.

Y ahora una pregunta, una que si eres fan de Harry Potter ya te habrás hecho y respondido: ¿qué casa quieres tú? ¿Cuál es la que más te gusta, con la que más te identificas?

Déjame adivinar tu respuesta. Puede que lo tengas muy claro, pero es muy probable que hayas dicho algo así como “en principio con X, pero también tengo cosas de Y”. ¿Me equivoco?

Al principio del post hablaba de polos opuestos. Las casas de magia de Harry Potter son un ejemplo de cuatro polos, o perfiles. Es decir, que no hace falta limitarse a dos extremos (opuestos) sino que podemos explorar diferentes perfiles que al no ser dos no se presentan como opuestos, pero al menos sí como excluyentes.

Y podemos ir más allá de cuatro.

Caótico, neutral, bueno… Imagino que lo conoces, pero por si no, me estoy refiriendo a alineamiento: una característica que está presente principalmente en los juegos de rol basados en Dungeons and Dragons (Mazmorras y Dragones). El alineamiento hace referencia a la perspectiva moral y ética de los personajes, es decir, nos dice cómo son. Tan imitado como evitado en otros juegos y creación de personajes, este tipo de clasificación de personalidad, o muy similares, siguen estando presentes de modo más o menos implícito.

“El alineamiento es la forma en la que el personaje en cuestión se mueve o interactúa (sobre todo en un sentido social) en el mundo de la historia”. Hidalga Erenas (Realidades Alternarrativas)

El alineamiento se produce sobre dos ejes: ético y moral. El eje ético es el relacionado con las leyes y normas sociales. El eje moral es el relacionado con la empatía del personaje. Cada eje tiene tres variantes.

En el eje ético encontramos: legal (personajes del lado de las leyes y normas sociales, las cuales procuran cumplir siempre), neutral (personajes que cumple las leyes o no, según considere) y caótico (personajes que se saltan las leyes de forma sistemática).

En el eje moral tenemos: bueno (personaje que busca hacer el bien), neutral (personaje que no se posiciona, lo mismo hace el bien que el mal) y malvado (personaje que busca hacer el mal)

Al combinar las tres variantes de un eje con las de otro, resultan los nueve tipos de alineamiento: legal bueno, legal neutral, legal malvado, etc. Cada cual presenta unas características, que puedes consultar aquí.

Y de nuevo te pregunto ¿cuál eres tú? Y aunque puede que elijas uno sin dudar, estoy seguro de que vuelves a responder algo similar a la pregunta anterior: que eres “este” básicamente… pero también un poco de “ese”.

En mi caso, sería neutral absoluto (neutral neutral), aunque un poco de caos no va mal, o sea que caótico neutral; pero me gusta hacer el bien, así que neutral bueno, pero también…

Y así puedo estar un buen rato sin llegar a elegir. Y seguro que tú también. Cuando tenemos a un personaje que puede encajar en una de estas variantes podemos sentir aprecio por él o ella, identificarnos o rechazarlo. O, lo más probable, sentir una mezcla de sentimientos de modo que nos guste “así en general” pero luego haya algunos aspectos concretos que “nos encanten” o no nos gusten en absoluto porque no “terminan de cuadrar” con el personaje.

En parte esto puede ocurrir porque nos identificamos con las partes de ese personaje que nos gustan y rechazamos las otras, y al hacer esto “convertimos” eso que nos gusta en el polo blanco y lo que no, en el polo negro. Pero ambos son, en realidad, grises.

Por muchas subdivisiones que haya en términos de moral y/o personalidad, nunca parece suficiente porque la realidad nos ofrece un continuo que no podemos replicar simplemente aumentando el número de subtipos. Y así florecen personajes grises, ni blancos ni negros absolutos.

Gris multicolor

Buscando y leyendo sobre el tema de lo gris en fantasía he encontrado opiniones y planteamientos interesantes, muchos de los cuales se asemejan a mi visión personal y otros incluso plantean cuestiones en las que yo no había pensado.

Una idea en la que muchos coinciden es que los personajes grises, o con moralidad gris, son más realistas. General Rincewind, en el foro de Web Fiction Guide, opina que:

“(…) el realismo no es el único objetivo y algunas veces no es deseable. Todos quieren verse a sí mismos como un Caballero de Brillante Armadura y quieren libros que les den cosas buenas. La realidad es aburrida, deprimente y despreciable a veces, y estos libros les ayudan a escapar, además de lograr un equilibrio con los libros realistas”.

¿Es tal vez una cuestión de edad? Los personajes buenos buenísimos y malos malísimos son propios de los cuentos infantiles y tal vez de las novelas juveniles, aunque esto sería generalizar demasiado, y creo que las generalizaciones casi siempre restan más de lo que aportan. Sobre el tema de la fantasía juvenil o adolescente (me niego en redondo a usar el término “young adult”), Braise Corvin señala:

“Me he dado cuenta de que el género “young adult” es el lugar donde de verdad brillan los personajes simples. A los lectores jóvenes parecen gustarles este tipo de personajes. (…) Como adulto, ahora me identifico más con personajes grises. No significa que no disfrute de personajes que son puros de espíritu o villanos con bigote retorcido – ellos tienen también su lugar. Pero la gente real normalmente no es tan simple.”

La idea me parece interesante aunque dar por sentado que los lectores de juvenil quieran personajes más prototipos frente a personajes más grises puede ser, como he dicho, una generalización. Sin olvidar que los personajes blancos y negros, los extremos, en el fondo son arquetipos y los arquetipos siguen siendo elementos poderosos que movilizan varias capas de nuestra psique.

En línea con la cuestión de la edad de los lectores y la madurez, encuentro por ahí una misma idea expresada de varios modos: que los personajes grises o la moralidad gris es más propia de novelas adultas y además muestra algún tipo de evolución en el género, como una especie de progreso. J. Ander dice que no lo ve como un signo de progreso, sino sólo como otro tipo de ficción fantástica. Añade que cuando oye a alguien hablando de fantasía diciendo que toda trata sobre personajes buenos/malos en sentido extremo y de que falta algo más de personalidad gris, piensa que en realidad “esa persona no ha leído otro tipo de fantasía y que incluso no quiere leerla.”

Todas estas cuestiones me hacen pensar que hay una trinidad de elementos básicos a este respecto: los extremos y todo lo que queda en medio.

La trinidad moral en fantasía: blanco, negro y gris.

Siguiendo con la metáfora del color, blanco y negro son los polos del extremo. Aunque nos resulte simplista y artificial, y no nos identifiquemos totalmente con ninguno de los dos, son necesarios no sólo por ellos mismos sino porque hacen surgir toda la gama intermedia de grises. Y los grises nos gustan, porque al igual que nosotros no son ni blanco ni negro por completo.

Hemos visto que esos extremos, esos prototipos, no tienen por qué ser dos de manera obligada. La dualidad es la estructura más básica, pero pueden ser cuatro, como las casas de Hogwarts. O nueve, como los alineamientos. O doce, como los signos del Zodiaco. Y aunque haya más y más divisiones posibles, lo que buscamos es el gris entre una opción y otra. Queremos el malo que tiene un punto de bueno, cosa que según todo consejo de escritura que se precie, debe tener tu villano si quieres que sea realista, creíble. Aunque sea un gris más cercano del blanco o del negro:

“No hace falta que los héroes o los villanos sean 100% blancos o negros, buenos o malos, pero se pueden buscar modos de hacer personajes tridimensionales y aún así alinearlos en un polo o en otro”. (Adam Bolander)

Queremos ese gris también dentro de los personajes. Que el protagonista tenga una lucha interna entre partes suyas en conflicto, incluso aunque sea un perfecto caballero de brillante armadura o un malvado malísimo. Ese conflicto interno es un elemento dinamizador de la historia, ofrece a posibilidad de la transformación del personaje (que por alguna razón parece algo absolutamente necesario). Pero tal vez sea algo más que eso, algo más que un simple recurso para dar acción a la historia.

Quizás es que queremos intencionadamente lo gris. Queremos ser dignos de Gryffindor porque somos valientes, y que nos acepten en Hufflepuff porque somos honrados, y somos inteligentes y nos gustaría entrar en Ravenclaw, y deseamos conseguir lo que queremos a toda costa, como sea, y nos sentimos atraídos hacia Slytherin. Y hacer una elección, entrar en una casa, te priva de las demás.

Pero no podemos ser ningún tipo de gris si no existen un blanco y un negro claros, puros, definidos. Esos extremos pueden ser personajes, pero no necesariamente. Uno de los polos puede ser un personaje y el otro un tipo de sociedad. O dos tipos de magia. Dos tradiciones. O el blanco o negro encarnados por el protagonista, y la gama de grises reflejada por personajes secundarios. Hay numerosas combinaciones en las que esta trinidad puede presentarse, incluso con esos blancos y negros implícitos mientras que los grises se hacen explícitos en los personajes.

Quizás la cuestión a este respecto es más sobre dónde y cuándo utilizar personajes grises y personajes blancos o negros. Por ejemplo, en palabras de Jim Zoetewey:

“Generalmente adopto el enfoque de “poner el personaje correcto en la historia correcta”. Algunas configuraciones y tramas solo funcionan con personajes con moralidad “gris”. Esto también es cierto a la inversa. Del mismo modo, si tienes un grupo de personajes, un personaje con moral gris hará que tanto los personajes más morales como el “gris” se destaquen mejor. Además, agregará tensión y conflicto.”

En definitiva, lo gris destaca si hay blanco y negro. Si no lo hay, todo es gris. Nada destaca sobre nada. Necesitamos los legales buenos y los caóticos neutrales para apreciar a los que no encajan en esas categorías. Necesitamos Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Huffelpuff para que haya estudiantes de magia — o lectores de las aventuras de esos estudiantes — que son aceptados en una casa de magos… aunque también podrían haber entrado en otra.

Aprovechando que hablan Parsel, por ejemplo.

 

 

 

2 Replies to “Gris: ¿el color de la fantasía?”

  1. A mí me pasa algo parecido con las casas de Hogwarts: soy mayormente Ravenclaw por mi curiosidad y fascinación por los libros, pero tengo la ambición de un Slytherin. El hecho de que las divisiones entre casas no sean totalmente rígidas (el sombrero dudó de si incluir a Hermione en Gryffindor o Ravenclaw) hace que la historia adquiera matices más profundos.

    1. Hola, Miguel,

      Exacto. Las dudas del sombrero reflejan la realidad de que difícilmente se puede adjudicar a todos los estudiantes a sus casas con total precisión, como lo que comentas del caso de Hermione.

      Más allá de Harry Potter, la idea es la misma, ese matiz del que hablas: no importa cuántas opciones, alineamientos, tipologías, etc., pueda haber: son elementos rígidos y excluyentes, y la naturaleza humana es más difusa y cambiante. Pero precisamente ayudan a identificarnos – en nuestra propia mezcla e individualidad – al darnos una serie de opciones (casas, en este caso) y “obligarnos” a elegir; entonces aprendemos un poco más de nosotros mismos y de nuestra mezcolanza moral y mental.

      Y bienvenido a la casa Slythenclaw 😉 Seguro que no somos los únicos.

      Gracias por comentar. Un saludo!
      Óscar

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