El vals de las hadas malditas es una novela de fantasía oscura que combina elementos de misterio y un buen toque de aventura, y en la que además se habla de cuestiones relacionadas con la moralidad y los ideales, propios y grupales.

No suelo hacer reseñas y esto en realidad tampoco lo es como tal. Pero cuando doy con algún libro que me gusta especialmente por la razón que sea, me gusta escribir sobre esa historia y los elementos que trata. Y este es uno de esos casos.

Está escrita por Gabriel Sánchez García-Pardo y publicada por Naufragio de Letras. Y comienza con una historia de amor, la más bella jamás contada…

Jamás la silbéis. Jamás la tarareéis

Así, con esta instrucción tan clara, podríamos decir que empieza el libro. Hay un vals que todos pueden oír sin problema, pero que si alguien lo repite, lo canta, lo silba o tararea… muere.

Este hecho es tan sencillo como cruel. ¿Quién no se ha quedado con una melodía en la cabeza que no se va por mucho que lo intentemos? Y cuanto más esfuerzo hacemos en no recordarla o en no pensar en ella, más fuerza cobra.

El cerebro (decir «el cerebro» es una personificación carente de realidad pero que a los neurocientíficos nos pone decirlo) no entiende el «no». Es decir, si te digo «no pienses en un algodón de azúcar» es muy probable que la imagen de un algodón de azúcar haya aparecido como  por arte de magia en tu mente. O su sabor, o su olor.

¿Ves el peligro que tiene el vals de las hadas malditas?

¿Quién se resiste a silbar una melodía mortal?

Imagina que un carruaje sin animales que tiren de él llega a tu ciudad. De él sale un no-muerto con un acordeón y te avisa: va a tocar una pieza que no debes volver a repetir. Es una petición imposible. ¿Cómo olvidar algo con semejante poder? ¿Cómo no atreverte a tararear algo que te puede matar? Aunque sólo sean unas notas, ¡qué tentación!

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El autor, Gabriel Sánchez. No te fíes de esa sonrisa: su mente maquiavélica es la creadora de la idea de una melodía que te mata si la cantas…

Y esta es una de las cosas que me han encantado de esta novela. No sólo la idea de la canción que no puedes tocar ni cantar (salvo que seas un no-muerto), sino el hecho de convertir a la música y el compás en parte de la narrativa. Canciones, música y ritmo están presentes en todo el libro, y no como las largas (y sí, aburridas) canciones de El señor de los anillos o El hobbit (sí, soy consciente de lo que he dicho), sino de un modo ligero, ameno, entrelazado con la historia.

Pero espera, que he empezado a hablarte sin ponerte en situación.

Todo comenzó la noche del Velo.

El límite entre los vivos y los muertos

Hace diecinueve años, una noche -la Noche del Velo- la barrera que separa el mundo de los vivos y los muertos se rompió. Se abrió, se disolvió. Quienes nacieron esa noche gozan de poderes y habilidades (magia) propias de las hadas y seres feéricos. Quienes murieron esa noche… no murieron del todo. Son los no-muertos. No, no son zombis. Son esqueletos que tocan el acordeón, por ejemplo.

Y todos ellos conviven ahora en Éterdar, sus bosques, sus montañas, su desierto y sus aldeas. Un lugar que, desde la Noche del Velo, sólo tiene cuatro horas de sol al día.

Aquella noche en la que la frontera que separa ambos mundos se abrió, seres de otros planos llegaron al nuestro. Desde entonces, conviven los vivos, los no-muertos y las criaturas feéricas y demonios variados. No es una convivencia fácil, como ahora veremos. Y ese es otro de los puntos que me ha gustado.

Hadas, duendes y demonios: nunca se es demasiado mayor para eso

Cuando ves la maravillosa portada y lees el título, que contiene la palabra «hadas», puedes pensar: ¿una novela de hadas? ¿Eso no será demasiado infantil o juvenil para mí? Porque tenemos una imagen de las hadas y todo lo relacionado con ese mundo quizás muy sesgada y distorsionada.

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Portada de ‘El vals de las hadas malditas’, obra de Alicia de Andrés.

No, no eres demasiado mayor, ni lo serás nunca, para un libro que hable de hadas. Cuando llegue ese momento… bueno, pues lo lamentaré por ti.

Pero es que además en El vals de las hadas malditas las hadas que aparecen, y demás seres feéricos, no son purpurina y estela de arcoiris. Son personajes importantes, son elementos que aportan a la historia. Y son elementos con aspectos oscuros.

Un mundo con seres mágicos que viven en el bosque, en el desierto, con no-muertos, con demonios, con magia… no, créeme. Uno nunca deja de querer algo así.

Fantasía y misterio

Entonces, ¿eso es El vals de las hadas malditas? ¿Un mundo de fantasía donde conviven humanos y no humanos y hay una canción que te mata si la cantas? ¿Una canción relacionada con esa noche en que ambos mundos se unen?

Sí, pero hay más todavía. Con una ambientación fantástica de corte medieval pero en la que afortunadamente- no tiene reparos en introducir elementos como un ferrocarril o armas de pólvora, Gabriel Sánchez combina dos mundos del mismo modo en que lo hicieron durante la Noche del Velo.

La fantasía y el misterio. Y magia, mucha magia, con su origen y sus consecuencias sin caer en la necesidad de un prólogo de cuatro páginas para entender las leyes de esa magia.

No es que sea la primera vez que elementos de estos géneros se unen en una historia, pero sí es un gustazo ver el modo en que lo hace. Los hijos del velo, aquellos que nacieron esa noche tan importante, son entrenados en cierta torre apartada para convertirse en Desveladores.

¿Y qué son los Desveladores? Pues jóvenes formados para resolver misterios, tales como asesinatos por ejemplo, y que trabajarán al lado de la Shekna Roja, el gobierno que manda en Éterdar. ¿Y cómo se entrenan? Resolviendo acertijos, superando pruebas.

Este toque de «Agatha Christie» me ha encantado. Analizar escenarios, intuir las pistas. Y no sólo por ese punto de quién lo hizo, sino porque añade un elemento lúdico a la clásica relación maestro-alumno. Sí, los futuros desveladores estudian, practican y pasan pruebas. Pero se deja cierto peso en la propia responsabilidad de los nacidos en la noche del velo, lo cual tendrá su importancia durante la historia.

Personajes que crecen

No soy precisamente un defensor de la idea de que un personaje deba «evolucionar» durante la historia. De que deba acabar siendo diferente a como empezó.

Mira Scarlett O’Hara, por ejemplo. Y es una magnífica novela y un magnífico personaje.

Pero en El vals de las hadas malditas sí hay crecimiento de los personajes.  Y de tal modo que al final sigues queriendo saber cosas de ellos (de hecho, ronda por ahí la petición de una segunda parte por parte de algunos lectores, entre los que me incluyo)

Un poco de crítica: aunque los personajes están definidos desde el principio, son claros y consistentes, para mí es a partir del 30-40% del libro cuando comienzan a brillar con plenitud. También es cuando empiezan los problemas, las «cosas».

Y no sólo los personajes humanos. Hay otros personajes no humanos (hadas, no-muertos) que no son meros secundarios. También quieres saber más de ellos cuando acaba la historia. Quieres conocer su historia, de hecho.

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Este personaje es Döya. ¡Ah, este personaje! No te cuento nada más.

Las historias con varios protagonistas (aunque haya alguno más «protagonista» que otro) me parece un acierto siempre que no se haga demasiado pesado ni se deje demasiado tiempo entre un personaje y otro. Es decir, dejamos a un personaje herido en una posada y no sabemos más de ella hasta cuatro capítulos después; y para entonces tienes que pararte y decir «¿qué había pasado?»

Gabriel Sánchez maneja bien el ritmo de la historia en El vals de las hadas malditasEs como bailar un vals de verdad pero en el  cual el ritmo se va acelerando cada vez un poco más hasta el punto de que el último tramo, a partir del 60% (lo leí en formato digital) lo devoré con rapidez, sentándome expresamente a leerlo, deseando llegar al final. Ese revelar poco a poco, a cada paso del vals un elemento nuevo de un personaje o una parte de la historia, te descubre a ti mismo bailando al compás.

Moralidad y naturaleza humana

Si has leído algo de este blog sabes que un elemento que me gusta encontrar en un libro es la exploración de la naturaleza humana. Ese mismo elemento está presente en las historias que escribo. Además, prefiero que este tema se aborde desde la fantasía, el misterio, la ci-fi o el terror antes que cualquier otro género, aunque no descarto ninguno. Simplemente pienso que el nivel de trabajo metafórico y no metafórico en esos géneros es mejor.

Así de simple.

El vals de las hadas malditas en una novela con tonos grises. El propio autor lo comentaba cuando presentó la novela en Granada (donde tuve el honor de acompañarle). Ese gris aparece en sus personajes: no hay buenos-buenos ni malos-malos. No hay, en sus propias palabras, un viaje del héroe. Hay seres humanos que deben estar actualizándose y reinventándose a cada momento según la necesidad.

Pero no se limita a ofrecer ese gris a través de los personajes, con sus dudas,aciertos y errores. Ni tampoco a través de giros o sorpresas, solamente. Ese gris, esa ambigüedad moral está presente en el mismo fondo en el que se entreteje la historia.

Sin contarte nada que te haga spoiler, hay una escena (cercana al final) de cierto conflicto en donde, con pocas frases, en apenas unos párrafos, el autor cubre todo con una pincelada de gris tan amplia y sutil que desmonta cualquier posición previa que tuvieras sobre estos personajes o aquellos, sobre quienes tienen «la razón» y quienes no.

Y no se priva de crudeza cuando es necesaria (sin llegar al gore); es más crudeza de emociones y de… bueno, alguna cosa que dices «no, venga ya».

Un compás de tres por cuatro

Pues queda claro que me ha gustado la novela. Recapitulando: la ambientación, la unión de fantasía y misterio, el uso de la magia, la exploración de la naturaleza humana cuando se posiciona en una opinión creyendo que hace «lo correcto». El mostrar como podemos salirnos de lo que creemos lo «correcto» para nosotros y explorar fuera del sendero.

¿Alguna crítica? Sí, también. Le faltan páginas: sin duda le irían bien de 50 a 100 páginas más sin problemas, en donde ir dosificando algunos de los misterios así como dar más profundidad a las cuestiones sociales que hay detrás: política, convivencia de seres diversos como hadas, humanos, no-muertos, etc. ¿Se queda corta, entonces? No, funciona bien. Pero yo hubiera leído sin problema 50 páginas más. Esas mismas que a veces le sobran a Sanderson.

La novela se hace más sólida a partir del 30-40% de su lectura (para mí; recuerda que hablo de porcentaje de libro electrónico) Antes funciona, sí, pero hay algo a partir de ese momento aproximado que hace que crezca, como si a una melodía sencilla comenzaras a meterle más acordes, arreglos, más instrumentos.

Mi acordeón aúlla una canción que habla de un largo invierno. Un compás asesino que solo yo me permito tallar en rimas escritas.

Tú jamás lo repitas, porque este es el Vals de las Hadas Malditas.

Si la has leído, ¿me cuentas qué te ha parecido? O háblame de música, de hadas, de los vivos y los muertos, de las propias decisiones.

Todo cabe en este baile.

 

 

 

 

 

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