Otoño es el auténtico principio del año. Nombramos las estaciones empezando por la primavera, pero septiembre es el mes en que comienza el ciclo. Aunque en realidad, al ser un ciclo continuo, podemos entrar en él en cualquier punto.

Y entro con una pregunta: ¿No te da la impresión de que el otoño en fantasía está desaprovechado? Como estación y como metáfora.

El «crudo invierno» triunfa como escenario: la dureza del clima y la lucha por sobrevivir, ciudades heladas, ropajes a base de pieles y más pieles.  La primavera es perfecta con sus flores y colores para crear un escenario precioso que se ve amenazado con un malo muy malo que quiera arrasar con todo ese crecimiento. El verano ofrece cierta estabilidad y sosiego; los días van pasando, la ropa es mucho más ligera, los personajes caminan “bajo un sol abrasador” y tienen tiempo de sobra para aburrirse.  Y el otoño está ahí, como algo de paso, como un tiempo antes del invierno y después del verano. Pero también puede ser mucho más.

Es un tiempo para recordar que algunas cosas llegan a su fin (que es otro inicio), unas para morir y otras para renacer. Es tiempo de ir despacio, de prepararse y hacer acopio y revisión. De pasar de la luz a la oscuridad. Todos estos elementos son tanto físicos como mentales, y ambas dimensiones pueden reflejarse en una historia de fantasía.

El fin del crecimiento: muerte o hibernación

Cuando llega el otoño nos pilla un tanto raros. Tenemos ganas de empezar cosas junto con ganas de un poco más de verano, de descanso antes de trabajar. Pero el clima va cambiando, los días se acortan, llega el frío y poco a poco todo se ralentiza. Eso sería la tendencia natural del cuerpo, aunque las agendas y obligaciones tiren de nosotros. Otoño es la estación en la que hemos de darnos tiempo. Cuando llega la primavera estamos prestos para salir a que nos dé el sol; cuando llega el otoño parece una pendiente que nos desliza corriendo hacia el invierno. Pero el otoño tiene su propio tempo

Nos gustan las historias trepidantes cuyo arco narrativo vaya «hacia arriba», pero el arco narrativo del otoño es más bien «hacia abajo”. El otoño sigue un río de energía decreciente, hacia un final: nos recuerda que, en el ciclo natural, hay un momento para que las cosas mueran.

En los meses de primavera todo está lleno de vida. En verano, está demasiado fuerte y no hay manera de soltarlo. El otoño es el momento idóneo. En otoño todo está cansado y más dispuesto a morir.

Patrick Rothfuss, «El nombre del viento»

Pero no todo muere. Algunas cosas solo hibernan. El lugar del otoño en la rueda medicinal es el Oeste: el final de la estación del crecimiento. En términos humanos, es el fin del crecimiento si evitamos la introspección:

En algunas culturas, el animal tótem del oeste es el oso (…) El oso hiberna (en) una cueva y de ahí renace. La “guarida del sueño” también se sitúa en el oeste. Nos retiramos para “soñar”, para estar con el espíritu, lejos del mundo de modo que podamos dar a luz a nuestras vidas

Christa Mackinnon

La recogida de la cosecha y su almacenaje es un elemento importante que suele aparecer en historias de fantasía en las que las guerras o conflictos similares tienen un papel fundamental. Te recuerdan que las tropas deben comer, además de vestirse y armarse. Y que si la ciudad va a sufrir un asedio debe tener alimento suficiente para resistir.  Dicho así, apenas ocupa unas líneas, pero puede durar mucho más. Toda una estación, de hecho. Sin embargo, a veces es un recurso accesorio, un elemento que añade tensión a la historia, pero no la historia en sí.  ¿Podría una historia sostenerse por completo en la recogida y almacenamiento de comida? ¿Dónde está la emoción en anotar el registro de granos de maíz?  Recoger y guardar, reflexionar, prepararse: acciones necesarias pero tal vez poco vistosas para una historia, ¿no? Sin embargo, son los símbolos de una dimensión psicológica del otoño que se entrelaza con sus aspectos físicos y externos.

Tiempo de reflexión e introspección

El Oeste es donde hacemos introspección, donde miramos lo oculto, lo desconectado y lo reprimido; lo que el ego no quiere ver como parte de nuestro yo (self). Es el lugar del alma salvaje donde el héroe introspectivo tiene que viajar para descubrir y confrontar por sí mismo los demonios, de modo que pueda conectar con su totalidad como persona, disminuyendo los poderes de las fuerzas oscuras y tomar responsabilidad

Christa Mackinnon

Las fuerzas del Oeste, cuando son bien conducidas, nos enfrentan a nuestra propia sombra y nuestra propia muerte. Ese proceso nos hace capaces de tomar responsabilidad de nuestros propios actos. Actos que se manifiestan en el mundo exterior. Es de ese modo que “damos forma” a nuestra realidad.  Hay una imagen que seguro te suena. Algo que has leído ya alguna vez en alguna historia, o que has visto en alguna serie. Es algo relacionado con el poder, o mejor dicho, relacionado con qué ocurre cuando una persona alcanza el poder, en especial tras un conflicto.

Imagina un rey de un reino de fantasía. Supongamos que o bien ha llegado al trono tras una batalla contra fuerzas enemigas, y tras expulsarlas, se hace por fin con el control del reino. O puede que haya luchado para no perder esa posición, enfrentándose a todo un ejército de criaturas siniestras (demonios o agentes de seguros).  En cualquier caso ha logrado vencer y hacerse con el poder. Y se aferra a ese poder, a esa posición.

Ser rey no es sólo sentarse en el trono. Implica reflexión y sacrificio personal. Todo lo que no tiene este jovencito.

Fíjate en sus manos, cómo se crispan sobre los reposabrazos de su trono. Lo peor ha pasado, toca hacer revisión y tal vez, reflexionar sobre lo ocurrido.  Y, si es necesario, hacer cambios.  Cambios en la sociedad, por ejemplo. Hacer obras que la ciudad necesita, reformar edificios, cambiar leyes o salir en busca de aliados que le aseguren la prosperidad para su reino y su pueblo.  O incluso admitir que su tiempo ya ha pasado, su obra ya está hecha, y que lo que debe hacer es retirarse.  Pero mira sus manos: son como garras en torno al cetro o la espada. No quiere perder el poder. No quiere aceptar el cambio. Pero el cambio es inevitable.

Y también tiempo de sombras

Hay también un lado oscuro en el Oeste, en el otoño: es el lugar de la puesta de sol, del crepúsculo, de la transición de la luz a la oscuridad:

El lugar de transición en el Oeste está relacionado con las sombras: no está del todo oscuro, pero tampoco es lo bastante luminoso. Esa oscuridad conlleva entregarse a la lucha del ego para evitar la introspección, para evitar la sombra y mantener todo como está. Es el rechazo a tomar completa responsabilidad por nuestro propio crecimiento y desarrollar la manifestación de nuestras vidas.

Christa Mackinnon

Es el rey pretendiendo que nada cambie cuando el cambio debería tener lugar. Es la desolación que se viene sobre el reino si no se produce ese cambio, una sombra larga que lentamente irá cubriéndolos a todos, sin haber hecho el trabajo necesario para poder sobrevivir al invierno y poder renacer en primavera.

***

Cuando publiqué esto por primera vez (2018) hubo un par de comentarios que quiero rescatar aquí. Uno es de Marian Ruiz y el otro de Jaume Vicent. El de Marian fue el siguiente:

Un drama de otoño que no se pareciera al de Valle Inclán. Anclado en fantasía. Suena genial, Óscar. Esa imagen que planteas del depredador aferrado a su trono es buenísima, como para dar juego al otoño. Joffrey no tuvo tiempo para reflexiones, quizá, demasiado joven, demasiada primavera. Haría falta alguien más maduro (no necesariamente mayor, que ya sabemos lo que hay incluso entre mayores). Difícil para que no parezca un tratado filosófico; o que lo sea sin parecerlo. Con toda la fuerza y la capacidad creativa de quien decida aventurarse.   No sé si te he dicho que adoro el otoño. Es mi estación favorita.   Un abrazo literario.

Marian Ruiz Garrido

Y mi respuesta a Marian en aquel entonces:

Hola, Marian. Lo de «demasiada primavera» me parece una frase muy buena. Es más que una frase: es un concepto en sí mismo, es una idea. Algo que tenga «demasiada primavera». Y es que como es la estación de la explosión, el color, la vida, etc., parece que nunca podemos tener «demasiado» de eso, pero esa es la lección de los ciclos: un poco de todo.

Y el Jaume fue este:

No sé si has leído «Añoranzas y Pesares» de Tad Williams, pero es básicamente un cuento de otoño. Un rey anciano, que trajo la paz a los reinos y los unió durante años, muere. Cuando su hijo toma el poder, las cosas cambian. Pero es casi calcado al ejemplo que has puesto. La saga atraviesa estación a estación desde el otoño hasta la siguiente primavera y, por supuesto, el brillante verano final.  En Blackwood la novela comienza en otoño, hacia el final. Cuando el otoño termina y comienza el invierno, es cuando empiezan a suceder los fenómenos extraños… Pero bueno, el protagonista también cae, siguiendo la curva de las hojas. Nunca lo había pensado… pero es verdad… Los ciclos. A mí personalmente me afectan bastante —emocional y anímicamente—. Por eso reflejo esos cambios de estado en mi escritura… Además de que en otoño tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para sobreponerme y hacer cosas… Porque me pasaría el día tirado en el sofá bebiendo whisky XD.

Jaume Vicent

 Y mi respuesta a Jaume:

Hola, Jaume.  Pues no, no he leído «Añoranzas y Pesares», pero me lo anoto. Los ciclos son una especie de Batalla Hacia la Rendición (lo pongo con mayúsculas para darle como más empaque) Están ahí, cuando resonamos con ellos nos gustan y nos dejamos llevar; cuando nuestra energía va al contrario o desincronizada, entonces nos resistimos, intentamos frenarlos o enmascararlos. A mí también me afectan, y que se reflejen en la escritura me parece fantástico, porque somos seres vivos con nuestros propios ciclos.   Decía lo de las agendas que tiran de nosotros por eso mismo, porque ahora el cuerpo pide «hacia abajo» (o hacia el sofá y el whisky) Pero no queda otra que seguir adelante, que llega el invierno y las estaciones no esperan a nadie ni tiene compasión.

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