Estoy sentado en la cocina revisando la escena final de una novela que no he escrito aún. Forma parte de un ejercicio de un curso que estoy haciendo, mi primer curso sobre construir una novela. Me oigo a mí mismo decirme “tengo problemas con esta escena” y sonrío, porque es una frase típica de escritor, o al menos típica de la imagen que yo tengo de lo que es ser un escritor.

Empecé a escribir, que yo recuerde, cuando tenía doce años y lo dejé poco después. Las razones por las que lo dejé son varias y no me apetece repetirlas, no por lo traumático sino porque hay cosas que mejor se quedan erosionadas y listo, sin restaurar. Lo que pasó, pasó, que decía un capítulo de LOST.

Pero al oírme decir eso de “tengo problemas con esta escena” me veo de nuevo cuando tenía once o doce años, escribiendo en una libreta porque no tenía máquina de escribir. Creando mundos, inventando historias, ejerciendo uno de los mayores poderes de los magos en la tierra: el poder de la imaginación.

Ahora, treinta y cuatro años después, vuelvo a estar en casa de mis padres (sin moverme de mi casa), en la cocina, en mi habitación, en el salón o donde fuera que escribiese. Esos dos momentos se tocan, estoy aquí y allí al mismo tiempo. Para un psicólogo esto sería alarmante porque podría estar frente a un episodio psicótico o algo similar. Pero si yo, que soy psicólogo, no me preocupo por este bucle temporal tú tampoco tienes que preocuparte.

Hay una frase que me obsesiona: trayectoria de cometa. La uso mucho. Una de las veces en que la uso es para describir (y predecir) el comportamiento de los adolescentes. No de todos, claro. De aquellos en general que se alejan de sus padres y sus mundos aunque vivan en la misma casa. No hablo de infelicidad, sino de buscar su propio espacio, su propia identidad. Se alejan como se aleja un cometa. Pero no es el vuelo del cometa lo que me obsesiona sino su trayectoria.

Porque ese irse lejos de algo implica volver de nuevo pasado un tiempo, como lo hacen los cometas. Como hago yo ahora sentado en mi cocina, como lo llevo haciendo desde que retomé la escritura. Sigo una trayectoria de cometa. Vuelvo de nuevo a pasar por aquello de lo que me alejé. Y no sólo es la escritura.

Podría pensar que irremediablemente me tocará volver a alejarme siguiendo la trayectoria de cometa. Pero tengo una carta a mi favor. Un truco, si lo prefieres. Me gustan los trucos y las trampas. Son divertidas y te permiten ganar. Mi truco es que los cometas tardan muchos años en volver a pasar. Aquí en la Tierra podemos ver un cometa y no volver a verlo nunca más porque cuando vuelva a pasar ya no estamos.

Así que no temo que mi trayectoria de cometa me aleje de aquello por lo que estoy pasando ahora, lo que estoy recuperando. Porque yo ya no estaré aquí para verme alejarme. Estoy ahora, en este momento de la trayectoria en la que de nuevo me acerco a lo que dejé hace mucho: en este caso, escribir. Nuestra vida es fugaz comparada con la de un cometa así que no hay razón para pensar que algún día vuelva a alejarme. Es decir, no me da tiempo. Estoy en la parte de regreso de mi trayectoria de cometa y esa es ya la última parte del viaje.

Creo.

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