Nada Empieza Nunca

fantasía, misterio y oscuridad literaria

El tren a Hogwarts te espera

El 1 de septiembre salía, a las 11:00 de la mañana, el tren a Hogwarts. Como todos los años. Y yo por fin lo he cogido.

Este domingo, 1 de septiembre, comencé a leer “Harry Potter y la piedra filosofal” y dos días después lo he terminado. Si aún no has cogido ese tren, todavía puedes hacerlo.

Siempre puedes hacerlo, de hecho.

El tren a Hogwarts siempre está ahí: la literatura juvenil es para cualquier adulto

No estoy descubriendo nada nuevo ni revelando la Gran Verdad Oculta. Sólo repito una vez más lo que no se repite lo suficiente: que la literatura juvenil no es exclusiva para jóvenes. Al menos, si aceptamos como joven a gente de determinada edad.

La edad es una cosa de números, y yo soy de Humanidades.

Las librerías colocan los libros en determinados estantes porque no estaría bonito dejarlos de cualquier modo. Bueno, sí que lo estaría en realidad. Pero la gente tiene prisa, y necesita ir a por lo que quiere; o tal vez no quiere salpicarse de otras secciones, otras novelas, otras historias.

Se supone que los adultos leen cosas de adultos (aquello de la literatura seria) y los jóvenes, cosas de jóvenes. Y los niños, cosas de niños. En mis «años de juventud» no era tan consciente de que la diferencia entre literatura juvenil y adulta era tan importante; de hecho, si un joven leía algo de literatura «seria» recibía aplausos (de alguna parte, como las risas enlatadas de la series: aplausos enlatados).

el tren a Hogwarts

Ninguna novela seria incluirá un andén 9 y tres cuartos, lo cual te resultará muy útil para esquivarlas.

Ha pasado el tiempo desde mi adolescencia oficial (que no mental) y las cosas han cambiado. Ahora los adolescentes son vistos como fuente de ganancia: tienen dinero, o lo tiene sus padres. Tenemos el término «young adult» que es decirle a un adolescente que es un adolescente pero como más «maduro». La sección «young adult» en las librerías crece cada vez más y eso está genial, por un lado. Está bien que se dedique atención, tiempo, esfuerzo y dinero a los adolescentes, que ya bastante mal los trata la sociedad en general. cuando interesa, son niñatos; cuando interesa para otra cosa, son casi adultos. O sea, «young adult».

Al margen de la cantidad de euros que dejan y del enorme mercado que suponen los young adult y los very young adults (los niños, vaya: echa un vistazo a la sección infantil de cualquier librería y alucina con el tamaño ocupa y cuantos libros clones de Gerónimo Stilton hay. ¿Quieres ganar dinero escribiendo? Escribe infantil), decía, que al margen de la parte económica, la expansión de la franja young adult me parece maravillosa.

No sólo porque hay más oferta para los adolescentes, sino porque esa franja de «lectura juvenil» no acaba  a los 18 o los 19. ¿Quién ha dicho semejante estupidez?

La literatura juvenil no es más simple

Por desgracia, no he leído la suficiente literatura juvenil como para hablar con autoridad sobre esto. Por eso he cogido el tren a Hogwarts.

Se supone (que bien vienen estas dos palabras siempre, ¿verdad?; nos eximen de responsabilidad total sobre lo que decimos) que la literatura juvenil es más sencilla que la adulta. Cuando digo sencilla me refiero a simple en lo referente a gramática y sintaxis: frases más sencillas, lenguaje menos rebuscado, más directo.

¡Un momento! ¿No se supone que eso es lo que debe ser la buena literatura? Juraría que sí. Al menos, eso he leído en Internet, en las páginas sobre consejos de escritura.

Una forma de escribir más sencilla no afecta al mensaje. Ese lenguaje sencillo es incluso más deseable porque, imagino, se busca otra cosa, se habla a otro público: un público que no necesita que hagas referencias a mitos griegos ni a pintoras surrealistas de principios de siglo para que ellos tengan su orgasmo de lector al reconocer esas referencias, que otras personas tal vez no conozcan. Yo, por ejemplo.

Escribir sencillo no es escribir para simples. Espera, deja que corrija la frase: escribir sencillo no es escribir para tontos. Escribir sencillo tampoco significa escribir mal (que una frase sea sencilla puede requerir un gran trabajo; y lo requiere, de hecho). En este juego de comparaciones, literatura juvenil se equipara a sencilla, sencilla se equipara a tonto y por tanto, leer literatura juvenil cuando eres adulto es de tontos.

No es lógico, pero tiene sentido para muchas personas.

La literatura juvenil para adultos, o cómo dejar que lea nuestro yo joven

Soy psicólogo, y por tanto no puedo evitar que hay un componente «psicológico» (a saber qué es eso) en lo que escribo, incluso cuando hablo sobre escritura y literatura como aquí. O lo que sea que haga aquí.

Este lunes no era la primera vez que cogía (un saludo para los lectores argentinos y mexicanos) el tren a Hogwarts. Lo hice a través del cine, cuando ya era «mayor» para leer los libros, se suponía. Pero cada película que veía hacía crecer las ganas por leer esos libros.

El tren a Hogwarts que tomé el lunes hizo mucho más que llevarme a la escuela de magia. Llevó las vías directamente a mi yo del pasado, a un pasado donde no sabía que existía Harry Potter. En 1997, cuando salió el libro, yo tenía 23 años y me quedaba un año para acabar la carrera. Hacía ya años que no era un adolescente (es mucho decir, pero vale). Ni se me pasaba por la cabeza en aquel entonces leer algo juvenil.

¿Qué ocurre cuando como adultos leemos literatura juvenil? Podemos aprender muchas cosas, como nos cuenta Alejandro Gamero en La piedra de Sísifo. Yo añado que si somos capaces de no comportarnos como simples muggles, podremos obviar la forma en que está escrita, lo «simple» de sus argumentos, el hecho de que «ya sabemos todo eso y sabemos cómo va a terminar», etc. Si simplemente leemos la historia, podemos alcanzar una parte de nuestra alma y, si es necesario, sanarla.

Esto te podrá parecer más o menos romántico, o absurdo, o sin sentido. Pero no es mi misión ni mi intención aportar más sentido y lógica a este mundo, sino lo contrario. Al menos cuando escribo ficción (y este blog es ficción, seamos serios). No soy de los psicólogos que piensa que todo el mundo arrastra un trauma; no, en realidad, creo que la mayoría estamos más sanos de lo que creemos. Pero aún así, y ahí radica creo gran parte del éxito de Harry Potter, la adolescencia sigue siendo un lugar mágico que pervive casi intacto en nosotros, aún de adultos.

¿Buscas un tren hacia tu infancia y adolescencia? Lee un libro juvenil.

No hace falta haber vivido en el hueco bajo una escalera. No hace falta haber sido un mago y no saberlo. Aunque las características de Harry (huérfano, infancia horrible, etc.) sean casi un cliché ya para las historias juveniles, sigue siendo un mensaje poderoso: cuando teníamos de 11 a 18 años (año arriba, año abajo), cuando éramos jóvenes adolescentes (mucho antes de convertirnos en young adult) todos nos sentíamos un poco bichos raros.

No encajábamos. «Nadie me comprende». Teníamos sueños absurdos que si tienes suerte aguantarán ahí, agarrándose con desesperación en los rincones de tu mente para evitar que se los trague el sumidero de la adultez. Pero tengo una buena noticia: estás a tiempo de salvarlos, ayudarlos y ponerlos donde se merecen. ¿Cómo? Con literatura juvenil.

Historias que traspasan la estructura de tu mente adulta y alcanzan lo que queda de juvenil, alocado, aventurero y misterioso en ti. Lenguaje sencillo para hablar de cosas importantes: la muerte, la amistad, tomar decisiones, hacer sacrificios. Cosas muy de adultos, como también lo son de adolescentes aunque desde nuestra Atalaya de la Adultez se nos olvida.

¡Viajeros al tren!

Así que ya sabes, siempre puedes coger el tren a Hogwarts. Cualquier tren que te lleve a ese momento desde aquí, desde ser un adulto. Busca un libro juvenil que no leíste en su momento, o uno que leíste y no recuerdas. ¿Aquella película que tanto te gustó y que estaba basada en un libro? Lee el libro.

Yo tengo esperando «Momo», que leí y voy a releer, y «La historia interminable», que no leí en su momento.

Aunque no hay un «su momento». El momento es cuando quieras. Ahora mismo, por ejemplo.

Siempre hay un tren esperándote. Sube.

2 Comentarios

  1. Muy buena reflexión:) Creo que estamos tan obsesionado tratando de encajar en determinadas etiquetas que se nos olvida que mañana nos puede caer una maceta en la cabeza y se acabó. ¿No encajo en el perfil de adulto por leer juvenil y tener funkos en las estanterías? ¿Quién estableció los estándares de la adultez?
    Básicamente, que cada uno lea lo que le apetezca, le entretenga, necesite y le haga feliz sin miedo a las miradas de recelo. Porque seguramente las personas que miran mal a otras por leer «juvenil» lo hacen porque creen que es su deber como adultos y no se han planteado lo absurdo de limitar su ocio por un prejuicio inconsistente.
    Dicho esto, ¡cómo mola Harry Potter! Ah, y también tengo «Momo» en la pila de la lectura. ¿ Y sabes qué? Me lo recomendó una mujer elegante y sofisticada con trabajazo en una sucursal bancaria, que debe ser algo así como lo más adulto que se puede serXD ¡Chupaos esa!

    • Lo de la maceta me encanta, porque además es algo más probable (creo) que el que nos caiga un rayo, y mucho más prosaico; y siempre tendemos al drama y olvidamos lo cotidiano. Y además, en Granada, la gente no está acostumbrada al viento porque casi nunca hay viento, y no aseguran las macetas 🙂

      No tengo ni idea de quién estableció los estándares de la adultez. En psicología hay varios autores y varios modelos (psicología evolutiva) que con alguna que otra diferencia te dicen cuáles son las etapas del desarrollo y más o menos qué años comprenden. Todos coinciden, eso sí, en que son modelos lineales: una vez que pasas una de esas fases ya no vuelves atrás, y si vuelves, es patológico. Sobre esto pensé algopara una entrada, ateneidnoa oros modelos (más de la psicología transpersonal) que bueno, viene a decirte aquello de la vida es ciclos, círculos o mejor aún, espirales.

      Y por eso creo que es importante leer juvenil siendo adulto. Por hacer saltar el prejuicio que dices, lo primero (como fan de Madonna estoy abocado a hacer saltar todo lo que puedo), pero también porque de alguna manera hay que volver a transitar etapas pasadas, y mejor hacerlo de forma voluntaria y llevar un poco de alegría y sanación (y diversión) a aquellos momentos.

      Y sí, estoy enganchado a Harry Potter. Ya he terminado el segundo y estoy deseando leer el tercero. Da igual que haya visto las películas. Estoy disfrutando mucho de la escritura sencilla, sin artificios. Ni siquiera falsos artificios, esos que pretenden que una escritura parezca sencilla cuando en realidad está más que pulida y retocada. Y sobre todo, me encanta cómo la autora lo hila todo del modo en que lo hace. En «La piedra filosofal» hay un par de cosas que no sabía a qué venían y que pensaba era un derrape de ella, pero… ¡no! Todo forma parte de la trama, mejor o mejor llevado, pero todo importa. Esto hace que me interese aún más por sus novelas de misterio últimas, escritas bajo pseudónimo.

      A esa señora del banco habrá que ir a preguntarle más recomendaciones, ¿no? 🙂

      ¡Un abrazo!

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