Hace 4 años (esta entrada es originalmente de 2017) leí este artículo triste que explicaba por qué los dragones de la serie Juego de Tronos, en realidad, no podrían volar.  El artículo comienza con un subtítulo de los que gustan al público en general, ya que incluye una de las palabras fetiche de la sociedad: “expertos”.

Varios expertos se han planteado si estas criaturas fantásticas podrían moverse o cómo serían sus ojos y sus dientes para explicar conocimientos de biología y biofísica

El Artículo Triste

Este artículo no era el único que encontré que explicaba por qué los dragones no podían volar. La tendencia a revisar desde la ciencia las historias, personajes y cosas que pasan en la fantasía y la ciencia ficción no es nada nuevo. Así que este artículo vale como cualquier otro, ya que en el fondo son todos iguales de tristes. 

«¡No puedes… volar!»

El Artículo Triste comienza con:

Lo fantástico se caracteriza por residir en la imaginación y por ser imposible en el mundo real. Sin embargo, plantearse si algo imaginado es plausible es una forma muy eficaz (y divertida) de aprender ciencia

El Artículo Triste

Puede ser una forma de aprender ciencia, pero no me gusta lo que creo lleva implícito: denostar la fantasía. También aprovecha el tirón de la serie para colar un artículo que en otro momento no interesaría a nadie. Porque la ciencia interesa, sí, pero los dragones interesan más.

Repasemos las conclusiones del Artículo Triste sobre por qué los dragones no pueden volar:

1. Son demasiado pesados para volar

Al igual que tantas otras cosas en la serie (como los muertos que resucitan o las espadas flamígeras), su vuelo dependería de causas mágicas.

El Artículo Triste

¿En serio? ¿Causas mágicas? Quién lo diría, ¿verdad? ¡Magia en una historia de fantasía! ¡Qué decepción! Yo, que leo fantasía para que los dragones vuelen gracias a un realista sistema biomecánico, y que personas con túnicas hagan hechizos utilizando el Principio de Incertidumbre de Heisenberg y la Segunda Ley de la Termodinámica…

2. El problema del despegue

Tal como ha explicado Michael Bruce Habib (…) las alas de los dragones tienen una envergadura suficiente como para mantener el vuelo, pero que no les permitirían alzarlo, «a no ser que usaran una catapulta para el despegue»

El Artículo Triste

Cuando escribáis fantasía y un personaje tenga la capacidad de influir sobre el viento y el agua de su entorno mediante ciertos cánticos, no olvidéis que debe llevar algo que le permita hacerlo. No sé, una catapulta, por ejemplo.

3. Esqueleto hueco y enormes músculos

Michael Bruce Habib ha explicado que el diseño de los dragones de «Juego de Tronos» es de los más plausibles. El motivo es que estas criaturas son robustas y dejan intuir los potentes y grandes músculos que harían falta para que pudieran volar.

El Artículo Triste

Plausible. Repitamos la palabra: plausible. Por mucho que a mucha gente le guste (qué digo le guste, le excite) la magia dura siguiendo lo que dice Sanderson yo erradicaría la palabra plausible de la fantasía. Distinta es la palabra creíble (y ahí sí funcionan bien las reglas de la magia de Sanderson), pero ¿plausible? Ya sabéis: si incluís en vuestra novela de fantasía una flor que adivine el futuro o un caballo con tres colas de diamante que escupa lava… hacedlo plausible.

4. Los ojos de los dragones

dado que los dragones son criaturas voladoras, en opinión de Banks (experto en visión en la Universidad de California, Berkeley) deberían tener unas pupilas redondas.

El Artículo Triste

¡Jaque mate, escritores! ¿Habéis creado criaturas con pelo azul? ¡Mal! ¿Habéis creado un personaje con ojos con triple pupila que se alternan para ver según qué cosas? (yo sí, ahora mismo) ¡Qué no, joder! ¿Sois acaso expertos en visión?

5. Dientes para clavar y desgarrar

Paul Gigna, paleontólogo de la Universidad del Estado de Oklahoma (…) ha sugerido que algunos de los dientes que se observan en la boca de los dragones de «Juego de Tronos» son rectos, con forma de estaca, lo que es típico de peces o reptiles pequeños que atrapan a sus presas en una trampa de dientes.

El Artículo Triste

Lo siento, dragoncitos. Tenéis que ir al dentista a que curve vuestros dientes. Os toca poneros aparato

En definitiva, parafraseando aquello que dijeron de Lola Flores cuando fue a Nueva York: «No vuelan, no echan fuego, pero no se los pierdan”.  Y como decía antes, me gusta que se enseñe ciencia, pero…

Ciencia y Fantasía: orden de alejamiento

Me gusta la ciencia y que se enseñe ciencia, pero creo que este tipo de artículos en los que se hacen estas evaluaciones y juicios desde la ciencia hacia la fantasía o la cifi esconden una buena porción de miseria.

Parece que necesitamos clavar una pica de “verdad” o “ciencia” porque a algunos seres humanos les joden la fantasía y la cifi. Parece que les molesta que animales que no pueden volar sí vuelen, aunque sólo sea en libros y en historias. Por eso la fantasía y la cifi son una rebelión constante que adopta varias formas: la rabieta de un niño pequeño, una respuesta a gritos, una profecía siniestra, una luz sobre aspectos oscuros del ser humano…

Y sin embargo, vuelan…

Un científico expone, en teoría, unos hechos de forma objetiva. Refuerza su campo. Propone cuestiones basándose en datos o tal vez en especulaciones con cierto fundamento, por qué no. 

Un escritor tiene otra motivación. Algunos quieren sermonear o soltar su rollo sobre la vida a través de un personaje. Otros quieren entretener, plantear cuestiones que quizás tú no te planteas, señalar zonas oscuras de la mente humana, social y colectiva, etc.  Son distintas motivaciones, y las del escritor de ficción me gustan más. Son menos sádicas aunque escriba una historia de sadismo. El escritor de fantasía no se preocupa si un dragón podría volar o no: sólo hace que vuele. El científico vendrá a decirle que ese dragón no podría volar en realidad. Tal vez un poco como quien quita la ilusión a un niño.  Porque tal vez de eso se trate en el fondo. De joder. De dejar claro que eso “sólo es fantasía”. 

Justificar o analizar desde la ciencia a la fantasía o la cifi me parece algo bastante idiota. Una excusa que suele usarse cuando se hace eso es decir que se hace para “dotarla de mayor verosimilitud” o mayor realismo. ¿Para qué? ¿Por qué esa necesidad enfermiza de establecer algún enlace con algo científico o creíble? ¿Por qué no aceptar sin más que es fantasía o cifi y que como tal, no tiene por qué tener bases científicas sustentables? ¿Por qué no dejar a la fantasía en paz? 

Algunos parecen que no pueden. Parece que les incomoda, les sacude; por los pies, además. Quizás por eso los monstruos que tememos cuando somos niños nos cogen por los pies: por el lugar que apoyamos sobre la tierra, lo que nos sostiene. Tal vez, a sus ojos la fantasía es algo menor. Algunos hablan de que los dragones no pueden volar porque no son capaces de hablar de dragones de otra forma. No saben contar un cuento de dragones. No pueden aproximarse a ellos con imaginación, con fantasía, desde la fantasía.

La vergüenza de leer fantasía

Hay gente que no reconoce leer fantasía porque teme que le persiga alguien como esta amable señora

Esa gente, gente como la que escribe Artículos Tristes, no quieren que nadie les vea hablando de dragones o magia y para evitar el bochorno lo hacen examinando el vuelo de un dragón desde la ciencia, aunque en el fondo están hablando de dragones, y esas migajas les hace felices.  ¿Demasiado rebuscado? No lo creo. Quieren hablar de dragones, de magia, de naves espaciales. Quieren relatos aunque no lo sepan. O peor aún, lo saben, pero no quieren que nadie lo sepa. A veces ni ellos mismos. 

Y tal vez por las noches, (benditas noches que abren las puertas a ese otro lado del ser humano) cuando nadie les ve, leen sobre magos y hechiceros, o sobre alienígenas, sean plausibles o no. Si alguien les pilla rápidamente elaboran el discurso en el que justifican su lectura diciendo que le interesa como médico, o como psicólogo, o como físico, o como lo que sea, encerrando al niño pequeño que quiere volar sobre un dragón o descubrir una puerta secreta en su casa.

No hay nada más triste que desear leer fantasía y no hacerlo por… ¿vergüenza? ¿El qué dirán? ¿El qué se dirá a sí mismo? La mayor vergüenza la sentimos siempre ante nosotros mismos. Trágico, pero interesante para un escritor. 

Pero luego, esa misma persona que no lee fantasía porque es una tontería, o la lee a escondidas, te cuenta con detalle que los dragones nunca podrían volar en realidad. 

QUE LE JODAN A LA REALIDAD. YO QUIERO MI DRAGÓN.

***

En la primera publicación de esta entrada (2017) Javier Bruque dejó un comentario:

Empezaste a pensar en el tema y te encendiste, pero me gusta mucho, por defender que la fantasía sea fantasía, que nos hace volar y ser lo que no somos, por lo mismo que me gustan  mucho libros como «Sortilegio», que no tiene normas, al contrario que los últimos libros de fantasía que había leído en que intentaban justificar la magia.  Y a la vez me ha hecho recordar como mi hermano me machacaba de pequeño diciendo que los dibujos eran para niños pequeños, que esas cosas no existían, etc. Y qué había que ser adulto. NO! (Yo no tenía ni 10 años) Y me estaba haciendo mella hasta que un familiar me defendió, diciendo que a él tb le gustaban las pelis de dibujos y que era cuestión de gustos, no de madurez.

Javier Bruque

2 Comments

  • Pues yo también quiero mi dragón.
    Siempre me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Y los dibujos animados, y las películas de magos, de superhéroes y de naves espaciales. Nunca se me olvidará cuando, al estrenarse Independence day, una compañera de trabajo me preguntó con una mirada casi de desprecio cómo podía pagar para verla en el cine (ella no veía «ese tipo de películas»). Le respondí que, en realidad, estaba más que dispuesta a pagar el precio de la entrada solo para ver en pantalla grande la escena en la que la nave espacial salía de la nube.
    No entiendo esa necesidad de mirar por encima del hombro a quienes aún mantienen la capacidad de disfrutar de la fantasía y de creer en la magia, aunque sea por un rato.
    En fin, ellos se lo pierden.

    • Hola, Lucía

      Cuánta razón tienes. ¡Toda! Yo pagaría por ver algunas películas en el cine sólo por las escenas. Porque es más que una escena, en realidad. No es sólo una nave que sale de la nube: es estar ahí, en ese momento, viviendo esa nave que sale de la nube.
      Yo también he vivido eso de que a partir de cierto momento, cierta edad, te miren raro porque te gusten los magos o los dibujos animados… y no te hablo de ahora con 40 y tantos, sino con menos de veinte. Lo explicas muy bien cuando dices «mantener la capacidad de disfrutar de la fantasía», porque es eso. Disfrutar de magos, dragones y cuevas mágicas, o de casas encantadas o naves espaciales o lo que sea. ¡Lo que yo disfruto con Dr. Who, por ejemplo (que es un poco de todo)!
      Desde luego que ellos se lo pierden porque las historias de magos y dragones son en el fondo, como todas (creo) historias sobre los seres humanos. Y quizás en una historia de un mago y un dragón haya algo que no se encuentre en la más realista de las historias realistas…
      Así que nos vemos con nuestros dragones. ¡Un saludo!

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