Narrativa fantástica y el triunfo de la imaginación

Autor: oscariborra (Página 1 de 3)

¿Quién escribe para quién?

Uno de los consejos que más he escuchado es el de escribe para tu lector ideal. No intentes complacer a todo el mundo: crea tu obra de manera específica para esa persona en concreto que está esperándola.

Escribí esta entrada originalmente en julio de 2015 y llegué a la conclusión de que el lector ideal es la parte de uno mismo que alienta lo mejor de nosotros, que reconoce cuando estamos creando algo bueno, que nos dice cuándo no, y nos obliga a ir un paso más allá. Y si de verdad es parte de uno mismo, no es fácil engañarle

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Influencias y exfluencias

Hace algunos años, en una feria del libro, antiguo compré La casa en el confín de la Tierra, de William Hope Hodgson. Lo elegí por varias razones: la portada, el tema y porque la contraportada decía que esta obra, “una de las obras más famosas de Hodgson” había influido directamente a autores como Lovecraft o Pratchett. 

La novela me resultó muy pesada y aburrida. Y que conste que soy de los que disfrutan con personajes victorianos que pueden estar horas (páginas y páginas) sobrecogidos por la sombra que provoca un busto sobre la pared mientras se estremecen por horrores que sólo tienen lugar en su mente.

Pero esta novela fue demasiado para mí.

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La fantasía es (también) cosa de viejos

Me encuentro con frecuencia en Twitter a gente quejándose de que todos los personajes de las novelas de fantasía responden a estereotipos: el hombre guapo, fuerte, de sonrisa pícara; la mujer guapa, decidida, atrevida, de cintura estrecha. Comparto con esa gente que es necesario que haya otro tipo de personajes en las novelas.

Sin embargo, un poco más abajo de mi TL en Twitter encuentro dibujos de fanart, hechos por lectores/as, donde ¿qué personajes aparecen? Los guapos, las guapas, jóvenes, senos turgentes, anchas espaldas. La hipocresía es común en todos los sitios pero en el mundillo literario-fantasioso-escritoril tiene como cierta solera.

No voy a hablar de eso (ya lo hice en Twitter), ni vengo a señalar la necesidad de que haya todo tipo de personajes (gordos, calvos, feos, senos menos turgentes, no senos, culos caídos, etc.) Yo vengo a hablar de viejos.

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Nunca hay demasiada magia

La frase del título es mía. Es muy probable que alguien ya la haya dicho antes, o alguna otra muy parecida. Es una especie de mantra para mí, uno en el que creo fervientemente.

Adoro la magia. Adoro las historias donde hay magia, sean historias de fantasía épica, oscura o u cualquier otra. Me da igual si son juveniles o adultas (distinción que muchas veces carece de sentido a los ojos del lector, en mi opinión)

Me gusta tanto esa frase y la tengo tan presente porque en numerosas ocasiones me da la impresión de que toda la corriente fantástica opina de forma diferente: que la magia tiene que tener un límite, que hay una cantidad «justa» de magia. Y esa es una idea que no comparto ni soporto.

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Érase una vez… Primavera

Ya llegó. Detrás de las nubes acechaba la primavera esperando poder colarse por una rendija. Hemos vencido a la oscuridad, los días se alargan y tenemos más horas de luz. Es el final del túnel, el triunfo victorioso. Pero, ¿de verdad lo es?  Porque basta una mínima helada para que la primavera se retraiga. Basta una pequeña borrasca para que la explosión de color y luz se cubra de sombras. ¿Podría la primavera traer peligro y oscuridad en las historias de fantasía además de luz?

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¿La transformación del personaje es indispensable en una novela?

Una regla escrita sobre la escritura es la transformación del personaje. Sea quien sea el protagonista deberá acabar siendo alguien diferente al final de la novela. Y no sólo en novelas, también en películas o series. Se presupone (alguien, en alguna parte según parece, lo ha dicho así) que los lectores queremos que el personaje cambie a lo largo de la trama. Que haya una transformación.  ¿De verdad es necesario?

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