tropo fantasíaHay un modo de enterrar viva a la fantasía: coger sus tropos y contar con ellos una historia que no sea de fantasía. Por sí solos, esos tropos no representan la fantasía en sí y por tanto pueden usarse en otras historias pero ¿seguiría siendo una historia de fantasía? ¿Perdemos algo importante al hacer esto?

Todo esto viene después de haber leído El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro. De ese libro quiero hablarte hoy. Pero no, esto no es una reseña. No escribo reseñas. No es que no me gusten: me gustan y son muy útiles. Pero es algo que yo no me veo escribiendo. Es un manía de las muchas que tengo, como por ejemplo que si alguien se pone en la misma postura que estoy yo, cambio la mía de inmediato.

He escrito otras veces sobre el tema de la fantasía tratada como un genero menor (la fantasía, el terror, la cifi, etc.) frente a la literatura seria (sea lo que sea “seria”) No creo que sea ningún género “menor” pero es una afirmación que me encuentro con frecuencia, y seguro que a ti te ha pasado igual.

No hace mucho terminé de leer El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro (al que mas de una vez he llamado por error El gigante dormido, imaginad la velocidad narrativa del libro). Y hace poco he visto en YouTube un vídeo de Sanderson dando clase de escritura. Sesenta minutos intensos y productivos.

Y las dos cosas se han unido en mi cabeza: el libro de Ishiguro y la charla de Sanderson. Buscar relaciones entre dos elementos que no tienen relación, o buscar una relación nueva, es una forma de creatividad. Pero antes de desplegar mi creatividad ante ti con gesto magnificiente, tengo que repasar brevemente de qué va El gigante enterrado (sin desvelar nada) y qué fue lo que dijo Sanderson y que yo relacioné con ese libro.

El gigante enterrado: fantasía bajo tierra

Conocí esta obra en la revista de Círculo de Lectores. La portada me pareció preciosa, y entonces leí de qué iba. Lo que leí me gustó. Y para colmo, escrita por un premio Nobel. La combinación parecía interesante. Sobre todo por un ingrediente.

La fantasía.

No aparece ese ingrediente en ninguna parte de manera explícita, pero yo podía olerlo. O eso creía.

Portada y contraportada de “El gigante enterrado” de Kazuo Ishiguro, editado por Círculo de Lectores.

En la contraportada se dice que es una “hermosa fábula”, que el autor es “premio Nobel de Literatura”, que la historia “indaga en la memoria y el olvido”, que habla de “la vejez y la muerte” y que está ambientada “en un pasado remoto y legendario” y que “vuelve sobre los grandes y eternos temas que inquietan a los seres humanos”.

“Pasado remoto y legendario” es la única pista que tenemos para decir que es fantasía. ¿Pero es fantasía? ¿De qué va el libro?

Si queremos saber más antes de leerlo, tenemos que leer la solapa interior. ¡Ah, las solapas interiores! Que sería de nosotros sin ellas, ¿verdad? Ahí suele estar, escondido, el mondongo del libro. En la primera puedes leer lo siguiente (versión un poco resumida):

“Inglaterra en la Edad Media. Del paso de los romanos por la isla apenas quedan ruinas, y Arturo y Merlín (…) son leyendas del pasado. Entre la bruma todavía habitan ogros, y británicos y sajones conviven en unas tierras yermas, distribuidas en pequeñas aldeas. En una de ellas viven Axl y Beatrice (quienes) como el resto de los habitantes de la región, han perdido buena parte de la memoria a causa de lo que llaman la niebla.

En su periplo se encontrarán con un guerrero (…) y un anciano (…), el último caballero de Arturo vivo, que vaga con su montura con el encargo, según cuenta, de acabar con un dragón hembra que habita en las montañas. Juntos se enfrentarán a los peligros del viaje, a los soldados de Lord Brennus, a unos monjes que practican extraños ritos de expiación y a presencias mucho menos terrenales (…)”

Bueno, esto es otra cosa: dragones, caballeros del rey Arturo, ogros, “la niebla”, presencias no terrenales… Y encima tenemos un viaje, realizado además por un grupo de personajes diversos cada cual con sus cosas y sus secretos; vaya, que está claro.

Un relato de fantasía, ¿no?

Pero la palabra fantasía no aparece por ninguna parte.

No se trata de si el libro es bueno o malo. Yo aguanté hasta el final por dos razones: quería saber qué era esa “niebla”, y quería saber qué les pasaba a los protagonistas. Estas dos razones son tal vez suficientes para decir que el libro ha sido un “éxito”, sobre todo por haber seguido leyéndolo hasta final, a pesar de su lenta y confusa narrativa.

Puedes leer una reseña de El gigante enterrado en Fabulantes.

Cuando llegué al final del libro (¡por fin!), intenté quedarme con lo bueno del libro, que lo tiene. Pero mi mente estuvo dando vueltas sobre una cosa: ¿por qué no se dice en ninguna parte que es un libro de fantasía? Es más, ¿lo es? Bueno, los elementos son típicos de la fantasía. Pero tal vez se supone que al ser un libro “serio”, aunque hable de “cosas de fantasía”, lo que importa es el tema que subyace…

¡Basta!

Estoy harto de oír eso. Como si en los libros de fantasía, fantasía pura y dura, de la buena, no se pudieran tratar temas serios. Como si un relato de fantasía no pudiera servir también para tratar temas más allá de la propia fantasía, como si no fuera válida también para “los grandes y eternos temas que inquietan a los seres humanos”, como dice la contraportada de El gigante enterrado.

Y lo dejé pasar, otra vez.

Hasta que vi el vídeo de la clase de Sanderson que te decía antes. Y en esa clase mencionaba los tropos en fantasía.

Tropos, y trompos, en la fantasía

Un trompo es un juguete de madera o plástico, con punta de metal, que se hace girar sobre sí mismo lanzándolo con una cuerda previamente enrollada a su alrededor.

Sí, supongo que sabes lo que es un trompo.

Pero un trompo también es un coche girando sobre sí mismo con las ruedas traseras derrapando. O sea, un coche que no va a ningún sitio y sólo da vueltas, haciendo ruido.

Tropos y trompos en la literatura de fantasía

Por otro lado, un tropo es una “convención recurrente de la ficción”, en palabras de Guillermo Jiménez Cantón, autor del blog Lecturonauta, quien además tienen un post sobre los tropos literarios titulado Las armas del escritor: jugando con los tropos. Nos lo explica:

“Pueden ser un truco de guión, una estructura narrativa, un tipo de personaje… Muchas de las cosas que aparecen en la ficción son tropos, tanto tipos de personajes como “El gran malo” o “El héroe” hasta cosas tan pequeñas y circunstanciales como “Encadenado a la cama”.

¿Por qué pensar en tropos y relacionarlo con esto? En la clase de Sanderson hay un momento en que hablan de tropos de la fantasía y de la ciencia ficción. Sanderson pregunta a los alumnos por los tropos de la fantasía, y los alumnos responden: dragones, el viaje del héroe, el maestro sabio, compañía animal, mentores, etc.

Sanderson afirma que los tropos de fantasía no son un equivalente directo a  literatura de fantasía. Son elementos a utilizar. La narrativa que una esos tropos, que trabaje con ellos, que cree la historia con ellos, será diferente en cada persona. Ese estilo narrativo puede ser más simple o más rebuscado, más poético, más directo… Y el resultado final, uniendo esa narrativa y esos tropos, conforman la novela de fantasía.

Y entonces me hice la pregunta que dio lugar a esta entrada que estás leyendo: ¿y si los tropos de fantasía sólo pudieran cumplir todo su poder en historias de fantasía y no fuera de ellas?

El hábito no hace al monje, la túnica no hace al mago y el tropo no hace la fantasía

¿Es posible que los tropos de la fantasía pierdan su sentido, poder o significado fuera de una narrativa fantástica?

Cuando digo narrativa fantástica me estoy refiriendo a una historia (novela, relato, cuento) en donde la fantasía sea elemento principal, no un accesorio a ser utilizado para “contar otra cosa”. De tal modo que sólo construyendo y escribiendo una historia de fantasía (por ejemplo, una de Sanderson por seguir con los autores del post) se puede de verdad transmitir lo que se quiera transmitir incluso aunque no sea un tema de fantasía, sino un tema… ¿cómo era? Ah, sí: uno de “los grandes y eternos temas que inquietan a los seres humanos”.

En el otro caso, el de Ishiguro, tenemos una historia con tropos de la fantasía, pero que no llega a ser una historia fantástica (aunque lo sea) y que pierde fuelle precisamente porque utiliza algo poderoso (esos tropos) pero los utiliza del modo menos adecuado, hilándolos con una narrativa poco adecuada y sobre todo, en mi opinión, no escribiendo una historia de fantasía.

Cuando se usan tropos de fantasía en una narración que no pertenece el género fantástico, ¿es posible que se esté perdiendo algo? Tal vez si vamos a contar algo y vamos a utilizar gigantes, necesitamos que la historia sea de fantasía con gigantes de verdad y no de gigantes metafóricos enterrados, para que nuestra transformación al leer la historia sea la que tiene que ser y alcance a donde debe alcanzar.

Vaya, para que no haga un trompo.

 


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