Hay un mito universal en la literatura: el mito de la literatura seria. Un escritor teclea con furia y rabia su máquina de escribir (o su portátil) y escribe historias serias sobre cosas serias.

Nada de fantasía, ni magia, ni naves espaciales ni esas cosas.

El escritor serio es fácil de reconocer, y podemos ver sus obras en los estantes de las librerías, separados (siempre ha habido clases y clases) de los estantes infames de fantasía, ciencia ficción y terror, por citar la Santa Trinidad de lo no-serio.

Escribir es tener algo que decir

Escribes porque quieres decir algo o tienes algo que decir. Esta frase tiene una potente carga: presupone que lo vas a decir es algo relevante o novedoso.

Aunque no necesariamente.

También presupone, siguiendo La Regla de Stephen King, que no vas a usar adverbios acabados en mente.

Supuestamente.

Cuando lees una novela, un relato o un cuento, cuando eres el receptor de una historia, puede que digas “esto ya me lo han contado”. Y así suele ser.

La cosa está en contarlo de otra manera, de un modo diferente. Mejor.

¿Me atreveré a decir diferentemente? ¡Me atrevo!

Érase una vez un cuentacuentos

Por eso, a veces esa cosa que quieres decir es una idea personal, una impresión propia, una reflexión o una preocupación. Pongamos un ejemplo. Quieres hablar de la siguiente idea: la gente no aprecia la belleza. No damos importancia a la belleza en lo cotidiano.

Tú llegas a esa idea de algún modo, por el camino que sea. Puede ser una serie de experiencias o una epifanía de martes por la tarde. Esa idea se convierte en la semilla de tu historia. Mejor aún, es la arenisca en torno a la cual se crea la perla que será tu novela o relato.

Elige la metáfora que prefieras.

El caso es que tienes esa idea, que puedes expresarla así sin más en una frase o dos, sin adornos, tal y como he hecho arriba: “creo que la gente no aprecia la belleza. No damos importancia a la belleza en lo cotidiano”.

Pero entonces eliges: ¿la pongo en Twitter o escribo toda una novela? ¿Y un relato?

Si eres un cuentacuentos optarás por la segunda opción, por supuesto. Artificio, juego, ilusiones; escribir.

El siguiente paso es añadir todas las capas e incubar esa historia. ¿Cómo la vas a contar? ¿Una cruda historia de sucio realismo, es decir, literatura seria? ¿O escribirás una utopía? O quizás algo de ciencia ficción.

Literatura seria y escritores serios

En mi caso, ese planteamiento casi nunca aflora. Por defecto, tengo activado el modo fantasía en mi narrativa. Me doy cuenta de que incluso cuando me planteo escribir algo que no sea de género, raro es si no acaba desviándose hacia lo fantástico.

Igual me pasa con lo que leo, y eso es algo que quiero cambiar. No hay nada de malo en leer a los clásicos.

Recuerdo un capítulo de la serie de televisión Castle, en la que el protagonista (un escritor de novelas de misterio que colabora con la policía) tiene un sueño en el que ve su futuro. Lo que Richard Castle descubre en ese sueño es que pasa de ser un escritor “de misterio” (rico y famoso) a ser un escritor “serio”. Y el propio Castle se alegra por ello: “¡Llegaré a ser un escritor serio!”, exclama feliz.

Eso es un mito, y como todos los mitos, florece y arraiga en determinadas mentes. No todos los mitos son para todas las personas, pero sí todas las personas somos para algún mito. Creo que ese es el mito que la gente cree que pulula sobre nuestra cabeza, la idea que nos obsesiona: “algún día escribiré algo serio”.

No. Yo no.

Me explico.

No hay nada tan real como lo fantástico

En ese mito, serio se interpreta como realista. Novela realista, que aborde los problemas de la sociedad, o sea fiel reflejo de ella. Puede ser la sociedad contemporánea en la que el autor está viviendo en ese momento (aunque sea otro país), o puede haber cierta distancia temporal entre el momento en que ocurre la historia y la época en que se escribe.

Para este propósito, me refiero exclusivamente (hacía ya mucho que no usaba un adverbio acabado en mente) a ese escritor serio que escribe historias serias sobre personajes “reales” y sociedades “contemporáneas”, con sus problemas, sus miserias, sus penas y sus sombras.

Siempre elijo la fantasía como vehículo conductor. Nunca me planteo otra cosa. No significa que nunca vaya a hacerlo; de hecho, tengo algunas ideas para relatos que no entran dentro del género de la fantasía.

Y he aquí la clave: no hago distinción entre un tipo de historia y otra. Todas las ideas e historias que tengo en mente son, para mí, igual de serias. No importa si tienen lugar en un mundo inventado de ambientación medieval plagado de magia o en un pueblo cualquiera.

literatura seria

No tengo nada en contra de la literatura realista… siempre y cuando no incluya ni el más mínimo elemento fantástico, ya sea un duende, un dragón o una tostadora que abre puertas a dimensiones paralelas del universo. Y mucho menos cuando ese elemento fantástico lleva encima las capas de barniz del realismo mágico. Esto es como los alérgenos: basta una minúscula porción para que la persona tenga una reacción. Pues basta un simple elemento de fantasía para que la novela realista haga “plof”, y se convierta en… oh, horror de escritores serios… ¡Fantasía!

Literatura seria, fantasía y una regla mía (sí, rima)

Para mí, si hay el más mínimo elemento de fantasía, entonces es una novela de fantasía. Es lo que hay: son mis reglas.

Leo realismo. Pero como escritor, como creador de historias, no me gusta especialmente el realismo. Cualquier otro modo de contar una historia me gusta más.

Novelas de fantasía, utopías, ucronías, distopías, historias de terror, de ciencia ficción… todas ellas hablan de cosas como la necesidad de ser aceptados, de movimientos sociales, del comportamiento en grupos y en solitario de los seres humanos, del sentimiento de pertenencia o no a algo, de la identidad personal, del valor que nos damos, del respeto y el amor propio, de aceptarnos y aceptar a otros… de todo eso y más.

Y sobre esos temas se han escrito decenas de novelas, relatos y cuentos; decenas de películas y series de televisión.

Y se seguirán escribiendo.

Las grandes obras no pasan de moda no porque estén “mejor” escritas o porque “reflejen fielmente la sociedad” Aun cuando lo hacen, hablan de algo atemporal. Si ese mensaje logra sobrevivir al paso del tiempo es por eso.

Y la verdad es que creo que nada resiste mejor el paso del tiempo como la fantasía, o la fábula. Estoy seguro de que dentro de decenas de años seguirá habiendo fábulas y cuentos sobre animales, por ejemplo. Y seguirán portando un importante mensaje.

Creo que el error es confundir, o identificar de manera exclusiva, la literatura seria con realista. Ese, tal vez, sea el gran mito de la literatura en general.

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