Nada Empieza Nunca

Fantasía, misterio y oscuridad literaria

Dragones que no vuelan y otras miserias humanas

Hace muy poco he leído un artículo donde explican por qué los dragones de la serie Juego de Tronos, en realidad, no podrían volar.

El artículo comienza con un subtítulo de los que gustan al público en general, ya que incluye una de las palabras fetiche en la actualidad: “expertos”.

«Varios expertos se han planteado si estas criaturas fantásticas podrían moverse o cómo serían sus ojos y sus dientes para explicar conocimientos de biología y biofísica.»

Pongo este artículo como ejemplo por ser el  más reciente que he visto, que no el único. Esta tendencia a revisar desde la ciencia las historias, personajes, tramas, acciones y cosas que pasan en la fantasía y la cifi no es nada nuevo. Así que este artículo vale como cualquier otro, ya que en el fondo son todos iguales.

«¡No puedes… VOLAR!»

El artículo comienza con:

«Lo fantástico se caracteriza por residir en la imaginación y por ser imposible en el mundo real. Sin embargo, plantearse si algo imaginado es plausible es una forma muy eficaz (y divertida) de aprender ciencia.»

De acuerdo, en parte, con lo primero. Pero no con lo segundo. Sí con que puede ser una forma de aprender ciencia, pero rotundo no al modo de hacerlo, a lo que lleva implícito en mi opinión: denostar la fantasía. Además de aprovechar el tirón de la serie para colar un artículo y cumplir con la cuota de publicación.

Y ahora es cuando tú me dices: “¿Y tú no estás haciendo lo mismo?”

Y yo te digo: ¡Dracarys!

Hagamos un breve listado de algunas conclusiones del artículo:

  1. Son demasiado pesados para volar: “Al igual que tantas otras cosas en la serie (como los muertos que resucitan o las espadas flamígeras), su vuelo dependería de causas mágicas.”

¿En serio? ¿Causas mágicas? Quién lo diría, ¿verdad? ¡Magia en una historia de fantasía! ¡Qué decepción! Yo, que leo fantasía para que los dragones vuelen gracias a un realista sistema biomecánico, y que personas con túnicas hagan hechizos utilizando el Principio de Incertidumbre de Heisenberg y la Segunda Ley de la Termodinámica…

  1. El problema del despegue: “Tal como ha explicado Michael Bruce Habib (…) las alas de los dragones tienen una envergadura suficiente como para mantener el vuelo, pero que no les permitirían alzarlo, «a no ser que usaran una catapulta para el despegue».

Cuando escribáis fantasía y un personaje tenga la capacidad de influir sobre el viento y el agua de su entorno mediante ciertos cánticos, no olvidéis que debe llevar algo que le permita hacerlo. No sé, una catapulta, por ejemplo.

  1. Esqueleto hueco y enormes músculos: “Michael Bruce Habib ha explicado que el diseño de los dragones de «Juego de Tronos» es de los más plausibles. El motivo es que estas criaturas son robustas y dejan intuir los potentes y grandes músculos que harían falta para que pudieran volar.”

Plausible. Repitamos la palabra: plausible. Por mucho que nos guste la magia dura (siguiendo a Sanderson), yo erradicaría la palabra plausible de la fantasía. Distinta es la palabra creíble (y ahí sí que funcionan bien las reglas de la magia de Sanderson), pero ¿plausible?

Ya sabéis: si incluís cualquier tipo de criatura que vuele o baile (o lo que sea), hacedla plausible.

  1. Los ojos de los dragones: “dado que los dragones son criaturas voladoras, en opinión de Banks (experto en visión en la Universidad de California, Berkeley) deberían tener unas pupilas redondas.”

¡Jaque mate, escritores! ¿Habéis creado criaturas con pelo azul? No. ¿Habéis creado un personaje con ojos con triple pupila que se alternan para ver según qué cosas? (yo sí, ahora mismo) Pues no.

  1. Dientes para clavar y desgarrar: “Paul Gigna, paleontólogo de la Universidad del Estado de Oklahoma (…) ha sugerido que algunos de los dientes que se observan en la boca de los dragones de «Juego de Tronos» son rectos, con forma de estaca, lo que es típico de peces o reptiles pequeños que atrapan a sus presas en una trampa de dientes.”

Lo siento, dragoncitos. Tenéis que ir al dentista a que curve vuestros dientes. Os toca poneros aparato.

En definitiva, parafraseando aquello que dijeron de Lola Flores cuando fue a Nueva York:  “No vuelan, no echan fuego, pero no se los pierdan”.

Y como decía al principio, me gusta que se enseñe ciencia, pero…

Ciencia y Fantasía: orden de alejamiento

Soy científico. Doctor en psicología, mi área de investigación es variada: sinestesia, ideaestesia, consciencia, parapsicología, mente/cuerpo… Me gusta la ciencia y que se enseñe ciencia, aunque en general no me gusta nada el tipo de divulgación científica que se hace en nuestro país.

Pero eso es otra historia. Una historia por la que me dan ganas de dracarys pero de lleno.

Como digo, me gusta que se enseñe ciencia, pero creo que este tipo de artículos esconden algo más. Me refiero a los artículos en los que se hacen este tipo de comparaciones, de opiniones de “expertos”, de juicios desde la ciencia hacia la fantasía o la cifi. No hace mucho yo mismo decía en una conversación en Twitter que a día de hoy considero muy difícil crear una IA que se parezca a un ser humano; en realidad hablaba de la dificultad de programar una IA imitando un cerebro.

Sí, soy contradictorio y absurdo.

Creo que tras estos artículos, como digo, puede haber otra intención oculta, aunque quizás es sólo paranoia. Creo que esconden un poco de miseria. Podría haber dicho falta de imaginación, falta de interés en la fantasía… pero no. Elijo la palabra miseria.

Es frecuente cuando se habla sobre cifi encontrar frases del tipo “quizás en un futuro…” o “no estamos muy lejos de…”. Este tipo de frase es también frecuente en artículos científicos: “parece muy probable que en un futuro próximo podremos desentrañar los misterios del cerebro…” o cualquiera similar. Pero no es cierto. No hay ninguna razón para pensar eso. Asumimos que el avance seguirá adelante, exponencial, y que lo que no sabemos hoy lo sabremos en cinco años, o diez… pero no hay nada que justifique esa idea, salvo presunción.

Parece que necesitamos clavar una pica de “verdad” o “ciencia” porque a algunos seres humanos les joden la fantasía y/o la ciencia ficción. Es como si les molestara que animales que no pueden volar, vuelen; que una IA que no pueden imitar a un ser humano, lo haga. Aunque sólo pase en libros y en historias. Por eso la fantasía y la cifi son una rebelión constante que adopta varias formas: la rabieta de un niño pequeño, una respuesta a gritos, una profecía siniestra, una luz sobre aspectos oscuros del ser humano…

Y sin embargo, vuelan…

Escribo textos tanto científicos como de ficción. Cada cual puede enseñar algo al otro. Algún día hablaré de esto. Mientras, quiero llevar tu atención a una cuestión: ¿quién está detrás del texto? Con sus motivaciones.

El científico – o peor aun, el divulgador – expone o informa de unos hechos de forma objetiva, en teoría. Refuerza su campo. Propone cuestiones basándose en datos o tal vez en especulaciones con cierto fundamento, por qué no.

El escritor tiene otra motivación. Algunos quieren sermonear o soltar su rollo sobre la vida a través de un personaje. Otros quieren entretener, plantear cuestiones que quizás tú no te planteas, señalar zonas oscuras de la mente humana, social y colectiva, etc.

Son distintas motivaciones, y las del escritor de ficción me gustan más. Son menos sádicas aunque escriba una historia de sadismo. El escritor de fantasía o cifi no se preocupa si un dragón vuela o no; sólo hace que vuele. El científico vendrá a decirle que ese dragón no podría volar en realidad. Tal vez un poco como quien quita la ilusión a un niño.

Porque tal vez de eso se trate en el fondo. De joder. De dejar claro que eso “sólo es fantasía”.

Justificar o analizar desde la ciencia a la fantasía o la cifi me parece algo bastante idiota. Una excusa que suele usarse cuando se hace eso es decir que se hace para “dotarla de mayor verosimilitud” o mayor realismo. ¿Para qué? ¿Por qué esa necesidad enfermiza de establecer algún enlace con algo científico o creíble? ¿Por qué no aceptar sin más que es fantasía o cifi y que como tal, no tiene por qué tener bases científicas sustentables? ¿Por qué recordarnos una y otra vez que los dragones no podrían volar si son como los de las novelas o series, o hacer un estudio especulativo sobre cómo sería el mecanismo – científico – por el que echan fuego?

¿Por qué no dejar a la fantasía en paz?

Algunos parecen que no pueden. Parece como si fuera un repulsivo para ellos, algo que les incomoda. Les sacude; por los pies, además. Quizás por eso los monstruos que tememos cuando somos niños nos cogen por los pies: por el lugar que apoyamos sobre la tierra, lo que nos sostiene. Tal vez, a sus ojos la fantasía es algo menor.

Algunos hablan de que los dragones no pueden volar porque no saben, no pueden, no son capaces de hablar de dragones de otra forma. No saben contar un cuento de dragones. No pueden aproximarse a ellos con la fantasía, desde la fantasía. No quieren que nadie les vea hablando de dragones o magia y para evitar el bochorno lo hacen examinando el vuelo de un dragón desde la ciencia, aunque en el fondo están hablando de dragones, y eso le satisface.

¿Demasiado rebuscado? No lo creo. Lo rebuscado es siempre lo más simple. Lo simple es demasiado simple y por tanto, más confuso.

Pero quieren hablar de dragones, de magia, de naves espaciales. Quieren relatos aunque no lo sepan. O peor aún, lo saben, pero no quieren que nadie lo sepa. A veces ni ellos mismos.

Y tal vez por las noches, (benditas noches que abren las puertas a ese otro lado del ser humano) cuando nadie les ve, leen sobre magos y hechiceros, o sobre alienígenas, plausibles o no. Si alguien les pilla rápidamente elaboran el discurso en el que justifican su lectura diciendo que le interesa como médico, o como psicólogo, o como físico, o como lo que sea, encerrando al niño pequeño que quiere volar sobre un dragón o descubrir una puerta secreta en su casa. Leen sobre fenómenos sobrenaturales porque alguna vez han vivido uno, porque quisieran vivirlo, porque se sienten atraídos.

La pasión humana es curiosa. Si quieres hablar de dragones pero no quieres que nadie te vea hablando de ellos, lo disfrazas. Y das un discurso sobre por qué los dragones no pueden volar, por qué los dragones no pueden echar fuego… sólo para que tus labios digan una y otra vez esa palabra: “dragones”, o “magia”, o … lo que sea.

No hay nada más triste que quien quiere leer fantasía y no lo hace por… yo que sé. ¿Vergüenza? ¿El qué dirán? ¿El qué se dirá a sí mismo? No sentimos mayor vergüenza que ante uno mismo. Trágico. Interesante para un escritor.

Pero luego, esa misma persona te cuenta, con detalle, que los dragones nunca podrían volar en realidad.

Que le jodan a la realidad.

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2 Comentarios

  1. Empezaste a pensar en el tema y te encendiste, pero me gusta mucho, por defender que la fantasía sea fantasía, que nos hace volar y ser lo que no somos, por lo mismo que me gustan mucho libros como “Sortilegio”, que no tiene normas, al contrario que los últimos libros de fantasía que había leído en que intentaban justificar la magia.
    Y a la vez me ha hecho recordar como mi hermano me machacaba de pequeño diciendo que los dibujos eran para niños pequeños, que esas cosas no existían, etc. Y qué había que ser adulto. NO! (Yo no tenía ni 10 años) Y me estaba haciendo mella hasta que un familiar me defendió, diciendo que a él tb le gustaban las pelis de dibujos y que era cuestión de gustos, no de madurez.
    Enhorabuena y sigue alegrándonos con tu escritura ;D

    • Hola Javier,

      Ya iba encendido desde días atrás… 🙂

      Me parece muy bien que una historia de fantasía tenga otro nivel y sirva de metáfora para otras cuestiones, más personales o terrenales. De hecho, creo que es difícil que eso no pase. Pero eso no debe ir por delante de la historia en sí, de la fantasía en sí misma.

      “Sortilegio” de Barker es EL LIBRO 🙂

      Gracias por comentar!
      Un saludo.

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