Nada Empieza Nunca

Fantasía, misterio y oscuridad literaria

El viaje del héroe: sátira y símbolo (I). El mundo ordinario

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El viaje del héroe es un patrón en diversas obras narrativas, sean novelas o películas. Joseph Campbell dio forma o identificó este este esquema del “viaje del héroe” en su obra El héroe de las mil caras (1949).

Conoces este esquema. Lo has visto y leído decenas de veces bajo diferentes disfraces. Da igual que puedas o no enumerar sus diferentes etapas; sin duda, en tu mente existe una especie de esquema básico, que hace que lo identifiques en cuanto está en marcha.

Y si ya se ha dicho y escrito tanto sobre este viaje, ¿qué puedo decirte yo que no se haya dicho antes?

El viaje del héroe es un camino iniciático, de crecimiento y desarrollo, de cambio y autoconocimiento: todo un símbolo compuesto por varios símbolos. Pero hay también mucha ironía y sarcasmo en este periplo, y me parece interesante -y divertido- echarle un vistazo.

Etapas del viaje del héroe (etapa más, etapa menos)

En la obra de Joseph Campbell las fases del mito, o del viaje, son:

  1. La llamada de la aventura.
  2. La negativa a la llamada.
  3. La ayuda sobrenatural.
  4. El cruce del primer umbral.
  5. El vientre de la ballena.
  6. El camino de las pruebas.
  7. El encuentro con la diosa.
  8. La mujer como tentación.
  9. La reconciliación con el padre.
  10. Apoteosis.
  11. La gracia última.
  12. La negativa al regreso.
  13. La huida mágica.
  14. El rescate del mundo exterior.
  15. El cruce del umbral del regreso.
  16. La posesión de los dos mundos.
  17. Libertad para vivir.

¿Psicoanalítico? ¡Qué va, para nada!

Pero 17 etapas son muchas etapas. Los occidentales somos más del número 12: el Zodiaco, los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos (influido por Jung), las 12 uvas…

Así que nada como una buena adaptación para hacer la cosa más manejera. Y así obtenemos las 12 etapas del viaje del héroe tradicionales, que puedes encontrar con facilidad en la web.

Un ejemplo, el que voy a seguir, nos lo ofrece Sinjania: está compuesto por doce etapas y es el formato habitual en el que lo vas a encontrar en relación con la creación y desarrollo de historias:

  1. El mundo ordinario.
  2. La llamada de la aventura.
  3. Rechazo de la llamada.
  4. Encuentro con el maestro.
  5. Cruce del primer umbral.
  6. Pruebas, aliados y enemigos.
  7. Acercamiento.
  8. Prueba suprema.
  9. Recompensa.
  10. El camino de vuelta.
  11. La resurrección.
  12. El retorno.

¿Qué ha pasado con la ballena? ¿Y con el encuentro con la diosa? ¿Ya no hay mujer que tiente, ni reconciliación con el padre? No parece haber ni rastro de la huida mágica ni la libertad para vivir. De hecho, las últimas etapas coinciden poco.

Por suerte para nosotros, tenemos 12 meses: igual que las 12 etapas. ¡Qué suerte! ¡Así tenemos todo un año para hacer este viaje juntos!

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Cada mes del 2019 haremos una etapa juntos. Algunas serán más interesantes que otras, pero se supone que todas son importantes. Eso prefiero que lo juzgues por ti mismo.

¿Listo? ¿No? ¡No importa! El viaje del héroe no espera a nadie.

¿Por qué iba a esperarte a ti?

Joseph Campbell: el “inventor” del viaje del héroe

Vamos a seguir los doce pasos del viaje del héroe habituales que hemos visto arriba. Para cada uno de ellos, además de la breve explicación de la entrada de Sinjania que he mencionado, haremos un repaso a lo que nos diga Joseph Campbell en El héroe de las mil caras.

A alguien habrá que echarle la culpa, ¿no? Y en este caso, el mérito se lo lleva el mensajero: Campbell no inventó este mito, pero él lo ha “identificado” o revelado.

¿Y qué tiene que decir Campbell sobre la primera etapa, El mundo ordinario?

Parece que nada.

“Sus” etapas comienzan con La llamada de la aventura. Así me gusta, directo al lío. No hay duda de que Campbell ha leído -y sigue a rajatabla- el Sacrosanto Consejo de iniciar las historias in media res. ¿A quién le interesa el mundo ordinario?

Ya que no hay una etapa El mundo ordinario como tal en la obra de Campbell, saquemos algo de la introducción de su libro. Que no decaiga la fiesta nada más empezar.

Por ejemplo, este fragmento hablando de la persistencia del esquema del viaje del héroe en lugares tan variados como sortilegios de magos del Congo, estrofas de Lao-Tse o un cuento de hadas:

Encontraremos siempre la misma historia de forma variable y sin embargo maravillosamente constante, junto con una incitante y persistente sugestión de que nos queda por experimentar algo más que lo que podrá ser nunca sabido o contado. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.

Que maniobra tan retorcida, la del viaje del héroe. Promete pero no termina de satisfacer. Te embelesa con un mundo de “algo más” que nunca llegará del todo.

Tal vez ahí radique su éxito comercial y espiritual (a veces, no van separados). Quizás por eso, cuando acabamos de hacer un viaje del héroe a través de una narración, estamos dispuestos a realizarlo de nuevo mediante otra novela o película.

Campbell nos dice que en todos los mundos y todos los tiempos han florecido los mitos del ser humano. Sugiere que el mito es una especie de “entrada secreta por la cual las inagotables energías del cosmos se vierten sobre las manifestaciones culturales humanas” (religiones, artes, filosofías, formas sociales, etc.)

Una idea que me recuerda a las nociones de inconsciente colectivo y arquetipos de Jung, cosas de las que he hablado antes en relación con lo masculino y femenino, y el héroe y el villano, en las historias de fantasía.

Durante el resto de la introducción, Joseph Campbell nos lleva por los terrenos del psicoanálisis, el sueño, la mitología y los ritos, entre otros. Pero no voy a hacer el trabajo por ti, eso nunca funciona igual.

Tienes que leerlo tú.

Así que vamos a comenzar por el principio de este camino circular: la rutina, lo conocido.

Primera etapa: el mundo ordinario

Veamos qué nos cuentan en Sinjania sobre esta etapa:

La historia comienza presentando cómo son las cosas antes de que se aparezca el conflicto que lo va a cambiar todo. Este es el momento de que presentes a tu protagonista y su día a día para que luego el lector pueda apreciar todo lo que el personaje deja atrás cuando recibe la llamada de la aventura. Sinjania.

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Lo de “presentes a tu protagonista” algunos se lo toman muy a pecho y nos deleitan con varias páginas absolutamente muermo de valles y prados, gente que se mira al espejo (también yo lo he hecho, pero por suerte no lo ha leído nadie) y detalles y más detalles sobre cada-cosa-de-su-vida-ordinaria.

Floritura y pesadez, unidas hasta que el conflicto las alcance. O hasta que cierres el libro.

Pero a lo que vamos. El mundo ordinario. Imagínate en él.

¿Ya? Déjame adivinar: ¿a que eres un pastor?

Pastores y granjeros que salvan el mundo

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Vives en tu granjita, tranquilo. Pero no es suficiente.

Una granja tranquila tiene bastante trabajo e intriga, sin necesidad de irte a la otra punta del mundo.

¿Alguna vez ha llevado una granja? Si la respuesta es sí, sabes de lo que te hablo. Si la respuesta es no, prueba a llevar una granja antes de irte de correrías en plan héroe.

Aquí yace la primera trampa, sutil.

Si eliges la granja, al final toda tu experiencia acabará encajando en el viaje del héroe: querrás irte (llamada de la aventura), pero piensas que mejor te quedas que hay mucho trabajo y no vas a dejar a tu familia (rechazo de la llamada); recibirás la ayuda del vecino gruñón pero que en el fondo es bueno (el mentor) te comprometes con la jodida granja (cruzas el umbral) te enfrentes a deudas, cosas que se rompen, cuidar animales, sembrar, recoger, regar (enemigos y pruebas), consigues cosas (recompensas) y te conviertes en un granjero triunfante (el retorno).

¿Ves? Una vez que entras en el mundo fractal del viaje del héroe, a poco que te descuides, te lo encuentras por todas partes.

Pero no. ¿Quién quiere leer un relato de una pastora hermosa y mocita, casi con seguridad de pechos turgentes, que hace lo mismo una y otra vez? Nadie. ¿Quién quiere recoger mierda de los cerdos cuando puedes ir a conocer princesas, bosques encantados y perseguir cofres de oro?

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Por eso triunfa el viaje. Ahí empieza su maldad. Es como si te doy a elegir entre cianuro o coliflor. Eliges la coliflor, claro, pero no porque esté buena, sino porque la alternativa es peor.

Y así, con ese escenario tranquilo del mundo ordinario ante ti, con esa promesa de aburrimiento eterno, es normal que elijas el camino del héroe.

Te lo venden bien.

Tal vez si te dieran un poco más de tiempo, o de información, te lo pensarías. Valorarías las cosas buenas de la granja y su vida monótona. Pero estás cansado de tu rutina y cualquier cosa te parece mejor. Da igual que no tengas claro qué quieres, la cuestión es que quieres otra cosa.

Y en ese momento de debilidad mental (¿aburrimiento?) llega la segunda etapa: la llamada de la aventura.

A la cual podrías (con mucho acierto por tu parte) negarte: Pero te pilla en pleno aburrimiento y adivina qué haces.

Dices que sí. Y comienza todo.

Pero hasta entonces, ¡tienes un mes para disfrutar de tu rutina! Dentro de un mes la aventura llamará a tu puerta a través de este blog. 

Mientras, una pregunta: ¿tan mala te parece la rutina?

 

2 Comentarios

  1. Me fascina el viaje del héroe y es impresionante la de historias que lo siguen paso a paso. De hecho, cuando encuentro una novela que rompe esa estructura, me chirría un poco al principio porque rompe todos mis esquemas mentales sobre lo que debe ser una aventura y, por otro lado, cuando me acostumbro y salgo de esa zona de confort Campbelliana, valoro mucho el atrevimiento y la originalidad. Un ejemplo de novela fantástica que rompe este esquema sería “La quinta estación” de NK Jemisin y quizá también “Elantris” de Sanderson.
    Por cierto, muy bien acompañada la primera fase con esas imágenes de los playmobils. ¿Qué mejor símbolo de la bendita y acogedora rutina que los clásicos juguetes de nuestra infancia? ¿Qué mejor forma de evocar la añoranza que provoca el hogar una vez que las fases de Campbell se disparan y el viaje del héroe te empuja hacia territorios menos apacibles?
    ¡Estaré atento al resto de posts! 12 meses, 12 causas,jaja.
    Saludos y enhorabuena por el trabajo bien hecho:)

    • Óscar Iborra

      22 enero, 2019 at 19:25

      Hola, Miguel!

      Sí, a mí también me chirría un poco si veo que el “viaje” es diferente al habitual, pero me encanta esa sensación (siempre que la cosa no derive en algo sin estructura) “Elantris” me gustó mucho: gracias a ella volví a retomar la lectura fantástica que tenía abandonada, y también la escritura, más abandonada aún. La obra de Jemisin está ahí esperándome y le tengo muchas ganas (además, es psicóloga) 🙂

      Lo que te decía antes sobre el chirrido y que me gusta, es verdad, siempre que al final adopte alguna estructura, no sé si me explico. Creo, de hecho, que acabo de ser consciente de eso gracias a tu comentario. Salirse de lo habitual porque sí está bien, pero si no ofreces algo a cambio… se queda en una especie de rebelión sin más. Tal vez por la fuerza del viaje del héroe tenemos ese doble placer en abandonarlo en pos de viajes nuevos, pero al mismo tiempo sentimos el vértigo de meternos en otros caminos que no parezcan tan sólidos -al principio, al menos- como el viaje del héroe.

      Y los playmobil… es que no había otra opción! 🙂 Y habrá más; por suerte, hay playmobil (o clicks, como yo los llamaba) para todo tipo de etapas, viajes y situaciones.

      Gracias por el comentario y me alegro de que te haya gustado. Hoy, especialmente, me hacía falta ese apoyo.
      Un abrazo!

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