Anoche soñé que volvía a Umbría.

Deja que te hable de un lugar donde hay magia, magia de la buena, de esa que no se explica ni necesita reglas. Un lugar muy especial que espera tu llegada y la esperará siempre: Umbría.

Está por el norte de España. No sé exactamente cómo dar con él aunque ya haya estado allí dos veces. Supongo que podría trazar mi viaje: tren, autobús, coche incluso. Confío en que acabaría llegando. Estoy seguro de que Umbría me dejaría entrar, de que estaría allí esperándome.

Primer Viaje: Leonís, de César Mallorquí

La primera vez que estuve allí fue hace un par de años, creo. No estoy seguro si fueron dos o tres. Cuándo se va a Umbría es lo de menos.

Llegué de la mano de César Mallorquí y su novela Leonís. La leí en dos días, un fin de semana que fui a Murcia. Un tercio en el bus de ida, un tercio en Murcia y un tercio en la vuelta.

No voy a contarte de qué va Leonís porque creo que tampoco podría. No porque sea una historia insondable (aunque tal vez sí lo sea en cierto modo) sino porque contarte de qué va es privarte del viaje que te recomiendo hagas por ti mismo.

No sé tú, pero a mí me gusta perderme. Perderme por las calles. Perderme en las ciudades nuevas. Siempre he dicho que uno sólo está realmente perdido si tiene señales y mapas y no está donde se supone que debería estar. Si deberías estar en el punto A, pero el mapa te dice que estás en el punto M, entonces sí estás perdido.

Pero si no hay ni un cartel, ni una señal, nada que te indique ya no dónde estás sino donde deberías estar, entonces no estás perdido porque no tienes ninguna referencia con la que comparar.

Como una tela de araña perlada de rocío, como una lluvia de estrellas, como las luces del ocaso, como la luna llena reflejándose en las aguas de un lago, como el olor de la hierba recién segada, como la leña crepitando en el hogar, así es Leonís.

Leonís (contraportada)

El caso es que me perdí con gusto en Umbría. En concreto en el Valle de Lotar, donde transcurre la historia. Perdido a mi modo, como acabo de explicarte. Hay algo especial en irte a un lugar apartado, distinto. Y si en ese lugar hay magia entonces ese perderte se transmuta en algo mayor. Sitios en nuestro mundo pero con su propio mundo.

Leonís me dejo impactado. Disfruté la historia por completo. De esas novelas que cuando las acabas acaricias el libro porque no quieres irte de allí, como si pudieras estirar un poco más el momento.

Como si los momentos pudieran estirarse.

Si tan sólo hiciera mención de una cosa te estaría contando qué pasó en Umbría cuando fui con Leonís. Pero no lo haré. Allí siguen la magia, la historia y los mitos. Allí estarán siempre.

Segundo Viaje: El secreto del orfebre, de Elia Barceló

Y allí estaban anoche cuando volví a ir, esta vez con Elia Barceló y El secreto del orfebre. Son dos viajes distintos. Dos historias separadas que sólo tienen en común a Umbría.

Como todos los grandes viajes, este de anoche empezó de forma inesperada. No tenía planeado volver a esa tierra mágica. Pero pasó, así sin más. Abrí el ebook, puse mi dedo sobre el relato y comenzó el viaje.

Una pieza de orfebrería. Una joya literaria que nos lleva a sumergirnos en lo más recóndito de nosotros mismos. Porque también estamos hechos de la materia con la que se construyen los recuerdos.

El secreto del orfebre (contraportada)

No sabía que me llevaría a Umbría. ¡No tenía ni idea! En cuanto su nombre apareció me alegré: la felicidad de volver a un lugar deseado. La historia está tan bien contada que descubrir que volvía a esa tierra de magia fue un extra inesperado: allí estaba yo, leyendo y leyendo.

Hasta que llegué casi a la mitad. Y alguien de la historia dijo una frase. Y entonces me levanté del sillón y dejé de leer.

El corazón se me iba a salir. No me lo podía creer. No había pensado ni por un momento…

Paré para cenar y lo retomé después, ya sólo en el salón. Porque intuía lo que podía ocurrir. Lo que ocurrió. Que acabé la historia con lágrimas en los ojos. Más de una y de dos, y de veinte.

Viaje Infinito: Umbría

Esto no es una reseña ni de una obra ni de la otra. No podría hacer una reseña que hiciera justicia. Además, no escribo reseñas. Si lo hiciera, en esta ocasión sería algo así: lee ambas historias. Primero la que quieras: son independientes. Y hay veces que no importa mucho qué va antes y qué va después…

Ambas son una apuesta. Por una fantasía bella (esa es justo la palabra, bella). Pero cuidado, no son inocuas. Cuando acabas, todo tu cuerpo te pide volver. No sólo el cuerpo: el alma, la mente, el espíritu… todos quieren volver a iniciar la historia. No podrás comprender esto si no vas. O si no has ido ya.

Umbría está hecha de tiempo, amor y oportunidades. Tres ingredientes poderosos que hemos de manejar con cuidado, estando atentos. Quizás por ello estos viajes a Umbría me han conmovido tanto.

Sigo sin saber qué es contar una historia. Sí sé que estas dos historias son grandes historias. De esas que uno quisiera haber contado. Tal vez todos los escritores tenemos nuestra propia Umbría: un lugar lleno de lugares al que queremos volver una y otra vez, con cada historia que contamos. Tal vez no, y sea algo que sólo siento yo.

Quizás escribir es eso: un viaje infinito a un mismo sitio, llegando por sitios distintos, conociendo personas diferentes.

Anoche leí que volvía a Umbría. Y con el tiempo, volveré de nuevo.