Uno de los mundos más habituales para las historias de fantasía que incluyen magia es un mundo medieval. Aunque no es la única ambientación que existe, la unión entre magia y fantasía medieval sigue siendo teniendo mucho éxito, y se me ocurren algunas razones para que así sea.

Una primera es que la fantasía medieval es tal vez de los mejores entornos ficticios para la magia. Esta idea gira en torno a otra idea: que la fantasía medieval posee el punto justo de tecnología para que la magia pueda explayarse. Esta idea es similar a lo que he leído en otros sobre narrativa fantástica. No hay nada nuevo bajo el sol. Ni bajo el sol medieval.

Y hay una segunda idea que, a diferencia de la anterior, voy a catalogar como totalmente mía: que la composición social, política y económica de los mundos medievales funcionan como el fondo perfecto, el mejor lienzo, para trazar una historia de magia.

Fantasía epicadieval o mediépica

¿Qué es un “ambiente medieval”?

Además de los elementos arquitectónicos y estéticos, tenemos también los económicos, políticos, sociales, espirituales y tecnológicos.

Hay reyes, reinas, aldeas, castillos, palacios… Tenemos determinados ropajes, capas, mallas y botas. Contamos con soldados, clérigos, campesinos y ladrones. Magos con túnicas y bastones. Caballeros con espadas. Damas con trajes “medievales” que no se parecen mucho a la auténtica ropa medieval, pero no vamos a dejar que la realidad nos fastidie una buena ambientación.

Hay carretas, molinos, bosques, grutas, senderos de tierra y puentes de piedra.

Y posadas. Porque da igual en qué época pasen las cosas: lo más importante pasa siempre en un bar. O se inicia en un bar. O tiene su “momento bar”. Jarras de cerveza, juglares, pan y queso.

Fuerzas oscuras y héroes que intentan derrotarlas. Batallas y largos periplos, personajes que rozan los estereotipos (cuando no lo son de lleno), arquetipos y todos los –tipos que quepan en medio.

Estos elementos son con frecuencia considerados clichés de la fantasía.

Oímos la palabra cliché y salimos corriendo como hechicero a caballo galopando por una colina (una colina medieval). Pero como dice Dominik Čičević: ¿algo es malo sólo porque lleve el sello de “cliché” estampado encima?

¿Verías raro encontrar historias de amor en novelas románticas? ¿Pensarías que un crimen está fuera de lugar en un thriller? ¿Cuestionas la fascinación con láseres y naves espaciales en la ciencia ficción? ¿Encuentras raro escenas de sexo en las novelas eróticas?

Todos estos clichés son específicos de ciertos géneros. Y no hay nada malo en utilizar elementos particulares comunes a algunos géneros. Uno de los elementos más comunes en el género de fantasía es el mundo medieval. Incluso aunque no sea una regla, conlleva cierto peso, un modo o ambientación que a los lectores de fantasía les gusta encontrarse mientras recorren esos mundos ficticios”. Dominik Čičević

La magia en la fantasía medieval y el copyright europeo

No todo lo medieval es medieval europeo. Pero sí es lo que encontramos con más frecuencia, a pesar de que cada vez más novelas de fantasía y magia se desarrollan en otros entornos, incluidos otros ambientes medievales no europeos. Por ejemplo, en esta entrada del blog Lo extraño y lo maravilloso (un blog que te recomiendo mucho) vemos que algunos títulos de fantasía nominados a los premios Kelvin 2020 no transcurren en mundos medievales europeos.

Aún así, ¿por qué esa hegemonía del medievo europeo? Dominik Čičević lo tiene claro:

En general, los lectores occidentales estamos más familiarizados con el escenario europeo. Dominik Čičević

No es el único entorno medieval posible, ya sea real o inventado. Pero al ser, por lo general, el más conocido para nosotros nos resulta más fácil de asimilar. Y además creo que ayuda a que todo ese escenario pase con más fluidez a convertirse en fondo frente a figura (personajes, historia, conflicto, magia), sin que nos exija un esfuerzo para entenderlo.

¿El «mejor momento» para la magia?

¿Son tal vez los mundos de ambientación medieval los que muestran el “mejor momento” para que la magia pueda expresar, desarrollarse y utilizarse con total plenitud? ¿Es quizás la magia en la fantasía medieval el mejor modo que tenemos hasta ahora de contar historias de magia? ¿O es que no hemos explorado aún otros lo suficiente, o no estamos acostumbrados?

Ese “mejor momento” puede estar favorecido por el hecho de que el escenario medieval sea más susceptible de jugar de forma sencilla con aspectos simbólicos y arquetípicos: madre, padre, luz, oscuridad, anima, animus, sombra, héroe, etc. Un momento perfecto para que la magia forme parte del mundo y a la vez pueda usarse como elemento perturbador, amenazante, poderoso, oscuro, etc.

Todo lo medieval está ahí, y basta con leer unos párrafos o un par de páginas para que nuestra mente tenga ya preparado un lienzo “en blanco” sobre el que dibujar la historia. Solo que este lienzo no está en blanco: es “lo medieval” y lo conocemos. Y precisamente por conocerlo y estar habituados, se hace invisible.

2 Comments

  • Paris dice:

    ¿Y por qué no se frecuentan mundos anteriores al medieval? Trasuntos del Imperio Romano, la Hélade o el Egipto faraónico. En ellos el requisito que estableces acerca del nivel tecnológico es igual de factible. Y, culturalmente, en ellos también “existía” la magia. Por no hablar de que las innúmeras historias de la larguísima tradición literaria de la mitología clásica están anegadas de ella, desde las pequeñas y sólo singladas por eruditos, hasta las fundacionales conocidas del gran público (Perseo, Hércules, Teseo, Ulises,…).
    Pienso que la preeminencia del medievo se debe a que la sombra del genial Tolkien sigue siendo muy alargada. En creadores clásicos del género inmediatamente anteriores no se registra tal hegemonía; ahí están La Serpiente Uróboros, Dunsany, Clark Ashton Smith,…; hasta Conan no es enteramente “medieval”.
    Un saludo.

    • Hola, Paris

      ¡Tu comentario es magnífico! En efecto, la sombra del Tolkien es alargada, muy alargada. Marcó unas «normas», con o sin intención, que siguen siendo el soporte para muchas historias. También creo que todo el universo D&D (Dragones y mazmorras) ha consolidado la unión de lo medieval con la magia y la fantasía.

      Yo he cometido un error con esta entrada. Es una entrada antigua, del blog anterior, que he recuperado y revisado. Era muy larga y una parte decidí dejarla aparte para otra entrada relacionada (prefiero entradas cortas). En esa parte eliminada de la entrada original me hacía una pregunta similar: ¿qué pasa con la magia antes del medievo? Por ejemplo, la cultura celta, tan rica y extensa y tan nuestra. Proponía una idea: que tal vez esas culturas y mundos previos al medievo son propicios para la magia, pero tal vez más sensibles para otro tipo de magia, una más intrincada con la propia sociedad y la cultura. Dicho de otra forma: una magia sin las «obligadas» reglas de Sanderson. Sociedades con ese nivel tecnológico también «adecuado» pero con un día a día impregnado de magia, cosa que en las novelas de ambientación medieval no sucede igual: aunque hay magia, suele ser «algo» que sólo poseen algunos, que es un añadido (un poder, un arma, etc.) y no está muchas veces hilado en lo cotidiano (esto es un generalidad, lo sé).

      Muchas gracias por tu comentario.
      Un saudo,
      Óscar

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