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El viaje del héroe: sátira y símbolo (II). La llamada de la aventura

La llamada de la aventura es la segunda etapa en el viaje del héroe. Pero que te llamen no significa que tengas que ir.

Cuando llega la llamada, tú vives tranquilo en tu granja. De acuerdo, quizás no es un gran plan, pero tampoco tienes tiempo para aburrirte.

Sin embargo, alguien, en alguna parte, ya ha decidido que debes embarcarte en una gran aventura. Y es curioso que tú, el protagonista de esta aventura ―qué digo el protagonista, ¡el héroe!― vayas a ser el último en enterarte.

La llamada de la aventura es un timo que llega hasta tu misma puerta. Y vas a picar, ya lo creo que vas a picar.

Toc, toc. ¿Quién es? ¡La llamada de la aventura!

Vimos en la primera entrada sobre este camino cuáles son las etapas del viaje del héroe. Provienen del libro de Joseph Campbell El héroe de las mil caras. Y a pesar de que Campbell establece más etapas, tú y yo vamos a hacer este viaje siguiendo las doce etapas clásicas que resultan de la adaptación habitual de su obra.

Y la segunda etapa es la llamada de la aventura.

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¡Ha llegado a su ciudad la llamada de la aventura!

¿Qué es esta llamada?

Una ligereza ―aparentemente accidental― revela un mundo insospechado y el individuo queda expuesto a una relación con poderes que no se entienden correctamente. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

Joseph Campbell tiene la decencia de remarcar lo de “aparentemente accidental”; digo la decencia porque no lo es. Todo este plan se lleva urdiendo tiempo mientras tú sacas las cabras a pastar al prado.

Grande o pequeña (…), la llamada levanta siempre el velo que cubre un misterio de transfiguración; un rito, un paso espiritual que cuando se completa es el equivalente de una muerte y un renacimiento. El horizonte de la vida familiar se ha sobrepasado, los viejos conceptos, ideales y patrones emocionales dejan de ser útiles, ha llegado el momento de pasar el umbral. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

En términos psicológicos, nuestra vida diaria puede parecernos carente de todo atractivo o desafío. Nos movemos en la rutina, con alguna variación que otra pero que acaban siempre en la misma sinfonía. La llamada de la aventura parece algo que les ocurre a otras personas.

Esas que se van de mochileros por Europa, por ejemplo.

Pero no es así. El poder de la llamada de la aventura (y la razón por la que acabarás picando) radica en que hay un cambio continuo bajo las capas superficiales de la psique en cada uno de nosotros.

Sí, incluso mientras estamos ordeñando vacas.

Incluso los detalles más pequeños de nuestra existencia, las experiencias más cotidianas, sirven como desencadenantes del cambio o de la reflexión sobre el cambio. ¿De verdad quiero quedarme en esta granja para siempre? ¿De verdad soy el pastor más feliz del reino sacando las cabras todos los días (todos, todos, todos los días) a pastar al monte? ¿Soy la hilandera más feliz del mundo aquí, teje que te teje?

¿De dónde vienen esas preguntas? Vienen de ti. De hecho, siempre han estado ahí. Lo que las hace aflorar es, como lo llama Campbell, esa “ligereza, aparentemente casual” que ocurre.

Casual… o no. Porque mientras tú y yo estamos aquí debatiendo sobre quedarnos con las vacas o coger la mochila, hay algo preparándose en las sombras.

Te cambio cerdos por diamantes

Hay en estas aventuras una atmósfera de irresistible fascinación en la figura que aparece repentinamente como un guía, para marcar un nuevo período, una nueva etapa en la biografía. Aquello que debe enfrentarse y que es de alguna manera profundamente familiar al inconsciente ―aunque a la personalidad consciente sea desconocido, sorprendente y hasta aterrador― se da a conocer, y lo que anteriormente estaba lleno de significados se vuelve vacío de valores. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

Traducido al lenguaje llano: la granja deja de tener interés. Limpiar excrementos de animales y sacar agua del pozo de repente ya no son cosas tan fascinantes. Qué cosa más curiosa, ¿verdad? ¿Quién en su sano juicio querría dejar de limpiar mierda para irse a recorrer parajes mágicos?

Nadie, qué tontería.

La llamada de la aventura significa que el destino ha llamado al héroe y ha transferido su centro de gravedad espiritual del seno de su sociedad a una zona desconocida (…) representada en varias formas: una tierra distante, un bosque, un reino subterráneo o bajo las aguas, en el cielo, una isla secreta, la áspera cresta de una montaña o un profundo estado de sueño. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

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¿Te vas a perder todo este poderío por no aceptar la llamada de la aventura?

Veamos qué nos cuenta Sinjania sobre  la llamada de la aventura:

Aquí entra el elemento disruptor que lo va a alterar todo. Al héroe se le presenta un conflicto o la necesidad de conseguir un objetivo. No tiene por qué ser algo excesivamente dramático, puede ser algo sutil, pero a partir de aquí ya nada volverá a ser lo mismo. (Sinjania)

El uso de la forma pasiva es maquiavélico: al héroe «se le presenta» un conflicto.

No, de eso nada. Al héroe le llevan un conflicto hasta la misma puerta de su casa. O sea, a tu puerta.

¿Es que no hay más casas? ¿Es que no hay más gente en la aldea? Es más, ¿es que no hay más aldeas?

Sí, las hay. Pero de entre todas las casas, y de todos los que viven en ellas, te ha tocado a ti.

Porque (oh, sorpresa) eres el elegido.

Elegiditis aguda

Tomemos por ejemplo a Gandalf en El Hobbit. Llega a tu casa por toda la cara y hace una marca en tu puerta. ¿Por qué?, le preguntas.

Porque tú tienes algo especial”, responde. “Porque veo algo en ti”.

¡Mentira!

Gandalf tiene un enorme marrón encima y busca endosárselo al primer primo que encuentre. Y ese primo eres tú.

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La llamada de la aventura: irresistible, ¿verdad?

Pretende que te encargues de “una cosita de nada”: matar a un dragón o derrotar a un ejército de demonios, por ejemplo.

Y te lo pide a ti, una pastora o un agricultor que no has cogido una espada en tu vida.

Encima tienes que ir a la otra punta del mundo conocido (que en las novelas significa “la otra punta del mapa dibujado, porque tú estarás en una punta de ese mapa).

Tú, que lo más lejos que has ido en tu vida es al río a por agua.

¿De verdad te crees que te va a llamar a ti porque eres especial? A ti, precisamente a ti. De todo el reino, que mira que no habrá caballeros en el reino, te van a buscar a ti. Claro que sí, campeón.

La llamada de la aventura sabe que, en el fondo, estás harto de granja y quieres ver mundo. Y de eso mismo se aprovecha.

Verás tú como no van a buscar a un mercenario mejor preparado que tú, que sabe luchar, que tiene experiencia, etc. ¿Sabes por qué? Porque el mercenario cobra. Y tú, con las ansias de mandar las cabras al carajo, lo vas a hacer gratis.

Qué casualidad, oye, que tengas algún trauma, que haya algo en la profundidad de tu mente que te atormente: desde honrar a alguien (que suele estar muerto) hasta un anhelo que no puedes explicar.

Traumas, traumas por todas partes

La serpiente, el rechazado, es la representación de esa profundidad inconsciente donde se acumulan todos los factores, leyes y elementos de la existencia que han sido rechazados, no admitidos, no reconocidos, ignorados, no desarrollados. Estas son las perlas de los fabulosos palacios submarinos (…), las joyas que dan luz a las ciudades demoníacas de los mundos ocultos; (…) las pepitas en el montón de oro del dragón. (Joseph Campbell, El héroe de las mil caras)

El mensajero que te trae la llamada de la aventura tira de donde sabe que va a doler: eres el más enclenque de la aldea y eso te fastidia; o sientes que no encajas, que tu sitio no está entre vacas y cerdos; o sabes que hay algo «dentro de ti» que necesita salir a la luz. Y tú, loco por compensar esa supuesta falta o reparar ese trauma, ves con “total claridad” que esa es tu oportunidad para:

  1. Ser alguien (como si en este momento fueras, qué sé yo, un azadón).
  2. Escapar de tu vida ordinaria.
  3. Honrar a familiar muerto (no es necesario que esté muerto, pero es mucho mejor si lo está).
  4. Redimirte (de algo, no tengo ni idea de qué).
  5. Todas las anteriores son correctas.

La llamada ha llegado a tu puerta, ha despertado algo en lo más profundo de tu alma y ya no hay vuelta atrás.

O tal vez sí, si eres lo bastante listo.

El viaje del héroe incluye un protocolo de seguridad para destruirlo antes de que empiece y ahorrarte los problemas. Es la tercera fase, el rechazo a la llamada.

¿Qué harás?

 

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2 Comentarios

  1. La rutina del héroe no me ha dejado acudir antes a la llamada del héroe by Óscar,jaja. Me ha gustado mucho la entrada. Y es muy necesaria esa llamada que busca el cambio (esperemos que siempre a mejor) incluso mientras uno ordeña vacas.
    Nunca dejes de currarte tanto los posts porque eres una inspiración bloguera para todos:)

    • Hola!
      No te preocupes. El viaje del héroe es cíclico, como las vagonetas de la montaña rusa. Si no coges una, puedes esperar a la siguiente. El inicio del viaje está disponible en cada esquina, el muy malvado, agazapado, esperando para pillarnos desprevenidos.

      No sé si el cambio es siempre a mejor; creo que no siempre. A veces un no-cambio es tan digno y tan buena opción como el cambio; fíjate que en el viaje del héroe hay una etapa para rechazar la llamada. Por algo será. Pero aún así, un cambio siempre nos seduce y nos intriga, aunque sea de lejos.

      Lo de que soy una inspiración bloguera… que sepas que me has alegrado el día y yo creo que la semana 🙂 No sé yo si es para tanto, pero te lo acepto encantado! Gracias a ti por comentar y por los ánimos.
      Un abrazo!

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