La fantasía oscura y el sótano de tu mente están relacionados. Ese sótano metafórico es el cerrado donde dormitan ideas, miedos y deseos que nos resultan lo bastante perturbadores como para sacarlos a la luz.

Todos tenemos rincones donde guardamos cosas. Secretos. No queremos mostrárselos a nadie porque incluso nos da miedo verlo nosotros mismos. Si no miedo, inquietud. Todos tenemos sótanos, desvanes, habitaciones secretas donde encerramos lo oscuro. Para que no salga. Pero también para poder ir a verlo cuando nos apetezca.

Una casa con desván donde guardar mis secretos.

Porque nunca los echamos lejos. No nos deshacemos de ellos. Los guardamos en un sitio cerrado porque no queremos que están a la vista, ni siquiera a nuestra propia vista. Pero sí queremos que estén ahí, al alcance.

¿Qué son esas cosas? ¿Instintos asesinos? ¿Odios viscerales? ¿Profundos traumas? Tal vez, pero no necesariamente. También lo son pequeños miedos, cosas que no queremos ver. La muerte de un adolescente o un niño. La desolación. La desesperación. La venganza que te consume.

No todo tiene que ser “negativo”. Puede que en los rincones de tu mente, sea un desván o un sótano, guardes candor, compasión o generosidad.

La Sombra.

Jung habla de la Sombra como el arquetipo que representa todo aquello que, siendo nuestro, no aceptamos como propio y lo rechazamos. Así, lo acabamos convirtiendo en la Sombra: algo que percibimos como malo, malvado, dañino para nosotros.

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No tiene por que ser algo «malo». Por ejemplo, puede ser la agresividad que alguien niega tener o no se lo permite, pero también la vulnerabilidad. Aspectos de nuestra psique que hemos relegado al rincón, que afirmamos que “no son nuestros” porque nosotros no somos así.

Y esa sombra nos ataca continuamente. La vemos en los demás, en el agresivo o en el vulnerable. La vemos como algo contra lo que luchar, cuando en realidad hay que reconciliarse con ella.

Desván y sótano de la mente: los escondites perfectos.

Hablar del sótano o desván de la mente es una metáfora.  No hay una zona del cerebro, un grupo de neuronas donde se guarde todo lo oscuro que no queremos mirar de frente, como si fueran unos cajones.

Dejando de lado experiencias anómalas o patológicas, hay muchas maneras de que nuestra mente almacene cosas en el desván. No necesitamos una disociación ni una amnesia para que ideas, sentimientos, emociones o deseos desaparezcan de nuestra consciencia.

Desaparecer de la consciencia es un medio de mantener la calma. Una calma aparente y tolerable. Un lugar agradable en el que vivir, incluso para enseñar a las visitas. Porque aunque hablamos de sótanos mentales como una metáfora, funcionan igual que los sótanos reales de las casas. O los desvanes, los áticos o los cuartos ocultos.

Y podemos encontrar diferentes matices incluso entre un lugar y otro.

Arriba y abajo.

Imagina una casa cualquiera. Sí, esa misma, esa que tiene sótano y desván. Nos ha quedado una casa muy victoriana, ¿no? Eso espero.

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El sótano está bajo tierra. Son los cimientos. Es primitivo: son las raíces, es la parte con mayor contacto con la tierra. No entra la luz. Esta abajo, abajo del todo.

El lugar perfecto para enterrar un cadáver, por ejemplo. O el sitio ideal desde donde nace una gruta que conduce a las profundidades de la Tierra y por la que emergen criaturas durante la noche.

Mientras sirves el té en el salón, arriba, con la luz del sol entrando por las ventanas, abajo en la oscuridad guardas un secreto que tal vez, sólo tal vez, necesite alimentarse.

Y arriba, en todo lo alto, tienes el desván. No está tan oscuro y con seguridad acumula capas y capas de polvo. Y un montón de cosas que vas dejando allí porque no sabes qué hacer con ellas. No quieres tirarlas, pero tampoco quieres dejarlas en el salón soleado y tenerlas a la vista todos los días.

Y mucho menos que las vean las visitas.

El desván está en lo alto, por encima de nuestras cabezas. Planea sobre nosotros. Nos observa desde arriba. Para llegar hasta allí, hay que subir y subir. Y aunque lleva años cerrado y sin que entre nadie, de vez en cuando estás convencido de oír pasos.

Lo que sea que está arriba guardado, no está inerte.

Estás atrapado entre el sótano y el desván. Pero el sol sigue entrando por las ventanas: no pasa nada. Incluso puede que sólo tengas sótano y no desván, o al revés.

Da igual: sea como sea, en uno, en otro o en ambos se acumulan cosas que conviven con el resto de la casa y contigo.

Y aunque sus puertas están bien cerradas, a veces te apetece entrar a echar un vistazo. Y es aquí donde la fantasía oscura se convierte en la llave que abre la puerta del sótano de tu mente.

Tu mente, tu casa, tu oscuridad.

No importa qué escondas en tu sótano. No importa lo que haya en tu desván. Puede ser algo tan siniestro como lo que guarda la habitación de arriba de El corazón condenado, de Clive Barker. Da igual lo que se esconda en tu sótano; tal vez es un antiguo cementerio.

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Lo importante es que cualquiera de esos lugares convive con el resto de la casa. Forman parte de su estructura. Están apartados, sí, pero igual que lo está un dormitorio o un baño. Una simple puerta franquea la entrada de un lugar a otro.

No son cuevas alejadas. No son torreones al fondo del jardín. Son espacios que pertenecen a tu casa. Y, por tanto, a tu propia psique. Son rincones de tu mente donde la fantasía oscura va a encontrar su hogar.

Fantasía oscura: la llave del sótano.

Algunas cosas las tenemos guardadas bajo llave. Bien porque son nuestro mayor tesoro y queremos protegerlo, bien porque no queremos que nadie las vea.

O ambas cosas a la vez.

La fantasía oscura pude funcionar como la llave que nos abre las puertas de los desvanes y sótanos de nuestra mente. No voy a entrar aquí en la cuestión de qué es fantasía oscura porque ya lo hice en esta entrada.

Cuando leemos un cuento, relato o novela de fantasía oscura corremos el riesgo (o tenemos la suerte) de que abra la puerta del desván. O de que nos lleve abajo, al sótano. Todo eso sin movernos de nuestro salón soleado, o de nuestra habitación, arropados en la cama, con una luz iluminando el lugar.

Dejando la oscuridad en esos rincones de la mente.

Pero la fantasía oscura se alimenta de ellos. No todas las historias de ese tipo, sólo aquellas que hablen de algo que sea similar a lo que guardas en el desván de tu mente. La novela se convierte en la llave de acceso: un modo seguro de entrar a sitios y ver cosas que por lo general tienes bien guardadas.

Y desatendidas.

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Una historia de fantasía oscura hace desfilar ante tus ojos, a plena luz del sol, miedos y acciones sobre los que no sueles pensar. Cosas que empujas al fondo porque te resultan demasiado violentas, demasiado fuertes. Cosas que incluso estás dispuesto a negar que existan.

A veces no somos capaces de afrontar que eso exista. No queremos pensar en ello siquiera. La muerte, la vida o no después de la muerte. El vacío, la soledad. Incluso elementos sobrenaturales que tenemos bien clasificados como cuentos y leyendas, guardados en libros infantiles.

Pero los monstruos salen de su escondite. La fantasía oscura los saca del sótano de tu mente y los pasea por el jardín, por el salón alegre y soleado de tu casa. Es decir, de tu mente. Te los lleva a los pies de la cama. Todos tus esfuerzos por tenerlos encerrados se desvanecen cuando una novela de fantasía oscura hace que se paseen por los pasillos de tu consciencia con total impunidad.

Entrar al sótano de vez en cuando.

Es bueno bajar abajo alguna que otra vez. No está de más subir al desván y sacudir el polvo de lo que allí guardamos. Y qué mejor modo de hacerlo que con la seguridad de un libro. Algo que podemos soltar cuando queramos, pero que tiene la fuerza suficiente para movilizar toda esa oscuridad que hemos ido amontonando en los rincones de nuestra psique.

Porque la Sombra siempre está acechando, y cuanta menos atención le prestes, más fácil será para ella sorprenderte. Y hasta que llegue el momento de reconciliarte con ella, debes darle un poco de aire, sacarla a pasear delante de tus ojos.

Muerte. Desgracia. Pena. Sufrimiento. Emociones duras, sentimientos que te has negado tal vez por sistema. Oscuridad, al fin y al cabo. Y entonces ese relato de fantasía oscura abre la puerta del sótano de tu mente y te lleva allí, quita el polvo de tus cosas ignoradas y te permite confrontarlas de un modo más o menos seguro.

Porque al final puedes cerrar el libro. Y con él, el sótano, el desván, el cuarto secreto. Puedes acabar la historia y subir a lo confortable de tu salón, de tu dormitorio. Incluso salir al porche.

Y esperar a la próxima historia de fantasía oscura que te lleve cogido de la mano hacia cualquier rincón de tu mente.

¿Abres el sótano de tu mente con la fantasía oscura? Dime, ¿qué guardas en él? ¡Qué novelas te abren su puerta?

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