Es un pecado coartar la lujuria natural de nuestro espíritu creativo.

En un capítulo de la serie True Detective, una serie repleta de clichés, un personaje dijo una frase que me llamó la atención. Fue algo así como: “La vida es demasiado corta como para ser bueno en una sola cosa”. Creo que usaba el término “experto” en lugar de “bueno”.

El que le diera importancia a esta frase no es por su novedad o su originalidad. No tiene ninguna de las dos cosas. La hemos oído decenas de veces: la idea de que sólo puedes ser bueno en una cosa. Que elimines las demás. Que elijas, al fin y al cabo.

Supongo que le di importancia porque el personaje que la dijo me gustaba aunque sea un cliché andante, pero así somos: nos gustan los clichés incluso cuando reconocemos que son un cliché.

Por eso hay que tener cuidado con quién nos dice qué cosas, porque podemos dar más importancia al mensaje de la que tiene sólo porque lo ha dicho tal o cual cliché de persona: el triunfador, la sabia, el aventurero, la moderna, el profesional, la escritora…

Cuando oí esa frase pensé al momento en Leonardo da Vinci ¿Se dedicó sólo a una cosa? No. Soy consciente de que Leo es otro cliché: en este caso, el del hombre-del-Renacimiento-que-hace-de-todo.

Si cuando oyes la frase de que sólo se puede ser bueno en una cosa, que hay que elegir… piensa en Leonardo: él hacía más de “una cosa”. Y tú me dirás: claro, pero él tenía mecenas. Podía permitirse el lujo de dedicarse por completo a sus cosas.

Y tienes razón. Toda la razón. El día tiene las horas que tiene, y parte de esas horas se va en el trabajo, familia, esto y aquello.

Pero entonces, si tuviéramos un mecenas y todo lo necesario para poder dedicarnos a “nuestras cosas” por completo… ¿haríamos sólo una cosa?

No. Porque somos lujuriosos.

Puedes ser un músico que dedica todo su tiempo para la música (salvo el que se llevan las “otras cosas necesarias”) Pero apuesto a que hay, al menos, otra pequeña pasión, camuflada seguramente bajo el repugnante término de “hobby”: videojuegos, sadomasoquismo, coleccionar dedales… a saber.

No somos seres de un único talento, con un solo interés. Sin embargo, triunfa la idea de que hemos de elegir uno, de que hemos de dedicarnos a una cosa por encima de las demás para ser buenos en eso. Para ser expertos.

Y por eso me gustó esa frase de la serie:

La vida es demasiado corta como para ser bueno (experto) en una sola cosa

Si nos vemos obligados a elegir es porque parte de la vida se va en otras cosas. Y eso nos obliga a coartar una expresión natural del ser humano: la curiosidad. La exploración y la contemplación. Probar esto y aquello.

La lujuria del talento, de los talentos. La lujuria de saber más, conocer más, hacer más, explorar más, aprender más.

Pero existe un modo de reprimir esa lujuria dándole un barniz de sacrificio y toma de decisión: elegimos una cosa. Elegimos un talento. El resto de pudre.

La orgía se reduce a masturbación. La lujuria, a vocación.

Pero cuidado con lo dejas en el camino. Cuidado con transformar tu lujuria natural en mesura artificial. Nada de lo que dejamos atrás nos abandona nunca del todo.

Adelante con la lujuria. Adelante con tus talentos. ¿Vale más morir siendo experto en un sendero o habiendo recorrido toda la montaña?

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