El invierno trae frío, nieve y menos luz. Los días son más cortos. Pero además del clima, esta estación conlleva también aspectos psicológicos y simbólicos. ¿Cómo se refleja todo eso en las historias de fantasía?

Psicología de invierno

El invierno nos afecta. En realidad cada estación lo hace a su manera. Durante el invierno es frecuente experimentar un trastorno afectivo estacional (depresión invernal) que aparece en el cambio de otoño a invierno y suele desaparecer con la llegada de la primavera, el sol y la luz. La luz gana la batalla a la oscuridad.

Si prestamos atención a los elementos simbólicos, tenemos al frío y la disminución de luz como un elemento nocivo que trae tristeza, decaimiento y soledad: no está el clima como para estar en la calle; toca resguardarse y aislarse de actividades sociales.

El invierno en la fantasía ¿es malvado o es bondadoso?

Nicola Alter se pregunta si el invierno es siempre algo malo o malvado en fantasía: 

La conclusión es que no, pero su llegada es casi siempre un arma de doble filo: a veces hermoso y encantador y otras veces peligroso y siniestro. Esto cobra sentido teniendo en cuenta los desafíos que el invierno ha proporcionado a la humanidad a lo largo de la historia, particularmente en la Europa medieval la cual inspira muchos escenarios de historias de fantasía.

Nicola Alter

¿Qué trae el invierno a la fantasía?

En ese mismo artículo se enumeran cuatro temas recurrentes sobre el invierno en las historias de fantasía.

Uno es la amenaza de un invierno más largo de lo natural que significa un desequilibrio o representan un signo de algo malvado, con la amenaza incluso de un invierno permanente.

Otro son los personajes de “corazón helado”, es decir, emocionalmente fríos: una asociación del frío con el mal, paralela a la asociación del frío con falta de vida y de emociones (calidez emocional, afecto), aunque esto no sea una regla absoluta y que se dé siempre. Aquí se me ocurre imaginar algún tipo de criaturas de invierno, seres que parecen fríos emocionalmente pero que en realidad son frágiles; seres a los que la “calidez” emocional del contacto, la emoción intensa, les podría resultar abrumador, incluso dañino. En la dicotomía frío-calor estamos sesgados hacia el calor como algo más agradable, bueno, bondadoso. Y eso puede sesgar nuestras historias y la fantasía con la que cargamos el invierno.

Otro tema habitual son los entornos invernales duros que representan una amenaza para los personajes: tormentas, temperaturas para las que no están preparados, o cualquier otra situación en donde el frío juegue un papel en su contra. Cuando publiqué esta entrada originalmente hace tres años, M. M. J. Miguel hizo un comentario al respecto:

Creo que el invierno, para la cultura anglosajona siempre ha representado la cara de lo que no se tiene, de lo que es desvalido y del resguardo. Quizá sea porque en sus culturas más antiguas, la llegada del invierno representaba ese período en el que se debía sobrevivir o sobrevivir como fuese.

M. M. J. Miguel

Se trata de sobrevivir como sea hasta que llegue la primavera y vuelva a haber más alimentos, mejor clima, etc. A nivel mental, procurar que sobrevivan ideas, objetivos, visión… o al menos algunas, las más fuertes, ya que las demás no van a sobrevivir al invierno. En El nombre del viento, Rothfuss dice que el otoño es la mejor estación para que todo muera. Y aunque ya llegaremos al otoño en este blog cuando llegue la fecha, eso deja al invierno no como una estación donde todo muere, sino donde se aguanta y se lucha por mantener vivo (aunque sea hibernando) lo que queremos, amamos, buscamos. El invierno como una fase de prueba y de alto desafío en una historia de fantasía sería ese periodo «congelado», ese camino que no se (tapado por la nieve) pero que se recorre porque estamos convencidos de que la primavera está al final.  

¿Podría el invierno ser un elemento protector?

Menos frecuente, al parecer, es el planteamiento del invierno como una fuerza positiva. En algunas historias se muestra el lado más positivo del invierno, incluso a veces en las mismas en las que aparece el invierno como algo negativo. Aspectos como la resistencia de los personajes, imágenes como bosques helados o paisajes montañosos nevados, el fuego para combatir el frío y su capacidad para evocar relatos, reunir personajes, promover conversaciones o situaciones determinadas, etc.  Nicola Alter reconoce que es más difícil encontrar una historia de fantasía donde el invierno sea un elemento central y completamente positivo. Señala como un ejemplo de esto la novela La guardiana de la memoria donde la protagonista es miembro de una comunidad mayoritariamente femenina de videntes benevolentes que viven en un glaciar en el Norte, y a quienes el hielo puro les ayuda a focalizar su visión de modo que puedan ver el futuro.

Entonces, el invierno no siempre es malo en la fantasía. Puede ser una fuente de maravilla, magia y belleza. Sin embargo, es casi siempre una espada de doble filo, algo que puede ser peligroso para los incautos, y eso solo es bueno en equilibrio o moderación.

Nicola Alter

El invierno en la fantasía urbana

Esta frase es pretenciosa; en realidad todo yo soy pretencioso. La frase no es más que una reflexión que me hago sobre el invierno y un tipo de fantasía que me gusta leer y sobre el que me gusta escribir.  En la fantasía épica, por ejemplo, es más fácil que los elementos invernales jueguen un papel más relevante: grandes paisajes nevados, viajes largos cruzando zonas heladas repletos de dificultades, frío, escasez de alimentos… Sociedades que viven en zonas dominadas por la nieve y el hielo, con ciudades construidas acorde al entorno. Armas, ropas, tradiciones, mitologías, dioses… 

En la fantasía urbana, ¿cómo encaja el invierno? En un entorno de nuestra sociedad actual, con calefacción, luz artificial, mismos horarios de trabajo que en cualquier otra estación, disponibilidad de la misma comida casi en su mayoría… ¿qué efecto tiene el invierno? ¿Puede alguno de esos efectos traducirse en algún elemento para una novela? El invierno podría ser la fecha en la que ciertos seres tienen más poder para alcanzar nuestro mundo desde el suyo, donde viven recluidos esperando días con menos luz o temperaturas más bajas. O puede ser la estación en la que las fuerzas oscuras que amenazan la vida cotidiana de la gente de un pueblo deben replegarse y esperar hasta épocas más cálidas, lo que da una oportunidad a la gente de establecer un plan. El entorno urbano en que transcurre la historia modifica el impacto y el modo de presentarse un elemento tan poderoso como es el invierno.

El invierno y la rueda medicinal

El invierno corresponde al norte en la rueda medicinal. Christa Mackinnon, en su libro Shamanism and spirituality in therapeutic practice (Chamanismo y espiritualidad en la práctica terapéutica) nos dice que:

La Rueda Medicinal es una forma de entender los ciclos y espirales de la vida así como las energías que las crean y les influyen. Es también una herramienta de enseñanza que nos enseña sobre la interconexión de toda la vida y sobre el papel de los seres humanos en ella.

Christa Mackinnon

La rueda medicinal ha sido ampliamente utilizada por los nativos del norte de América y ha sido adoptada por muchos practicantes contemporáneos. El origen de la rueda medicinal no está claro, y se remonta a épocas anteriores a las culturas nativas de América del Norte. 

La estructura de una rueda se basa en la asunción de que la vida se mueve en círculos y ciclos y que los aspectos lineales, con inicios y finales, son creados por las percepciones que dependen de nuestro punto de referencia en lugar de ser un aspecto de la realidad.

Christa Mackinnon

La forma básica de la rueda medicinal es un círculo que representa los poderes de las cuatro direcciones (norte, sur, este, oeste), más el centro como la interrelación de todo. Las cuatro direcciones se corresponden, entre otras cosas, con las cuatro estaciones. Al pensar sobre el invierno  y su relación con las historias, en especial las de fantasía, no pude evitar acordarme de ella.  Como he dicho antes, en la rueda medicinal el Norte se relaciona con el invierno y el aspecto mental del ser humano (dejando el físico, emocional y espiritual para las otras direcciones).

El Norte (invierno) es frío y oscuro. Es el momento de la noche, del invierno, donde el crecimiento se ha detenido. Hacen falta habilidad, resistencia, conocimiento y sabiduría para prosperar en el norte. En términos humanos, el norte es el lugar de lo mental, del adulto. Representa nuestros procesos de pensamiento, nuestras creencias y filosofías. El norte nos demanda “parar el mundo” en el sentido de detener nuestros procesos de pensamiento, creencias y filosofías de modo que podamos examinarlos.

Christa Mackinnon

Con lo que descubramos con esa reflexión estaremos listos para afrontar la primavera: recibir lo nuevo y abandonar lo que no hace falta. Luego vendrá el verano y después el otoño… y vuelta a empezar.

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