El final de la serie de TV Juego de Tronos es un final cobarde. Se sacrifica toda la historia en pro de un supuesto placer para el espectador: un final feliz, un final «justo». 

¡Aviso! Si no has visto la serie de TV Juego de Tronos no leas esta entrada.

Este es mi lema; si no le gusta, no tengo otro

«Estaba a la vista de todos desde el principio»: no recuerdo en qué artículo leí esta frase sobre el lema Targaryen. Nos maravillamos con las casas, sus escudos y sus lemas. Todos corregíamos a quien decía que el lema de la casa Lannister es «un Lannister siempre paga sus deudas», porque en realidad es «Oye mi rugido». ¡Éramos sabios! Nada escapaba a nuestro atento escrutinio.  Nada, salvo el lema de la casa Targaryen: «Fuego y sangre».

También estaba allí, a la vista. Pero algo nos pasó. Tal vez nos deslumbramos con el fuego y desde luego ignoramos la sangre. Quizás más que ignorarla la justificamos y aceptamos, porque durante toda la serie fue la sangre de los culpables, los malvados.  Y la sangre de los malos no es tan desagradable a la vista. Lo que no vimos, en lo que ni siquiera pensamos, fue en la ceniza. En la última temporada nos dicen que sí, que deberíamos haberla visto porque nos la mostraron, solo que confundimos la ceniza con nieve.  ¿En serio?

Fuera nieve o ceniza, el lema estaba claro. No podíamos sorprendernos si Daenerys hacía gala de él llevando el fuego y demarrando sangre allá por donde pasara. Podemos jugar a buscar otros sentidos, a retorcer las palabras: tal vez la «sangre» no sea la sangre derramada sino la propia sangre, la de los Targaryen.  Porque claro, como los Targaryen «llevan la locura en la sangre», no podemos esperar otra cosa de Daenerys.  ¿No?

La evolución del personaje

Una de las cosas que más molestó a los seguidores de la serie es que de la noche a la mañana Daenerys se «volvió loca». Y esto molestó por varias razones.  Una de ellas es el aburrimiento del cliché: la mujer que se vuelve loca cuando la cosa se pone cruda. Algunos artículos al respecto consideraban ese «volverse loca» como un modo de deslegitimizarla. En otros lo veían como una forma de sexismo y de optar al final por mantener el status quo.

El problema no era que Daenerys, siendo Targaryen, acabara volviéndose «loca». Después de todo, razones no le faltan (si no para volverse «loca» sí para coger un cabreo monumental): matan a sus amigos y le traiciona el pánfilo de Jon Snow, un personaje que debería haber muerto veinte capítulos antes de haber empezado la serie.  No es sólo ese «giro a la locura» lo que me molesta sino el hecho de que no está bien narrado, bien mostrado. No evoluciona como parte del desarrollo del personaje sino que, de un capítulo al siguiente, Daenerys pasa a levantarse con los cuernos (de dragón) revueltos y loca, completamente loca.  Porque no olvidemos una de las Santas Consignas Sagradas de la Literatura: la evolución del personaje. ¿Cómo hacer que el personaje evolucione hasta volverse «loca» y al mismo tiempo mantener un faro que nos guía, un personaje fuerte que se sostenga y resista el empuje de dragones, fuego, ceniza, nieve y locura familiar?

Se me ocurren dos opciones, y las dos están en Juego de Tronos. Una es el pelele-estaca, papel que cumple a la perfección Jon Snow. No hace nada, sólo está ahí como estandarte de unos valores nobles e inamovibles. La otra opción es el personaje-refugio, figura que recae en Tyrion Lannister.

Que nada cambie para que todo siga igual

Juego de Tronos es una historia sucia, desagradable, oscura y cruel. Hay personajes nobles, que se desmarcan de ese fondo general. Pero no perdamos la perspectiva. Es la historia de luchas y más luchas, ambiciones, guerras y miseria. El ser humano en todo su esplendor. Y su esplendor radica tanto en lo más bajo como en lo más puro.  Tyrion Lannister es «el personaje». Sabes que no va a morir. También sabes que Daenerys no va a morir.  Ya, ya sé…  Tyrion resalta sobre el fondo oscuro general por partida doble: no sólo por su personalidad, sino por ser un Lannister, una familia de esas con las que no quisieras estar emparentado. O si lo estás, no quisieras llevarte mal.

Tyrion Lannister es un puerto seguro. En una historia de ambición, odios, pasiones, incestos, asesinatos, infanticidios, masacres, dolor, muerte… Tyrion se erige -sin pretenderlo, y esto es clave- en el anti-personaje de la serie. No es fuerte, es el gnomo, alguien destinado a morir en ese mundo cruel pero que logra sobrevivir y capear lo que le surge gracias a su inteligencia, astucia y suerte.  Tyrion sufre, no hay duda.  Pero pese a todo este personaje transita a lo largo de la serie por un camino paralelo, un camino creado expresamente para el espectador. Tyrion nos recuerda que tú (o yo, o cualquiera) no eres tan malvado como los demás personajes de la serie; que tú eres, en el fondo, bueno. Tyrion personifica el meterse en el charco y salir sin una mancha. El triunfo final de la bondad, la razón y la inteligencia.

Él siempre estuvo al margen, como tú, porque él es mejor que los demás, como tú. Y cuando mata, lo hace por razones «justas», no vaya a caer en desgracia ante nuestros ojos.  Juego de Tronos es una historia de sangre, fuego y muerte, pero Tyrion es la garantía de que al final saldrás incólume. Pero, ¿Quién quiere salir limpio en una historia así? Pues supongo que mucha gente. La gente que quiere ver la serie a vuelo de pájaro (¿recuerdas la intro?)  Pero la vida se vive en el suelo. Y en el suelo hay fuego, sangre y cenizas.

El poder de la ceniza

Jon Snow debería haberse quedado muerto.  Y un buen final para Tyrion hubiera sido morir a manos de Daenerys, porque nos guste o no la astucia y la razón no siempre triunfan. Porque el mundo no es justo, y el mundo de Juego de Tronos no es un mundo justo. Por eso ese final de cuasi democracia me parece un insulto. Una cobardía. Una falta de agallas para acabar la historia como debería acabar.  Sí, cada cual tiene su final preferido. También lo tengo yo. Te lo cuento y te explico por qué. 

Vamos a partir del momento culminante de la serie. El que muestra esta imagen: Daenerys emergiendo con alas de dragón sobre la ruina y la ceniza de Desembarco del Rey. 

¿Era necesaria toda esa destrucción? ¿La muerte de toda esa gente inocente? Es posible que, como otra mucha gente, te hicieras esas preguntas cuando viste a La Madre de Dragones arrasando la ciudad, matando indiscriminadamente. Te contesto con otra pregunta: si te molesta la destrucción y la muerte de inocentes, ¿por qué veías Juego de Tronos? Deja que arriesgue una respuesta: porque tú eras Tyrion (o Jon Snow) Te sentías como ellos: mejor que el resto, más listo, más bondadoso. ¿Ansiabas, quizás, un final justo y feliz? Toda la serie es sobre muerte y destrucción, violencia y ambición. Muerte de culpables y de inocentes. ¿Por qué justo la destrucción de Desembarco del Rey duele tanto?

Porque Daenerys deja de ser lo que nos gustaría que fuese para ser lo que es: Fuego y Sangre. No te molestaba mientras la Khaleesi achicharraba a malas personas que se lo merecían, pero cuando mata a gente inocente la cosa cambia. ¿Por qué debe cambiar? Esta no es una historia ni justa ni feliz. Y no, Daenerys no se volvió loca como su padre. Acéptalo.  El momento en que Tyrion renuncia a ser Mano de la Reina, tras toda la destrucción y la ceniza, es un buen momento para que ese personaje muera. A manos de Daenerys, no del dragón. Ni de los guardas. De ella. Representaría el fracaso de la palabra que es el arma de Tyrion.

¿Y luego? Al Norte.

Mi final para Juego de Tronos

Drogon aterrizando en el patio de Invernalia, frente a Samsa y Arya. ¡Ah, el Norte! Tan sobrevalorado, tan sobreprotegido. ¿Por qué el Norte debe salir indemne en esta historia de destrucción? No hay nada seguro en Poniente. El muro de hielo cae. Las ciudades son arrasadas. La gente muere. Y disfrutamos con lo «épico» y «oscuro» de todo esto… siempre que tengamos un pequeño lugar de luz. Esas islas de salvación son Jon Snow y Tyrion Lannister, el estoicismo y la razón, la nobleza y la palabra en un mundo de caos. Pero esto no ha sido nunca una historia de nobleza y de palabras…

En mi final, Daenerys llega al Norte y exige que hinquen la rodilla. Sansa no lo hace, y tampoco Arya. Y entonces Daenerys arrasa con ellas y con el Norte. ¡Pobre Sansa! ¡Después de todo lo que ha pasado! ¡Pobre Arya, con todo lo que ha tenido que vivir! Recuerda: la vida no es justa. Poniente no es justo.  El sufrimiento de ambas norteñas debe ser recompensado, pero el sufrimiento de la Madre de Dragones debe ser castigado, porque las primeras son Justas y Nobles y la segunda está Loca.

Qué asco todo.

¿Es necesaria tanta ceniza? Sí. Y con el Norte arrasado, Daenerys vuelve a Desembarco del Rey y se sienta en el trono. Entre ruinas, sangre, cenizas y muerte.  Y el espectador ve como acaba la serie con Daenerys mirando a cámara. Podemos adivinar pena, dolor, soledad y sufrimiento. Y el placer de una meta conseguida. ¿Demasiado amargo? Mejor eso que el agua templada del final que nos dieron. Mejor quedarte con un pellizco en el estómago. Tal vez Juego de Tronos sea incompatible con un final feliz, aunque yo hubiera querido que Daenerys reinara de forma justa, pero…

Lo sabíamos desde el principio: Fuego y Sangre. Pero, al igual que el lema de los Targaryen, parece que no quisimos verlo.

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.