Uno de los consejos que más he escuchado es el de escribe para tu lector ideal. No intentes complacer a todo el mundo: crea tu obra de manera específica para esa persona en concreto que está esperándola.

Escribí esta entrada originalmente en julio de 2015 y llegué a la conclusión de que el lector ideal es la parte de uno mismo que alienta lo mejor de nosotros, que reconoce cuando estamos creando algo bueno, que nos dice cuándo no, y nos obliga a ir un paso más allá. Y si de verdad es parte de uno mismo, no es fácil engañarle

Tu «lector ideal» y todo eso

Cuando leí esto no me resultó difícil pensar quien era mi lector ideal: yo mismo.  Lo he pensado en otras ocasiones, y creo que incluso lo he leído en alguna que otra parte: escribo aquello que quisiera leer.  La mayoría de las historias que quería escribir allá por 2015, las ideas que tenía, reflejaban y contaban una parte de mí, de mi vida personal y las cuestiones que estaba viviendo.

Algunas siguen sin escribirse. Y no sé si eso ha sido para bien. Últimamente manejo la certeza de que aunque la semilla salga de la vivencia o inquietudes de uno mismo, el árbol debe crecer lo más lejos posible.

Entonces, si ese lector ideal soy yo mismo, y esa fue mi primera impresión, ¿estoy escribiendo para mí?

No. Escribo para otros. No escribo porque quiera exorcizar demonios o pasar el rato. No escribo por terapia o como pasatiempo. Escribo porque quiero ser escritor. Escribo para que mis libros se vendan y los lean otras personas, y a ser posible, que disfruten con ello.  

La cosa está clara: no escribo para hacer algo por las tardes. Sin embargo, si acepto por un momento que soy mi lector ideal, vuelvo a preguntarme: ¿estoy escribiendo para mí? Y si es así, ¿no es una contradicción con querer escribir para otros? ¿Qué tontería de círculo vicioso es este? 

Quizás no sea un círculo vicioso. Hablo de que escribo «yo» y escribo para «otros». Pero, ¿quién o qué soy yo? ¿Qué es el yo? El yo, la identidad personal, es un constructo psicológico. Dicho de forma muy simple: tenemos una imagen construida por nosotros mismos, consciente e inconscientemente, sobre quienes somos. 

El yo y lo demás

Siguiendo a Jung, esa imagen del yo (Self) incluye aquellas cosas que reconocemos y aceptamos como nuestras (aspectos físicos, cognitivos y emocionales de la personalidad), mientras que lo que no incluimos en ese Self pasan a formar parte de la Sombra: los vemos como algo “negativo” al no considerarlo parte de uno mismo.

Lo que forma la Sombra de cada cual depende de lo que cada persona considere ajeno, externo, “malo”; tanto puede ser la crueldad como puede ser la compasión. O ambas.  La cuestión sobre cómo mantenemos esa identidad a lo largo del tiempo es muy interesante. Un libro que habla sobre esto es La trampa del ego: qué significa ser tú, de Julian Baggini.

¿Cómo podemos seguir siendo la misma persona a lo largo del tiempo, aunque cambiemos, a veces considerablemente? La mayoría de nosotros puede hacerse una idea del enigma simplemente tratando de recordar cómo éramos en el pasado

Julian baginni, «La trampa del ego»

Y esta otra frase, del mismo autor, que creo expresa algo que nos ha pasado a todos los que escribimos:

¿Con cuánta frecuencia sentimos vergüenza ajena cuando encontramos cosas que escribimos en nuestra adolescencia?

JULIAN BAGINNI, «LA TRAMPA DEL EGO»

Quizás sea por eso por lo que yo en 2015 a veces dudaba sobre lo que quería escribir (y a veces sigo dudando) La duda viene de la siguiente pregunta que me hago: ¿qué yo lo está escribiendo? ¿El actual o el adolescente que dejó de escribir? Y es más, ¿debería importarme? ¿Es quizás esto una clave para escribir literatura juvenil? ¿Debo añadir más profundidad a esa “escritura adolescente”? Y si es así, ¿es eso lo que hace el lector ideal? ¿Examinar lo escrito y, si es necesario, demandar más profundidad, más materia? Y si nos preguntamos a quién se hace esa demanda, la respuesta está clara: al yo que escribe

Quizás el lector ideal, si soy yo mismo, no es el mismo “yo” que escribe, y entonces todo el juego está entre mis diferentes yoes. ¿Escribe el yo obsesionado con la magia? ¿Quién lo lee? ¿El yo que adora la magia? Entonces, ¿qué ocurre entre el yo que escribe y el yo que lee? ¿Se comunican nuestros distintos yoes cuando escribimos?

Los escritores no son exactamente gente… Son un montón de gente intentando ser una persona.

F. Scott Fitzgerald

¿Uno le escribe a otro? 

Esto último me parece especialmente atractivo. Imagina que hay algo que quieres como lector, y ese algo decide qué lees. O al menos decide qué te gusta de lo que lees. Imagina que hay algo que quieres contar como escritor: una idea, una trama, un personaje. Ahora entra en juego el lector ideal, que eres tú mismo.

Pero otro tú: el que permite que el escritor añada ese algo especial, sea capaz de convertir ese personaje en lo que tiene que ser. En ese juego entre tú como escritor y tú como lector ideal se crea la alquimia por la cual eres capaz de añadir a la historia ese algo que solamente como escritor no eres capaz.

¿Y si escribir fuera simplemente contarnos aquello que queremos decirnos pero que no sabemos cómo?

Cambiar para seguir siendo los mismos

¿Tienes un yo esencial?” Cuando hacemos esa pregunta, la mayor parte de la gente dice que lo tiene, pero todavía no he encontrado a nadie que pueda explicar con claridad qué es ese “yo”. Suele describirse como una especie de “sentimiento” siempre presente, una sensación que siempre está ahí, en el fondo (…) Aunque todos reconozcan que han cambiado enormemente desde que eran niños, la mayoría afirma que, no obstante, su sentido del “yo” ha permanecido constante.

JULIAN BAGINNI, «LA TRAMPA DEL EGO»

Nuestro sentido del yo cambia y se reestructura a lo largo del tiempo, pero seguimos siendo uno mismo; al menos eso es lo que experimentamos:

Parece que, con el paso del tiempo, cambiamos completamente, y sin embargo seguimos siendo completamente los mismos. Al mismo tiempo, cada uno de nosotros tiene un sentimiento de “yo-idad” que parece ser notablemente perdurable

JULIAN BAGINNI, «LA TRAMPA DEL EGO»

Como escritores, ¿nos vamos reconstruyendo continuamente? Como lectores, la misma pregunta. Quizás sea una pregunta tonta. Posiblemente respondas que sí, que como lectores nos vamos reconstruyendo y redefiniendo libro tras libro. ¿Y si como escritores, a la hora de escribir para ese lector ideal, estuviésemos en un proceso de redefinirnos, reencontrarnos, actualizarnos a través de la escritura?

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