Cada persona tiene una inmensidad dentro de sí que no se puede narrar ni compartir.

He terminado de leer La costa más lejana, el tercer volumen de Historias de Terramar, de Ursula K. Le Guin. He encontrado una lección sobre cómo escribir historias de fantasía poderosas sin necesidad de reglas explícitas de magia ni libros de cientos de páginas. Mientras leía iba anotando cosas, marcando párrafos enteros que quiero tener guardados. Cada frase que anoto, cada párrafo que copio, despliega en sí mismo un universo completo.

No son sólo líneas de texto. Se convierten en algo más porque enlazan y se conectan con mis propios mundos interiores: miedos, esperanzas, búsquedas, preguntas y respuestas. Para otra persona, otras frases y otros párrafos harán lo mismo, o lo harán las frases de otros libros.

¿Qué pasará luego con esas anotaciones cuando yo no esté? ¿Quién leerá mis notas, las originales, las salvajes? Las que escribo corriendo con letra apresurada, no las que luego puedo transformar en una entrada para el blog, en un relato o en una novela.

¿Conservará alguien las marcas que voy dejando en el libro? Los trozos de papel que indican las páginas donde se dicen cosas interesantes para mí. Tal vez yo mismo, dentro de meses o años, las quite porque ya no recuerde qué fue lo que me dijeron.

Todos esos universos completos que se crean al leer ese fragmento de un libro o de otro, ese poema, ese párrafo… ¿quién los recorrerá cuando yo ya no esté? ¿Cómo podría siquiera hacerlo?

¿Debo entonces reflejarlos en papel? ¿Debo escribirlos? No sé siquiera si puede hacerse, si puede traducirse ese universo subjetivo y abstracto que surge en un momento, mezcla de lo leído y lo que ya había en mi cabeza, en una narración de algún tipo. Aunque los cuente y los narre, ¿son lo mismo? ¿Es lo mismo lo que queda escrito o contado que el mundo que se crea en tu cabeza a partir de una frase?

Tal vez no. Lo que se acaba escribiendo, contando -transmitiendo- es un reflejo de esos universos. Los tuyos y los míos.

Esto no es algo que solo me pase a mí. No es un proceso creativo que lo haga yo porque sea alguien especial, porque haya leído a Ursula K. Le Guin o a quien sea. Esto mismo lo haces tú, lo hace tu vecino, lo hace tu compañera de trabajo, el conductor del autobús, la que te atiende en el banco.

Cada cual hila y teje sus universos a su manera, universos que desaparecerán cuando esa persona ya no esté. Marcas en sus corazones y en sus almas que nadie ve, porque solo pueden verse las marcas hechas en los libros, las anotaciones en cuadernos. Pero no puede verse a dónde conducen.

Cada cual alberga dentro de sí mismo una inmensidad enorme. Todos podríamos perdernos en la inmensidad del otro, mundos cambiantes que surgen se transforman y desaparecen. Capturarlos en palabras es un intento de que permanezcan y no mueran, aun sabiendo que lo inmenso, dentro de cada cual, seguirá siendo inmenso, mucho más que cualquier cosa escrita.

(Esta entrada la publiqué originalmente el 14 de octubre de 2018 en Medium)

2 Comments

  • Sergio dice:

    Yo he descuierto a Úrsula hace poco, de hecho ha sido cuando me he comprado el tomo de todas las obras escritas en Terramar y es algo que tengo pendiente para leer.
    Lo poco que he leído me ha dado una sensación de profundidad, de mucho tras lo poco contado que al final, asumo que es la profundidad que hay tras la superficie que tiene un texto.

    He parado de leerlo porque quiero hacerlo tranquilo y desde ese mamotreto, no en formato electrónico.

    En cuanto a las notas que dices, yo debería tomar más notas de lo que hago, porque son útiles y hasta necesarias. Creo que siempre te acuerdas del origen de una nota porque has sido tú el que la ha creado en tu cabeza. Puede que el desarrollo posterior que haya tenido no quede en el recuerdo pero la semilla si.

    Y no es malo dejar notas de cosas, alguien podrá leerlas, seguro.

    Saludos

    • oscariborra dice:

      ¡Hola, Sergio!
      Me alegro de verte por aquí.
      Te va a encantar Historias de Terramar. A mí me parece precioso y sí, con mucha profundidad, sin necesidad de ser denso ni largo. Tiene música, diría yo. Desde el principio he tenido la sensación de estar oyendo un cantar, un poema, cierta melodía en la narración. Seguro que lo disfrutas.

      Sobre las notas, yo tomo muchas notas. No tengo reparo alguno en subrayar y anotar en los márgenes. Para mí es obligado si lees ensayo, pero también en novela. Si en ese momento que estás leyendo necesitas escribir algo, apuntar algo (una idea, una reflexión, lo que sea) hay que hacerlo de inmediato. Luego cuando lo relees eso es más que una simple nota.

      Gracias por comentar, ¡estás estrenando los comentarios en este nuevo sitio! Le faltan un par de cosas pero ya está en marcha, que tenía ganas.
      ¡Un abrazo!

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