Me gusta la literatura de misterio. Y las series de misterio.  Me gusta el misterio en la literatura. Y después de estas frases no me queda otro remedio que pararme y preguntarme: ¿qué es el misterio?

Aquí se activa mi modo automático de trabajo, heredado y moldeado en gran parte por la vertiente académica. Lo primero que mi mente dice que debe quedar claro es definir qué significa misterio.

Define, que algo queda

¿De qué hablamos cuando hablamos de misterio? ¿Por qué es tan importante tener definiciones “objetivas”? Esa palabra, “objetivas”, debería ir entre comillas como cualquier definición que intente aprehender algo subjetivo.

Es importante porque una definición objetiva facilita la comunicación entre diferentes personas que hablan de lo mismo. Es decir, si tenemos una definición de lo que es “misterio”, yo puedo usar esa palabra (sin necesidad de adjuntar su definición) con la certeza de que cualquier persona que lea lo que escribo sabe exactamente a qué me refiero. Y viceversa.

No hay dudas, no hay ambigüedades. Todos nos referimos a lo mismo cuando usamos, en este hipotético caso, la palabra misterio.

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Pero la cosa no suele funcionar así. Al menos, no siempre. Son muchos los términos sobre los que existe discusión acerca de su objetividad. Y entonces aparecen los resquicios por los cuales se cuela el debate sobre si tal o cual término debe incluir tal o cual significado o matiz. Lo que nos lleva a preguntarnos si cuando usamos todos la misma palabra nos estamos refiriendo a lo mismo.

Algo así me pasa con la palabra misterio. Se me ocurren al menos dos significados o acepciones, lo bastante diferentes entre sí como para que ofrezcan dos tipos de novelas distintas, pero que pueden ir juntos sin problema, superponiendo dos dimensiones incluso opuestas a la vez en la misma historia.

El misterio en la literatura como algo a resolver

Un significado de misterio sería “algo a ser resuelto”. Puede ser un asesinato o enigma en el que las pistas estén presente durante la novela (un formato quién lo hizo), una historia de las de Sherlock Holmes, donde te ves obligado a deducir y reflexionar. O una novela de otro género relacionado: negra, suspense o thriller.

También hay novelas de misterio que no pertenecen a estos géneros. Puede que encajen mejor dentro de la ci-fi o el terror, o simplemente sean novelas de misterio. Hay una serie de hechos que no comprendemos pero que sabemos, y la novela o película nos lo mostrará al final, que detrás de todo ese aparente caos hay una respuesta clara, un patrón comprensible que hará que todo tenga sentido.

El misterio en la literatura como lo imposible

Y hay otro significado de misterio, más ligado por lo general a contextos religiosos, aunque no necesariamente. El misterio como algo que no sólo no hay que resolver, sino que no tiene resolución. Puede cruzar el umbral que lo sitúa en lo sobrenatural, pero tampoco es necesario. Es el misterio de la vida, por ejemplo, aunque esto sí tiene connotaciones trascendentes o transpersonales.

En contextos religiosos, al menos en el cristianismo, el misterio significa aquello que es imposible de conocer. Está siempre un poco más allá de la razón, al alcance sólo mediante la fe y a veces ni siquiera disponible por esa vía. Es “algo” que vive por encima de nuestras cabezas y cuya realidad y naturaleza hemos de aceptar y permitir que influya en nuestras vidas.

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En cultos paganos y esotéricos, el misterio es el conocimiento que pertenece sólo a unos pocos, los iniciados, y que no está al alcance de los profanos. A veces ese “no estar al alcance” no era porque ese misterio estuviera encerrado en lugares secretos sino todo lo contrario: expuesta a plena vista, pero sólo entendible por aquellos que conocían las claves para comprenderlo.

Al margen de cualquier religión o filosofía particular, persiste el misterio. El pequeño gran misterio de lo que nos sacude a diario. Algo, un elemento, que está ahí en el corazón de la novela y cuya finalidad no es que tú le encuentres explicación (o lo haga el protagonista) Su finalidad es proporcionarte la vivencia de un misterio.

En cierto modo, funciona como un koan: una pregunta cuya respuesta no importa; importa el estado en que te sitúa la pregunta.

Novelas de misterio y novelas con misterio

Una novela que incluya un misterio cuya resolución se nos ofrece al final (si no hemos sido lo bastante listos para averiguarlo antes) nos muestra un tipo de misterio. Y cumple un propósito. Ofrecernos un laberinto, llevarnos por él y conducirnos a la salida o a su centro; en definitiva, a un punto final que acabe con el propio laberinto en sí, puesto que ya no estamos perdidos.

Otras novelas contemplan el misterio como algo que impregna cada página, cada línea de la trama, cada escena y cada ambiente. El misterio está ahí, palpitando en cada palabra que se escribe y en las que no. En lo que se ve y en lo que te esconde el autor.

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En estas novelas entramos en el laberinto no para salir de él ni hallar su centro, sino sólo para maravillarnos de la existencia del laberinto en sí. Y eso es sólo el principio. Después, el laberinto deja de ser importante y sólo queda la simiente del misterio en el lector. Has recorrido un camino repleto de misterio, o un camino que te ha llevado a lugares en los que hacerte preguntas y vivir las posibles respuestas -ninguna definitiva ni del todo real- solo para dejarte ahí, sin satisfacer tu necesidad de puntos finales, de soluciones.

Escribir con misterio

Como escritor, como persona que gusta de escribir historias, me fascinan ambas maneras de acercarme al misterio. Me gusta esconderte algo y dejarte pistas aquí y allí para que adivines cuál es el secreto. Combinarlas con pistas falsas. Desviar tu atención pero eso sí, jugando limpio. Nada de sacarme de la manga en las últimas diez páginas algo que sea clave para la resolución de la historia pero que no haya aparecido antes nunca.

También me atrae el otro misterio, el que te coloca en posición contemplativa, para que lo reverencies o lo temas; o tal vez ambas cosas. Esta forma requiere más cuidado porque he de obligarme a no contar demasiado, a no poner el foco sobre lo que debe estar en penumbra. A no convertir el fondo en figura. Y todo esto sin que la historia sea demasiado oscura, incomprensible o sin sentido.

Leer con misterio

Como lector, también disfruto de ambas formas de que una historia me conduzca por el sendero del misterio. Si es del primer tipo no hay duda: sólo admito el formato “quién lo hizo” propio de las novelas de Agatha Christie: que todas las pistas estén en la historia. Que al llegar al final me de cuenta de que podría haber descubierto al asesino, resolver el enigma.

El segundo tipo es más desconcertante. Queremos magia con reglas. Queremos tramas y subtramas que se cierren de forma satisfactoria. Queremos que nada sobre y nada falte. Queremos que el trasfondo de la historia sea nítido, que todo encaje.

¿De verdad lo queremos? No, yo creo que no siempre.

El segundo tipo de misterio te impregna en paralelo a lo que lees, a la trama, los diálogos y las escenas. Es dejarse seducir por el misterio de lo que no conocemos, lo que nos trasciende y que tal vez no lleguemos a conocer ni siquiera al final de la novela.

¿Cómo te llevas tú con el misterio en la literatura? ¿Prefieres un misterio que pueda resolverse o prefieres uno que puedas contemplar y hacerte preguntas?

 

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