Nada Empieza Nunca

Fantasía, misterio y oscuridad literaria

¿Y qué pasa luego? El día después en las novelas de fantasía

El día después en la novelas de fantasía parece que no interesa. Tal vez porque las historias no cuentan el día después, no cuentan lo cotidiano.

Las novelas nos cuentan una historia. Una aventura. Comienzan en algún momento y alcanzan un final, por lo general siguiendo el viaje del héroe. Cuando la historia llega a su fin, dejamos de saber de esos personajes y ese mundo en el que hemos vivido durante semanas.

Vivimos sólo un fragmento de sus vidas, no la totalidad. Porque esos personajes tienen un día después, una mañana siguiente. Pero nosotros no lo vemos. ¿Por qué?

¿Soy el único que siente curiosidad? ¿Es que el día después de que todo acabe no interesa?

¿Lo cotidiano no es novela?

Es condición indispensable que en una novela pase algo. Un crimen que resolver, una lucha entre el Bien y el Mal, una protagonista que deba hacer frente a numerosas adversidades… Una novela nos cuenta alguna cosa.

Y si hay aventura, riesgo, intriga y misterio, mejor. Y si hay magia, mucho mejor.

Por lo general ese tipo de cosas no nos pasan en nuestra vida cotidiana. El día siguiente al de hoy casi seguro que será muy parecido. No sé cómo es tu rutina, pero en la mía no hay crímenes que resolver (todos suceden alrededor de Jessica Fletcher, por lo visto), no hay grandes misterios a los que enfrentarse y las fuerzas oscuras de otras dimensiones no suelen molestar.

Y por desgracia no hay ni pizca de magia. De magia de la de las novelas. No de “la magia de la vida cotidiana”, esa que se anuncia en tazas de café demasiado grandes y demasiado caras.

Aquí está la cuestión. Una novela no te cuenta lo cotidiano de los personajes. Bueno, sí, puede hacerlo. Pero hablamos de novelas de fantasía, de magia, de sombras oscuras de mundos ocultos que se cuelan en este.

Nada de eso es cotidiano. Y por eso mismo las leemos. Las vivimos. Y cuando llega el final, cerramos el libro, felices de haber vivido esa aventura.

Y cuando terminamos el libro, y hasta que empezamos otro, desfilamos por nuestra vida cotidiana. Nuestro día siguiente nos espera con las mismas cosas que el anterior.

Amamos los libros porque nos cuentan algo distinto. Pero, ¿también te preguntas qué les pasa al día siguiente a los personajes?

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El día después puede ser solitario, amargo, reflexivo… (Imagen de Loukas P., Devianart)

¿Cómo es llegar a casa después de haber luchado contra el Mal (o contra el Bien, según quién cuente la historia), dejar tu bastón de mago apoyado en la pared, sentarte frente a la chimenea y… qué?

Esos personajes ya no hacen nada más. No comen, no se encargan de tareas rutinarias. No lo hacen porque no lo lees, y no lo lees porque no está escrito. Pero se irán a dormir ese día y despertarán a la mañana siguiente, solo que tú no lo verás.

Sin embargo, tú y yo, y todos lo que leemos, sí regresamos a la vida cotidiana tras el final del libro. Y no sabías nunca más nada de esos personajes.

A no ser que…

El día después, o cuando las segundas partes tienen sentido.

Cuando vi la película Gremlins en el cine salí encantado, como cualquier persona que la haya visto. Tendría unos diez años, o así. Había vivido toda una aventura y sólo me podía llevar el recuerdo.

Yo quería más.

Años después, se estrenó la segunda parte. Ni siquiera recuerdo si la vi en el cine o no. Ni en qué año fue. Sólo sé que era una oportunidad para ver de nuevo a los Gremlins y vivir nuevas peripecias.

Pero lo que ocurría en la segunda parte no era al día siguiente de haber acabado la primera. Era una nueva aventura.

¿Qué había pasado entre el final de la primera y el inicio de la segunda? Pues rutina y más rutina, imagino. Pero la segunda parte no iba sobre eso. Era una nueva historia.

Esto sirve para entender por qué nos gustan las segundas partes de algo: porque volvemos a ese mundo.

Pero no es lo que yo quiero ver. El día siguiente en las novelas de fantasía sigue siendo un acto que ocurre entre bambalinas, oculto al lector. Si no pasa nada, parece que no interesa. El telón cae en el momento en que ya, se supone, no hay nada más que decir.

Pero ese día siguiente puede ser bestial. No hay montañas sin valles. Y un valle tiene mucho que ofrecer.

Un ejemplo del día después en una historia de fantasía: Tehanu.

Hace unas semanas te hablaba de las tres primeras novelas de Ursula K. Le Guin de la serie Historias de Terramar. Era una entrada sobre las tres primeras. Ahora he acabado la cuarta entrega, Tehanu, y es la razón por la que estoy escribiendo esta entrada.  Aquí puedes leer una maravillosa reseña de toda la saga completa de Historias de Terramar.

Porque Tehanu es un ejemplo de ese día después.

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Tehanu: un ejemplo de el día después en las historias de fantasía.

¡Atención! Te aviso: si no la has leído y quieres hacerlo, sáltate toda esta parte. No hay grandes spoilers porque no voy a contar nada que no puedas leer en cualquier sitio que hable de la novela. Pero por si acaso, te aviso.

Tehanu es el día después de la gran aventura de Ged y Lebannen allá en el fin del mundo. Tehanu es el día después, mucho después, de Tenar, la que fuera sacerdotisa de las Tumbas de Atuan.

Nos cuenta el día después de Tenar. Los años después, en realidad. De su vida posterior a su labor en Atuan: su vida como granjera y esposa. Pero eso no lo cuenta. No vemos ese cotidiano, vemos otro diferente. Pero sigue siendo un día después.

La novela además posee un poderoso mensaje feminista. ¿Qué es ella, Tenar, cuando ya no es la sacerdotisa de Atuan ni la esposa de su marido? Ese es el día después. Ese es el valle.

Es también el día después de Ged. ¿Qué es él, sin magia? ¿Qué hará ahora?

Claro que es una aventura, pero es otra aventura. Más tranquila. Más pausada. Y ahí está su fuerza, para mí. Vives ese día después con esos personajes con los que has vivido esos días anteriores.

Y te encuentras con ellos en un espacio que parece “cotidiano”. Y para mí, ha sido muy satisfactorio.

La nostalgia del día siguiente, o el efecto Bilbo Bolsón.

Todo esto es una apreciación personal. Tal vez a ti no te interesa saber qué pasa después. Una vez llegados al “vivieron felices y comieron perdices” tienes bastante.

O también un final del tipo “y vivieron atormentados y comieron mucho pero nunca más saciaron su hambre porque estaban malditos”. Hay varios tipos de finales.

Personalmente, el día después de algo grande se me hace difícil. El día después de aquella fiesta de fin de curso del colegio, por ejemplo. La nostalgia de algo que había pasado el día anterior. ¡Tan solo un día antes!

O la vuelta a la rutina tras un fin de semana fuera, o una ruta por el monte.

El viaje del héroe incluye la vuelta a casa, pero no te cuenta nada más. No te habla de si el héroe siente melancolía los días siguientes, o si la heroína se aburre mientras ve cómo su vida se vuelve gris y sosa en comparación con la aventura vivida.

¿Por qué no nos cuentan el día después en las novelas de fantasía? Tal vez los escritores crean que no nos interesa.

Pero al mismo tiempo son muy pícaros. Muchas novelas de fantasía, quizás la mayoría de las que yo he leído, al menos, comienzan en una especie de “día después”. Las historias comienzan contándonos que “algo” ha pasado, aunque no sepamos qué. Hay “algo” que cambió las cosas. En el pasado, antes.

Pero no hablan del día después de forma directa. Es un truco. Y quizás tenga que ser así, porque no sé tú, pero yo leo para viajar a otros mundos, vivir aventuras y conocer gente nueva (con magia, a ser posible).

Tal vez por eso precisamente las historias acaban donde acaban, y no vemos lo que ocurre el día después.

¿Tú querrías verlo?

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6 Comentarios

  1. El día después contiene mil y un peripecias que a la fantasía deben parecerle intrascendentes. La fantasía tiene mucho de épica y si se introdujesen ahí las fruslerías de la vida cotidiana el género sería otro. No es propio de ella hablar de dolores, de frustraciones y del peso de la rutina. O no sé si alguien se ha atrevido con ello y aun se le puede seguir denominando fantasía y no otra cosa (no he leído ‘Tehanu’). De eso sabes tú mucho más que yo.

    Y si no se ha hecho, ¿a qué esperas? 😉

    Un abrazo literario.

    • Óscar Iborra

      12 marzo, 2019 at 14:27

      Me gusta mucho tu comentario. Mucho, mucho.

      Cierto, si hablamos de lo intrascendente y lo cotidiano, ¿siegue siendo fantasía? Buena pregunta. Y tal vez la respuesta sea no. De hecho, creo que he hecho un poco de trampa con esta entrada, porque precisamente es la aventura y lo que no es cotidiano lo que da cuerpo a las historias de fantasía. Bueno, no sé si trampa es la palabra: lo digo como tal en la entrada, pero al mismo tiempo lanzo la pregunta contraria. Vamos a llamarlo tramparadoja 😉

      Dolores, frustraciones y el peso de la rutina unido a la fantasía… puede ser. Tal vez todo eso pueda funcionar como el fondo, no como la figura. Soy muy pesado a veces con esta comparación, pero me parece muy útil. Algo de esto decía también en la entrada de la semana pasada. Y ahora pienso por ejemplo en la primera trilogía de Sanderson ‘Nacidos de la Bruma’, donde hay magia y aventura, y también un fondo de otras cosas y emociones… ¿Dará esta idea para una entrada escrita con fundamento? 😉

      Acepto el reto de escribir, o explorar, la fantasía de lo cotidiano.Me temo que está abocado al fracaso precisamente por lo que digo en la entrada: porque leemos fantasía para salir de lo cotidiano (no hay nada de malo en leer por entretenimiento). Como dices, tal vez escribir sobre eso ya no sea fantasía.

      Un abrazo enorme y fantástico!

  2. Justamente es ahí donde se encuentra la grandeza de Tehanu: explora ese largo momento en el que la aventura se acaba y lo hace, además, desde la perspectiva descorazonadora de la pérdida. ¿Dónde está ahí la fantasía? Pues yo diría que en el recuerdo vívido de lo que se hizo y se tuvo una vez, más allá del hecho de que en Tehanu también aparecen magos malvados y dragones. Es una fantasía en sordina, o en pasiva. No es épica, sino íntima y personal: la lucha ocurre dentro. Me parece 🙂

    • Óscar Iborra

      15 marzo, 2019 at 13:08

      Exacto 🙂

      Por eso Tehanu me parece tan maravillosa. Me gusta la expresión que usas de fantasía en sordina; me parece muy acertada.

      En los tres volúmenes anteriores la fantasía y la magia están más presentes (tal vez Las Tumbas de Atuan tiene también ese toque más intimista). En todo caso esa misma palabra utilicé en la otra entrada sobre Terramar y Ursula K. Le Guin: intimista. Un viaje del héroe intimista.

      Esa fantasía “del día después” es terreno fértil para otras historias.

      Muchas gracias por comentar. Un saludo!

  3. ¡Hola, Óscar!

    Me ha hecho mucha gracia ver que mencionabas a Bilbo Bolsón en la última parte, porque llevaba pensando en él toda la entrada, jejeje. En su caso tienes el ejemplo de que la cotidianidad del día de después cambiaría el género que se está escribiendo. Quiero decir, ¿qué hace Bilno después de su aventura? Escribe sobre ella. Para mí, como escritora, me parece un final más que fantásico y satisfactorio, pero sospecho que si se escribiera un libro sobre las aventuras de Bilbo escribiendo un libro, pocos lo meterían en el género fantástico.

    Muy buena entrada que invita a la reflexión.

    ¡Un abrazo!

    • Óscar Iborra

      15 marzo, 2019 at 14:31

      ¡Hola!

      Sí, es que Bilbo Bolsón es un ejemplo de eso: vives una gran aventura, vuelves a casa (completando el viaje del héroe, por supuesto) , ¿y luego? ¿Cómo te levantas al día siguiente de vivir algo así? ¿Cómo nos levantamos al día siguiente de un fin de semana con amigos, o una ruta de senderismo, o un día especial con alguien? No son aventuras mágicas, pero sirven de ejemplo.

      Marian Ruiz dice algo como tú en su comentario en esta entrada: si se cuenta ese día siguiente, ya sería otro género. Un libro sobre Bilbo Bolsón escribiendo sus aventuras, ¿qué sería? Quién sabe, quizás haya ahí un género por descubrir y ponerle nombre… ¿fantasía reflexiva? 🙂

      Para ese nuevo “género” nos podría servir la frase de Kierkegaard: “La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia delante”. Esa parte de mirar hacia atrás serían esos valles, ese señor Bolsón escribiendo y reflexionando sobre el viaje, con la perspectiva que da verlo con tiempo y distancia.

      Me alegro de que la entrada te invite a reflexionar. Eso es lo que más me gusta, y es lo que intento cuando comparto aquí mis propias reflexiones. Muchas gracias por comentar.

      ¡Abrazo de vuelta!

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