7 cosas como escritor que he aprendido de Neil Gaiman.

El año que conocí a Neil Gaiman

Ya conocía a Neil Gaiman. Quiero decir, sabía quién era. Pero no había leído nada suyo hasta que las navidades pasadas me regalaron Material sensible. El prólogo de este libro, que ya había leído gratis en alguna librería, y fue suficiente para decidirme a leerlo. Así que Material sensible me abrió las puertas de su mundo, y a ese libro siguieron otros.

El siguiente fue El océano al final del camino. Me gustaría hacer reseñas en el blog sólo para poder reseñar este. Pero no hago reseñas. Sólo puedo decir que este libro es MAGIA con mayúsculas. A día de hoy, ocupa el segundo puesto en mi lista particular, detrás de Sortilegio, de Clive Barker (Alabado sea Su Nombre por los Siglos de los Siglos, Amén) Si me pides que te cuente de que va El océano al final del camino, no podría decirte. Bueno, podría contarte la trama, podría decirte “va de esto y aquello”, pero sería insuficiente y no alcanzaría de verdad a reflejar la historia.

Luego vino Neverwhere, otro que tenía fichado hacía tiempo. Neverwhere me fascinó por su historia y sobre todo por el modo en que estaba escrito. Me parecía raro. A veces las frases me sonaban mal, como si estuvieran mal escritas o mal traducidas. Y al mismo tiempo, me resultaban cautivadoras, como si el autor estuviera justo al lado mío, diciéndome esas palabras a mí.

Después leí American Gods. Ese había estado a punto de comprarlo algunas veces antes, pero siempre se quedaba en los estantes. Soberbio, me di prisa en leerlo antes de que hicieran la serie cosa que fue un acierto: la serie no está mal… perno. El libro incluye joyas que son esos pequeños interludios, relatos perfectos en sí mismos. Es un doble salto mortal, historias dentro de otra historia.

El último que he leído este año ha sido El cementerio sin lápidas y otras historias negras. Se supone que son relatos para un público juvenil, pero eso es otra de las cosas que me maravillan de este hombre: trasciende esa frontera (muchas veces artificial) entre lo juvenil y lo adulto. En ambas direcciones, además.

Y esperando en los estantes de casa para ser leídos están: Los hijos de Anansi, El libro del cementerio y Mitos Nórdicos. Y una nueva petición para estas navidades: Humo y espejos.

Sin duda, 2017 ha sido el año en que he conocido a Neil Gaiman. He disfrutado muchísimo con sus historias y también he aprendido cosas. Algunas de ellas te las cuento aquí.

1. No importa mucho cómo escribas, si lo que cuentas es bueno.

 Como te he dicho antes, leyendo algunos de sus relatos y novelas a veces pensaba que había tenido la mala suerte de haber elegido las peores traducciones. “Eso, o este hombre escribe raro”, pensaba. Repite la misma palabra en frases seguidas, por ejemplo (y si vas a buscar consejos sobre escritura en Internet verás como te dicen que no hagas eso)

La estructura de la narración me resultaba muy extraña a veces, como si en efecto la traducción se hubiese hecho mal, o como cuando mueves frases, cortas y pegas, al final no repasas bien y te queda un texto raro. No es algo que sea la norma en su modo de escribir, pero sí me lo encontraba de vez en cuando, y lo he encontrado en todos los libros que he leído de el hasta ahora.

¿Importa? Ni lo más mínimo, porque lo que escribe es bueno. ¿Hay que descuidar la estructura y las palabras? No, pero si cuentas algo bueno, puede que el lector te pase por alto una palabra que se repite dos veces en la misma frase. De hecho, es muy probable que como lector te hayas encontrado con cosas así algunas veces y las has pasado por alto siempre que el total de la historia sea bueno.

También se lo perdona porque usa mucho la palabra perfecta. Justo esa palabra.

2. Puedes contar cómo montar una silla.

En Material sensible te cuenta cómo montar una silla. Imagínate, el primer libro que lees de un autor tan renombrado. De hecho, el relato que abre el libro es… cómo montar una silla.

¿Genialidad? No, en absoluto. Es cómo montar una silla. Un rollo, vaya.

Pero tiene su efecto.

Te desconcierta.

Porque dices, ¿qué habrá a la vuelta de la hoja? ¿Una receta? ¿Una historia de qué? Nuestro cerebro es rápido aprendiendo y creando expectativas (otra cosa es que sea acertado; eso es otro tema): si compras un libro de relatos de terror, esperas terror. Si de pronto te cuelan una descripción de cómo hacer un pastel, te quedas desconcertado. Puede que decepcionado…

¿Qué consigue hablando de la silla? Pues destruir radicalmente todas las expectativas que pudieras haberte hecho sobre el libro: “¿Material sensible, y me hablas de cómo montar una silla? ¿En serio?” Es arriesgado hacer eso. Pero te saca de la posición que habías creado para leer ese libro y te deja sin saber qué va a ocurrir a continuación.

3. Cuenta, no muestres.

Si eres escritor conoces la máxima “muestra, no cuentes”, aunque leí por ahí una vez que tal y como la entendemos y la recomendamos (bueno, la recomiendan) es errónea.

Muestra, no cuentes. No nos cuentes que Mary está triste, muestra a Mary llorando. Esta máxima me ha chirriado siempre: entiendo que hay veces que debes mostrar, pero otras, debes contar. Y Gaiman cuenta muchas veces, no muestra.

Esto sobre todo lo veo en sus relatos. Claro, son relatos, y se supone es más fácil en relatos lo de contar y no mostrar. Pero da gusto leer algo que te están contando sin mostrarte nada o casi nada. No necesitamos siempre que nos muestren todo, a veces basta con contarlo.

4. La fantasía va más allá de lo fantástico.

Su relato El puente del troll, incluido en El cementerio sin lápidas y otras historias negras, habla de un niño y un troll. No te cuento más, pero si quieres un relato de fantasía que vaya mas allá de la fantasía, ahí lo tienes. Cuando lo leí se me saltaron las lágrimas, porque es mucho más que un relato de fantasía.

Pensé en toda esa gente que menosprecia la fantasía como algo menor; y es porque no han leído relatos como este. La fantasía sigue siendo algo menor, “elfos y esas cosas”, y creo que la gente la sigue viendo como un género que no puede hablar de nada “serio” (sea lo que sea lo que signifique serio, a saber).

En El puente del troll es un relato de fantasía donde sale un troll, pero es a la vez mucho más, porque se puede emplear la fantasía para hablar de cosas que la trascienden, que van más allá de lo fantástico, aunque no sea estrictamente necesario hacerlo.

5. Juega con el lector: hazle creer que sabe más que tú.

Imagina: estas leyendo una historia, un relato. Hay un personaje, y aparece un segundo personaje. Al cabo de un párrafo, quizás dos, tú te dices “un momento…, este segundo personaje… ¡es un fantasma!”. Y te crees más listo que nadie, el más listo del mundo. ¡Chúpate esa, Gaiman! ¡Te he visto las cartas, he descubierto tu juego!

Y entonces, un poco más adelante, el otro personaje le pregunta, por ejemplo, algo como “¿y tenéis hambre los fantasmas?”, y tú te quedas con cara de… pues de eso. Lo que parecía el foco de la historia, lo que tú habías pensado que era “el secreto” (que el otro personaje ¡era una fantasma!), lo que debía descubrirse, ya no lo es. De hecho, nunca lo ha sido: eres tú quién lo ha puesto bajo el foco. Pero nunca fue lo que el foco pretendía iluminar.

Entonces toda la historia se reencuadra, cambia, se retuerce y se mueve bajo tus ojos y te traslada a otra cosa, siempre un paso más allá. Te conduce a otros temas ocultos bajo el aparente tema principal, al  mismo tiempo que ese tema principal no pierde ni un ápice de fuerza.

6. No hace falta que el protagonista haga avanzar la historia.

American Gods es fabulosa. Al menos para mí. Es un compendio, no es solo una historia. Y todas giran, en teoría en torno al protagonista, Sombra.

Pero si has leído la novela, reconócelo: Sombra no hace nada en toda la historia. Nada. Puedes objetarme que sí, que tiene su momento cuando lo del árbol (no cuento más por si no la has leído aún).

Pero míralo así: la historia, lo que ocurre, ocurriría incluso sin Sombra. Elimina a Sombra de la historia, y la historia existirá.

¿No es fabuloso?

Un personaje que no hace avanzar la historia. No hace nada. Y lo que hace, lo hace por error casi siempre.

Fantástico.

Sombra es la excusa, quizás por eso se llama así, sombra. Está ahí para que tú presencies la historia, pero imagina, si has leído el libro, que Sombra no estuviera. ¿No crees que no pasaría nada? Es simplemente un punto de vista, el de Sombra, útil para contar la historia. Ya está. Hace falta una perspectiva y es esa.

Y eso a mí me resultó liberador, porque algunas de mis historias – una en concreto – tenía un protagonista que no hacía nada. Y claro, yo atormentado. Porque el protagonista debe hacer avanzar la historia. Siempre. Lo dicen los consejos en Internet.

Pues mira, no.

Ahí tienes a Sombra.

7. Escribe para jóvenes y adultos… a la vez.

Se supone que El océano al final del camino es juvenil. El tema de las etiquetas en fantasía da para mucho. En una entrada anterior hablaba de hasta qué punto necesitábamos tantos subgéneros de fantasía, y que, como otras muchas personas opinan, en parte esa división por géneros, incluyendo fantasía adulta y juvenil, responden más a criterios editoriales, aunque puedan establecerse algunas diferencias o características propias de cada tipo de fantasía.

Si eres adulto y no has leído esa novela, léela. Si ya la has leído, recomiéndasela a algún adulto que no lo haya leído, y que la lea.

Ese libro tiene magia.

No sé explicarlo mejor. Tampoco quiero intentarlo.

Hay algo en el, en cómo cuenta lo que cuenta… magia.

He leído ese libro con 42 años, pero quien lo ha recibido es mi yo de 15 años. No sé como lo ha hecho Gaiman, pero lo ha hecho: ha escrito un relato que viaja hacia atrás en tu tiempo personal, en tu biografía. No hay duda de que Gaiman hace magia, y con El océano al final del camino ha hecho, al menos para mí, su gran hechizo hasta el momento.

“Haz buen arte”

En 2012, Neil Gaiman dio un discurso en la Universidad de las Artes. Entre las muchas cosas que dijo repitió una varias veces; tanto, que es fácil encontrar este discurso en Internet buscando estas tres palabras: “haz buen arte”.

Haz buen arte. Haz cosas que sólo tú puedes hacer. (Neil Gaiman)

Lo que Gaiman hace es su propio arte. Pero puede ser inspiración para el tuyo. Este listado recoge algunas cosas que me gustan de su arte, y lo son desde una perspectiva muy subjetiva, por supuesto. No tienes por qué estar de acuerdo. Pero me las quedo para hacer mi propio arte. Si alguna te sirve de inspiración para hacer el tuyo propio, adelante. Como dice Gaiman en este discurso:

Cuando comienzas una carrera en las artes no tienes idea de qué estás haciendo.

Esto es genial. La gente que sabe lo que está haciendo conoce las reglas, y sabe lo que es posible e imposible. Tú no lo sabes. Y no debes saberlo. Las reglas de lo que es posible e imposible en las artes fueron hechas por gente que no había probado los límites de lo posible yendo más allá de ellos. Y tú puedes hacerlo.

Si no sabes que es imposible es más fácil de hacer. Y como nadie lo ha hecho antes, no han hecho reglas que impidan a alguien hacerlo nuevamente. (Neil Gaiman)

Haz buen arte.

4 Replies to “7 cosas como escritor que he aprendido de Neil Gaiman.”

    1. Gracias, Adella!
      Sí, no hay duda de que es un dios. Yo, como soy politeísta, no tengo problema en adorar a Gaiman junto al Amo y Señor del Universo: Clive Barker 🙂
      Pero sí, Gaiman es Pura Magia, así, con mayúsculas. Me alegro de que te haya gustado el post: he intentado recoger las cosas que más me han impactado, calado o que me han ofrecido un algo diferente en el modo de contar historias. Me he dejado muchas, seguro, y lo que me queda por aprender aún de este escritor.
      Gracias de nuevo, Adella.
      Hagamos buen arte!
      Un saludo.

  1. El oceáno al final del camino es sin duda mi mejor lectura del año. A muchos puede no gustarle, pero yo amé la originalidad con la que presenta a los enemigos, el estilo tan cuidado para otorgarle voz a un niño y que a la vez oculte problemas sociales gigantescos, la forma tan sutil de mostrar la avaricia o el sacrificio humano.

    En fin, como dijeron arriba, Gaiman es dios.

    1. Hola, Antonio.

      Yo, de todo lo que llevo leído hasta ahora, El océano al final del camino es la que más me ha gustado. En realidad es algo más que eso, porque otras me han gustado mucho también, incluyendo relatos, pero hay algo especial en la narrativa de esa novela. Y no dejo de encontrarme a más gente que opina similar.

      Sí, la voz que le otorga al niño está muy bien cuidado: gracias por señalarlo. Tal vez por eso tiene ese efecto especial; en mi caso, es como leerlo yo ahora y mi yo de niño. Y también de acuerdo contigo en la sutileza con la que trata otros temas mientras “cuenta un cuento de fantasía”. En este sentido, el relato “El puente del troll” me parece otro buen ejemplo.

      Con dioses así da gusto.
      Un abrazo y gracias por comentar.

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